La Santina

Los santuarios de Nuestra Señora son lugares de oración adónde acudimos los católicos para rezar más cerca de la Virgen, la Madre de Nuestro Señor Jesucristo. Por eso la Iglesia de Santa Maria de Montalegre ha peregrinado a lugares donde la Virgen se apareció y, en su caso vivió, como lo fue en los lugares santos de Tierra Santa, en Israel. Hay otros santuarios dónde la oración también puede alcanzarse en total recogimiento con la Virgen sin que antes se hubiera aparecido y dejara a aquellos escogidos unos mensajes y encargos que hasta la fecha habían sido únicos.

Así podemos citar un santuario que hemos visitado recientemente, y que está situado a pocos metros sobre el nivel del mar, pero rodeado de unas montañas altísimas y unos lagos bellísimos, como lo son los Picos de Europa, en Asturias. Nos referimos al santuario de la Virgen de Covadonga. Como pasa en otros lugares, la imagen de la Virgen está en una cueva, la Santa Cueva, llamada hace siglos Cova Dominica,  y que con los años pasó a llamarse como se la conoce hoy, Covadonga. Hasta llegar a la cueva se transita por un corredor dentro de la propia roca de la montaña, se circula en silencio. Unos van, otros regresan, con el corazón puesto en la Virgen y lleno de peticiones y agradecimientos. La talla es policromada y posterior al año 1777, año en el que sufrió un incendio, motivo por el que más tarde se realizó una nueva imagen la cual también ha sufrido otros incidentes, como un robo en 1939, y posterior hallazgo en Francia hasta su regreso a la santa cueva. Es una Virgen vestida y enjoyada, suele ir de rojo, pero en ocasiones especiales va de blanco o azul, y los que la quieren con afecto la llaman La Santina.

El entorno es de una belleza natural impresionante. El recinto alberga pocas edificaciones, la Colegiata, el museo, la iglesia, un hotel, y los servicios al peregrino. Hay que destacar la fuente de los siete caños de agua. Dice la tradición que si se es capaz de beber seguido de los siete caños, y eres soltero, al año ya vas de camino al altar. Pero lo más importante es que allí se va a rezar y realmente se reza. Es una advocación de la Virgen muy querida en toda Asturias, pero los peregrinos que vamos allí desde muy lejos también nos enamora y nos acoge en su manto.

http://www.santuariodecovadonga.com/nuestrasenora.html

Isabel Hernández Esteban

Santos contemporáneos

Juan Pablo II, Juan XXII y Mons. Álvaro del Portillo camino de los altares

Artículo de la Revista Temes d’Avui

En la mañana del 5 de julio de 2013 la sala de prensa del Vaticano ha facilitado el siguiente comunicado que por su interés reproducimos íntegramente

Ciudad del Vaticano, 5 julio 2013 (VIS).-El Santo Padre ha recibido esta mañana en audiencia al cardenal Angelo Amato, S.D.B., prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. En el transcurso de la misma, el Papa ha autorizado a la Congregación a promulgar los siguientes decretos concernientes a:

MILAGROS

-Un milagro atribuido a la intercesión del Beato Juan Pablo II, polaco, (en el siglo Karol Józef Wojtyla) Sumo Pontífice (1920-2005)
-Un milagro atribuido a la intercesión del Venerable Siervo de Dios Alvaro del Portillo y Diez de Sollano, español, obispo y prelado de la Prelatura Personal de la Santa Cruz y del Opus Dei, (1914-1994)
-Un milagro atribuido a la intercesión de la Venerable Sierva de Dios Esperanza de Jesús (en el siglo María Josefa Alhama Valera), española, Fundadora de las Congregaciones de las Siervas del Amor Misericordioso y de los Hijos del Amor Misericordioso (1893 -1983)

MARTIRIO

-Siervo de Dios José Guardiet y Pujol, español, sacerdote diocesano; nacido en 1879 asesinado por odio a la fe en España il 3 agosto 1936;
-Siervos de Dios Mauricio Íñiguez de Heredia, español y 23 compañeros de la Orden Hospitalaria di San Juan de Dios; asesinados por odio a la fe en España entre 1936 y 1937.
-Siervos de Dios Fortunato Velasco Tobar, español y 13 compañeros, de la Congregación de la Misión;asesinados por odio a la fe en España entre 1934 y 1936;
-Siervas de Dios Maria Asunción (en el siglo: Juliana González Trujillano) y 2 compañeras, españolas; religiosas profesas de la Congregación de las Hermanas Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor; asesinadas por odio a la fe en España nel 1936.

VIRTUDES HEROICAS

-Siervo de Dios Nicola D’Onofrio, italiano, clérigo profeso de la Orden de los Clérigos Regulares Ministros de los Enfermos (Camilianos ), (1943 -1964).
-Siervo de Dios Bernard Philippe, francés, (en el siglo Jean Fromental Cayroche), Hermano profeso del Instituto de las Escuelas Cristianas, Fundador de las Hermanas Guadalupanas de La Salle, (1895-1978).
-Sierva de Dios Maria Isabel da Santíssima Trinidade, portuguesa, (en el siglo: Maria Isabel Picão Caldeira viuda de Carneiro), Fundadora de la Congregación de las Hermanas Concepcionistas (1889 -1962).
-Sierva de Dios Maria del Carmen Rendiles Martínez, venezolana, Fundadora de las Siervas de Jesús de Venezuela; (1903-1977)
-Siervo de Dios Giuseppe Lazzati, italiano, laico consagrado; (1909-1986).

El Sumo Pontífice ha aprobado igualmente los votos favorables de la sesión ordinaria de los padres cardenales y obispos acerca de la canonización del beato Juan XXIII (Angelo Giuseppe Roncalli) y ha decidido convocar un consistorio que se ocupará también de la canonización del beato Juan Pablo II (Karol Józef Wojtyla).

En el Corazón Inmaculado de la Virgen de Fátima

Al santuario de la Virgen de Fátima, en Portugal, lo llaman “El oasis de oración” y es cierto porque es un lugar de oración para todos los peregrinos que allí se reúnen. Por eso los tres días de peregrinación que hicimos en aquellas tierras portuguesas cumplieron su objetivo: ¡rezamos muy bien! Estábamos tan cerca de la Virgen que, con un poco de voluntad personal, la oración fluía, no solamente aquella oración hecha en comunidad, junto a miles de personas rezando rosarios y misas, sino también aquella oración personal en la que uno tiene un diálogo muy personal con Dios. Seguimos el programa que había previsto la organización, pero con plena libertad de participar o no activamente con el grupo, lo que hizo posible que la apertura del corazón dirigido a la Virgen fuera al ritmo de cada uno y se hiciera libremente. Cabe decir que esto no impidió un ambiente fraterno y con buen humor por parte de todos.

Iniciamos muy temprano la salida de Barcelona en avión hacia Lisboa. Ganamos una hora al reloj dado el cambio horario en Portugal. Allí nos esperaban Mireya y Cecilia que habían comenzado su peregrinaje el día anterior. Nos acompañó Tiago, un guía que nos explicó con mucho interés todo lo que veíamos a nuestro alrededor. Antes de llegar a Fátima hicimos una parada en la histórica localidad de Bathala (Batalla), con una iglesia y un monasterio dignos de ser visitados. Ya en Fátima, el guía se despidió del grupo. Como en nuestro país vecino se almuerza temprano, a la una de la tarde ya estábamos sentados en la mesa del comedor de la Residencia del Amor de Dios, muy cerca de la Basílica del santuario. Después de un breve descanso, con el mini bus, conducido por el amable autocarista Samuel, nos dirigimos a la Vía sacra. Es un paseo muy bonito, se encuentran todas las estaciones de un vía crucis magnífico, sin embargo, como estábamos en el mes de la Virgen, rezamos, caminando, el rosario. En aquel lugar se había aparecido el Ángel de la Paz a los pastorcitos Jacinta, Lucía y Francisco. De allí seguimos el camino hacia Ajustrel para visitar la casa de los pastorcitos y el pozo del Ángel donde también se les apareció anunciándoles que pronto verían a la Virgen. Ya en la residencia, el sacerdote que nos acompañó, el rector de la Iglesia de Santa María de Montalegre, celebró la misa en el oratorio. En su homilía nos habló de la humildad y la sencillez de aquellos tres niños que vivieron las apariciones del Ángel y de la Virgen y cómo vivieron en profundidad las peticiones de oraciones y sacrificios que la Virgen les había pedido. Después de cenar, todos teníamos, a pesar del cansancio de la jornada, mucha ilusión de ir al santuario para participar en el rosario de las velas de aquella noche del viernes 24 de mayo de 2013, en la Capellina de la Virgen.

Al día siguiente también tuvimos una jornada muy activa, pero sin movernos del santuario. A media mañana, Mn. Francisco Perarnau, dijo misa en la capilla de la Resurrección, una de las capillas subterráneas del santuario; tanto ese día como en el anterior, Maria Teresa leyó las lecturas y Joan ayudó a misa. El sacerdote en su homilía destacó que la presencia de la Virgen es patente desde el pie de la Cruz y en tantas ocasiones como se han producido circunstancias difíciles para la Iglesia. Así fue cuando se apareció a Santiago en El Pilar, a san Juan Diego en Guadalupe, a santa Bernadette en Lourdes, y luego en Fátima. Siempre se aparecía para resolver problemas que hemos visto cómo se han ido resolviendo, dijo.

A continuación, visitamos la exposición del Corazón y la iglesia de la Santísima Trinidad donde pueden sentarse cerca de 9000 fieles y pueden concelebrar la misa unos 100 sacerdotes; nos hicimos fotos ante la Cruz, la imagen del Beato Juan Pablo II y la Basílica. Seguimos la visita hasta el espacio dedicado a un bloque del Muro de Berlín, y algunos peregrinos ya iniciaron las compras de rosarios y libros sobre los mensajes de Fátima para obsequiar a familiares y amigos. Después de un animado almuerzo con cantos y bailes populares de otros peregrinos que estaban en la residencia, y pasado un breve descanso, fuimos al Museo y Exposición del santuario. El cortometraje y la visita nos situaron de lleno en toda la generosidad del pueblo portugués hacia la Virgen. La corona de la Virgen, en la que se había encastado la bala que atravesó al beato Juan Pablo II en el atentado del que fue objeto, nos permitió revivir el milagro de la Virgen de haber salvado al santo padre. Teníamos que ver la Basílica y rezar, claro! Así que todos los peregrinos nos reencontramos a la hora de cenar. Sin duda debíamos coger fuerzas para ir al rosario de aquella noche del sábado 25 de mayo. Nos esperarían unas emociones profundas porque no es habitual participar en una oración en la que se reúnen miles de personas, muchísimas más que la noche anterior. En aquella noche, uno de los peregrino, Ignacio, fue uno de los porteadores voluntarios de la imagen de la Virgen de Fátima.

En el domingo se celebró la solemnidad de la Santísima Trinidad. El grupo de la Iglesia de Santa María Montalegre estaba inscrito en el rosario de las 10 de la mañana en la Capellina de la Virgen, y allí, en primera fila, casi tocando la imagen de la Virgen, estaba Mn. Francesc acompañado por Jose Mari y Joan. Una vez terminado el rosario, se inició la procesión de la imagen de la Virgen, los sacerdotes y los estandartes de algunas peregrinaciones, hasta llegar al altar que está delante de la Basílica, presidiendo toda la explanada, muy llena con ¡miles y miles de fieles más! La misa fue cantada en gregoriano y la presidió el obispo de la región de Leiria, a la que pertenece la población de Fátima, Dr. Antonio Mato, el cual se refirió a la Santísima Trinidad como el misterio de amor y de comunión con Dios, un misterio que invita a la familia a vivir las alegrías y los sufrimientos de la vida cotidiana, por eso ahora, más que nunca ¡No Tengáis Miedo! … Para ser fuertes y firmes en la fe fijaros en el corazón inmaculado de la Virgen de Fátima. Acabada la misa internacional, la procesión retomó su camino hasta la Capellina, y, entonando cánticos a la Virgen, los allí congregados la despedimos, como es tradicional, con un pañuelo blanco.

A continuación regresamos a la residencia con el tiempo justo para almorzar, recoger las maletas y despedirnos de las hermanas de la congregación del Amor de Dios que nos habían atendido muy bien, como en otras ocasiones que habíamos estado. Nuestros corazones estaban exultantes de tantas emociones. De camino al aeropuerto nos desviamos hacia la costa, cerca de Peniche. Hicimos parada en Obidos, un pueblo amurallado y situado en lo alto de una cima, con calles de piedra y paisajes pintorescos. Pero teníamos que dejar esos paseos, era hora de volver a casa, como así fue cuando ya tocaba la medianoche del día 26 de mayo. Y como suele pasar al final de cada peregrinación, y tal como ocurrió en la primera peregrinación que hicimos a Fátima, decidimos volver a Tierra Santa, cosa que haremos el próximo año 2014.

Isabel Hernández Esteban

No os dejaré huérfanos

El pasado 1 de marzo en el diario ABC se publicó la seguiente carta de Javier Echevaría Prelado del Opus Dei:

“No os dejaré huérfanos” (Jn 14,18), dijo Cristo a los apóstoles: les prometió que les enviaría el Espíritu Santo, que a su vez les haría más plenamente hijos de Dios Padre. No os dejaré huérfanos: son estas las palabras que me vienen al alma mientras se acaba un pontificado.Benedicto XVI no nos deja huérfanos, porque sigue vivo su magisterio, porque nos acompañará con su oración y con su afecto paterno, porque cada día se hace más fuerte su figura de buen pastor y, finalmente, porque el Espíritu Santo seguirá guiando a su Iglesia con un nuevo romano pontífice.

El rico magisterio de Benedicto XVI manifiesta su extraordinaria capacidad de conjugar verdades profundas con palabras sencillas. Ha aprovechado el aparente “eclipse de Dios” para invitarnos a redescubrir el sentido de Dios, Creador y Redentor, que actúa siempre en nuestro mundo.

Nos ha recordado con fuerza la esencia amorosa de Dios y, por consiguiente, la razón de ser del hombre y su camino, que, en este Año de la fe, encuentra una referencia segura en el Catecismo de la Iglesia católica y en su compendio, frutos del Concilio Vaticano II en los que el cardenal Ratzinger jugó un papel fundamental. El catecismo de la Iglesia católica nos invita a contemplar y vivir la Iglesia como comunión de los santos, donde ningún bautizado se siente extranjero y donde se aprende a ejercitar la caridad en la verdad.

En su homilía de inauguración del ministerio petrino, Benedicto XVI nos invitó a caminar hacia la amistad íntima con el Hijo de Dios, de la que todo depende. Dios habla y responde a nuestras cuestiones: no se desinteresa de nosotros. Recuerdo cómo, con ocasión de la canonización de san Josemaría, el entonces cardenal Ratzinger glosaba la expresión “Opus Dei”, Obra de Dios: el sentido profundo de esas palabras consistía en dejar actuar a Dios, porque la vida del cristiano se traduce principalmente en ese querer que la gracia y la caridad de Cristo operen en su propia existencia.

Así, cobra también relieve su reflexión sobre el espíritu de la liturgia que, al expresar la conexión íntima de la palabra con el pan eucarístico, añade la dimensión esencial de adoración, y resuelve por elevación tantos debates. La participación del cristiano en la Eucaristía es, antes que nada, interior, pues en la liturgia Dios toma la iniciativa: lo que vivimos en la misa es performativo, siempre nuevo, porque allí Cristo nos transforma.

Al final de un día de trabajo agotador, un cercano colaborador invitó a Juan Pablo II a no excederse. “Después de un papa, viene otro”, fue su respuesta. Por eso, también ahora estamos serenos y, llenos de esperanza, en las manos de Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra: la sede de Pedro será siempre principio y fundamento de la unidad de la Iglesia, y firme punto de referencia para el mundo. El papa ha tomado una decisión libre, deliberada en la oración, para el bien de la Iglesia; por eso, hemos recibido esta pena con actitud cariñosamente filial y respetuosa. El mismo Benedicto XVI nos ha asegurado que continuará ayudándonos con su oración: una plegaria en la que todos los hijos e hijas de la Iglesia podremos descansar confiadamente, como en los años de su pontificado.

Doy gracias a Dios por las diversas oportunidades en las que Benedicto XVI me recibió, como prelado del Opus Dei. Me conmueve ahora pensar en su sencillez y disponibilidad, en su acogida bondadosa, en su capacidad de escucha, en su interés por las noticias sobre la expansión apostólica de la prelatura. He palpado su atención, como auténtico profesor universitario que era, cuando se le hablaba de alguna iniciativa de carácter más intelectual o del trabajo al servicio de los enfermos terminales o de otras personas que se encuentran en dificultad.

Como puede observarse en los reportajes televisivos de sus audiencias, el papa no dudaba en tomar paternalmente, entre sus manos, la de su interlocutor, transmitiendo ánimo con cariño y aliento, con gestos atentos y pacientes: sí, es un verdadero padre, que vibra con la labor de evangelización que tantos cristianos realizan en todas las latitudes.

Hay otras palabras de Cristo que vienen espontáneamente a mi memoria: “Ahora os entristecéis”, dice Jesús al confortar a los que va a dejar, pero les profetiza: “Se os alegrará el corazón, y nadie os quitará vuestra alegría” (Jn. 16, 22). Secundando la invitación de Benedicto XVI en su ángelus del 17 de febrero, rezamos ya por el próximo papa. ¿Sentirnos huérfanos? ¡No! El Espíritu Santo actúa en este tiempo de la Iglesia. Otro Pedro vendrá, con sus redes en la espalda, nuevo obispo de Roma y nuevo padre para la familia de los hijos de Dios.

Y al papa Benedicto XVI, que ahora pasa el timón de la barca del pescador de Galilea a su sucesor, le decimos de todo corazón: ¡Gracias, santo padre, perdón por nuestras faltas de correspondencia a sus silbidos de buen pastor, y le rogamos que no cese de ayudar a todo el pueblo de Dios con la fecundidad de su pensamiento y de su oración!

En el Octavario de la Unidad de los Cristianos

Carta del Cardenal Arzobispo de Barcelona, 13 de enero de 2013

Inmigración y ecumenismo

El próximo día 18 de enero comienza la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que se prolonga cada año hasta el 25 de enero, fiesta de la Conversión de san Pablo, que este año tiene como lema “¿Qué espera el Señor de nosotros?”, una pregunta que se encuentra en los escritos del profeta Miqueas (cf. Mi 6,6-8). Por otra parte, el próximo domingo, 20 de enero, se celebra la Jornada Mundial de las Migraciones, una iniciativa de la Santa Sede. Esto nos invita a hablar del fenómeno de las migraciones y de los retos ecuménicos que esta realidad plantea.
El Papa relaciona estos dos fenómenos –las migraciones y el ecumenismo- en el mensaje con motivo de la jornada que nos ocupa, que este año tiene como lema “Migraciones: peregrinación de fe y esperanza”. Apunta el Santo Padre que la fe y la esperanza forman “un binomio inseparable en el corazón de muchísimos emigrantes”, habida cuenta de que “hay en ellos el anhelo de una vida mejor, a la cual se une muchas veces el deseo de querer dejar detrás de sí la desesperación de un futuro imposible de construir”.
Por otra parte, Benedicto XVI destaca que “la Iglesia no deja de poner de manifiesto los aspectos positivos, las buenas posibilidades y los recursos que comportan las migraciones” y realiza acciones de acogida que favorecen “una inserción integral” de los emigrantes, solicitantes de asilo y refugiados en el nuevo contexto sociocultural en el que viven, sin olvidar la dimensión religiosa.
En esta línea, recuerda el Papa que la Iglesia “está llamada a prestar una atención especial y a cuidar de este aspecto”, y destaca que, en el caso de los inmigrantes cristianos, “la atención a la dimensión religiosa incluye también el diálogo ecuménico y la atención a las nuevas comunidades”. Tratándose de los católicos, comporta “la creación de nuevas estructuras pastorales y la valoración de los diversos ritos”.
Nuestra archidiócesis de Barcelona ha facilitado iglesias y equipamientos a las Iglesias católicas orientales y ortodoxas que tienen fieles en la archidiócesis para que puedan celebrar la fe y atender pastoralmente a sus miembros.
Inmigración y ecumenismo son dos realidades profundamente relacionadas. El fenómeno de la inmigración nos hace próximos a los seguidores de las grandes tradiciones religiosas, hasta ahora muy poco presentes entre nosotros. También nos acerca a los cristianos de otras confesiones o denominaciones, y especialmente a los católicos de ritos orientales.
Ante esta realidad, es oportuno recordar que el Concilio Vaticano II significó un gran esfuerzo ecuménico por parte de la Iglesia católica. Dos grandes figuras de 50 años atrás nos pueden servir como inspiradoras ante los nuevos retos del ecumenismo: Juan XXIII y el patriarca ecuménico de Constantinopla Atenágoras I.
De Juan XXIII, tanto en el diálogo ecuménico con los cristianos como en el diálogo con los fieles de otras religiones, siempre hemos de recordar aquel pensamiento tan suyo que nos invita a “potenciar más aquello que nos une que no aquello que nos separa. Y el patriarca Atenágoras lo decía con una breve sentencia: “Iglesias hermanas, pueblos hermanos”. El camino hacia la unidad de los cristianos ha de ser una fuerza unitiva y pacificadora en este mundo demasiado dividido y herido. Bien podemos decir que realmente esto es “lo que espera el Señor de nosotros”.
† Lluís Martínez Sistach
Cardenal arzobispo de Barcelona

La libertad religiosa

Por Domènec Melé

Publicado el 14 de diciembre de 2012 en la revista “TEMES D’AVUI”

El día 11 de octubre de 2012, coincidiendo con la solemne inauguración del Año de la Fe, el Papa Benedicto XVI publicaba algunos recuerdos suyos en el L’Osservatore Romano. Entre otros, destacaba la importancia de un documento conciliar, El Decreto Digniatis humanae sobre la libertad religiosa. Aunque considerado como “documento menor”, supuso una gran aportación para clarificar la posición de la Iglesia respecto al reconocimiento de la profesión y práctica religiosa. Este documento superaba la anterior doctrina de la tolerancia de las religiones no verdaderas, sin dejar por ello de defender la verdad.
Profundizando en la fe y en su tradición más antigua, el Concilio armonizó las enseñanzas de la Iglesia con el pensamiento filosófico y muchos ordenamientos jurídicos modernos que defienden la libertad de culto. Benedicto XVI recordó que los primeros cristianos rezaban por el emperador, pero no lo veneraban. Y, desde este punto de vista –añadía- se puede afirmar que “el cristianismo trajo al mundo con su nacimiento el principio de la libertad de religión”. Así, pues, desde la tradición cristiana se pudo reivindicar “la libertad a la convicción religiosa y a practicarla en el culto, sin que se violara con ello el derecho del Estado en su propio ordenamiento”.
El Concilio proclamó la libertad religiosa en base a la dignidad humana y los derechos innatos de la persona. “Esta libertad –explica el Concilio– consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos”. (Digniatis humanae, 2) Esta doctrina de la libertad religiosa, aunque encontró reticencias en Mons. Lefebre y sus seguidores, ha sido entendida y aplicada con éxito en estos casi cincuenta años desde la promulgación del citado documento, en 1965.
Paradójicamente, en estos años, como ocurrió en tiempos pasados, muchos cristianos han sido víctimas de la intolerancia religiosa y de la falta de libertad para profesar y practicar su religión. Unas veces abiertamente, con iglesias incendiadas y cristianos asesinados, como ha ocurrido en los últimos meses en Egipto, Pakistán, Nigeria, Siria e India, entre otros países. En otros lugares está prohibido el ejercicio público de la religión o se discrimina a los cristianos de diversos modos. Por último, se ataca a la libertad religiosa ofendiendo a los cristianos mediante ataques verbales o psicológicos, insultos, ironías y burlas. Eso se encuentra incluso en países donde la libertad religiosa está reconocida en sus ordenamientos jurídicos.
Estas consideraciones nos han llevado a elegir la libertad religiosa como tema de portada de este número de Temes d´avui. Incluye un trabajo del profesor Arturo Bellocq en el que se profundiza en el derecho a la libertad religiosa. Otras contribuciones revisan la situación de la libertad religiosa en el mundo (Isidoro Ramos) en la India (Luis Pons), en el mundo musulmán (Xavier Vilella y Joan García-Llobet), en Europa (Remedios Falaguera) y en España (Francisca Pérez-Madrid). Presentamos también una entrevista en exclusiva con el sociólogo italiano Massimo Introvigne, coordinador del Observatorio para la Libertad Religiosa de Roma, establecido recientemente recogiendo la idea de Benedicto XVI de que Roma tenía un papel especial que desempeñar en la defensa de la libertad religiosa, en particular en la denuncia de la persecución de los cristianos perpetrados en el mundo. En el caso de moral se alude también a la libertad religiosa en un aspecto de la ley de salud propulsada por el presidente Obama.
Siguiendo la tarea de comentar documentos y desarrollos del Concilio Vaticano II, se presenta un trabajo sobre la misión de los laicos a cargo del profesor Arturo Cattaneo. Como tema de actualidad la Profesora María Elósegui comenta la reforma de la asignatura de Educación para la ciudadanía.
Montserrat Gas  nos ofrece un estudio en el que se pregunta, qué significa casarse. Por su parte, Josep Vall explora la nueva guía ética para políticos en el contexto de iniciativas llevadas a cabo por “minorías creativas”. El número concluye con la habitual sección de reseñas y notas de libros recientes.

Domènec Melé
Director de Temes d’Avui

SANTUARIOS, IGLESIAS Y ERMITAS DEDICADOS A SANTA MARIA

Aprovechamos el trabajo realizado por un docente del colegio Viaró de Sant Cugat del Vallés para facilitar una interesante documentación sobre Nuestra Señora la Virgen María.

Se puede acceder a la pagina personal en el enlace: Santa María

Nos parece de interes para organizar romerias ya que indica la localización de cada santuario.

Se agradecen correcciones y aportaciones para mejorar el trabajo en vias de elaboración.

Papel de la mujer en la edificación de la Iglesia

Por Temes d’avui

 

A raíz de una entrevista concedida por el Arzobispo de Tarragona Mons. Jaume Pujol a un canal de Televisión, muchos medios de comunicación se han hecho eco de sus palabras, muchas veces de una forma parcial y confusa. En realidad dijo lo que la Iglesia lleva veinte siglos recordando, pero es posible que a alguien le interesara la polémica. Han pasado veinte días y quizá es el momento de recordar, de una forma serena y pausada, la visión que los pastores tienen sobre el papel de la mujer en la edificación de la Iglesia. La Iglesia, que siempre ha defendido los derechos de la mujer se ha encontrado, en su posible acceso al sacerdocio,  una cuestión nada fácil de explicar a una sociedad muy sensible en la protección de estos derechos. Dejemos que Juan Pablo II, Beatificado el 1 de mayo de 2011, uno de los grandes pensadores del siglo XX, nos aporte un poco de luz. Lo hacemos transcribiendo unas palabras de suyas del año 1995.
“Ahora quisiera tratar el tema, aún más amplio, del papel que la mujer está llamada a desempeñar en la edificación de la Iglesia. El Concilio Vaticano II ha recogido plenamente la lógica del Evangelio, en los capítulos II y III de la Constitución dogmática Lumen gentium, presentando a la Iglesia en primer lugar como Pueblo de Dios y después como estructura jerárquica. La Iglesia es sobre todo Pueblo de Dios, ya que quienes la forman, hombres y mujeres, participan —cada uno a su manera— de la misión profética, sacerdotal y real de Cristo. Mientras invito a releer estos textos conciliares, me limitaré aquí a algunas breves reflexiones partiendo del Evangelio.
En el momento de la ascensión a los cielos, Cristo manda a los Apóstoles: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación» (Mc 16, 15). Predicar el Evangelio es realizar la misión profética, que en la Iglesia tiene diversas modalidades según el carisma dado a cada uno (cf. Ef 4, 11-13). En aquella circunstancia, tratándose de los Apóstoles y de su peculiar misión, este mandato es confiado a unos hombres; pero, si leemos atentamente los relatos evangélicos y especialmente el de Juan, llama la atención el hecho de que la misión profética, considerada en toda su amplitud, es concedida a hombres y mujeres. Baste recordar, por ejemplo, la Samaritana y su diálogo con Cristo junto al pozo de Jacob en Sicar (cf. Jn 4, 1-42): es a ella, samaritana y además pecadora, a quien Jesús revela la profundidad del verdadero culto a Dios, al cual no interesa el lugar sino la actitud de adoración «en espíritu y verdad».
Y ¿qué decir de las hermanas de Lázaro, María y Marta? Los Sinópticos, a propósito de la «contemplativa» María, destacan la primacía que Jesús da a la contemplación sobre la acción (cf. Lc 10, 42). Más importante aún es lo que escribe San Juan en el contexto de la resurrección de Lázaro, su hermano. En este caso es a Marta, la más «activa» de las dos, a quien Jesús revela los misterios profundos de su misión: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás» (Jn 11, 25-26). En estas palabras dirigidas a una mujer está contenido el misterio pascual.
Pero sigamos con el relato evangélico y entremos en la narración de la Pasión. ¿No es quizás un dato incontestable que fueron precisamente las mujeres quienes estuvieron más cercanas a Jesús en el camino de la cruz y en la hora de la muerte? Un hombre, Simón de Cirene, es obligado a llevar la cruz (cf. Mt 27, 32); en cambio, numerosas mujeres de Jerusalén le demuestran espontáneamente compasión a lo largo del «vía crucis» (cf. Lc 23, 27). La figura de la Verónica, aunque no sea bíblica, expresa bien los sentimientos de la mujer en la vía dolorosa.
Al pie de la cruz está únicamente un Apóstol, Juan de Zebedeo, y sin embargo hay varias mujeres (cf. Mt 27, 55-56): la Madre de Cristo, que según la tradición lo había acompañado en el camino hacia el Calvario; Salomé, la madre de los hijos del Zebedeo, Juan y Santiago; María, madre de Santiago el Menor y de José; y María Magdalena. Todas ellas son testigos valientes de la agonía de Jesús; todas están presentes en el momento de la unción y de la deposición de su cuerpo en el sepulcro. Después de la sepultura, al llegar el final del día anterior al sábado, se marchan pero con el propósito de volver apenas les sea permitido. Y serán las primeras en llegar temprano al sepulcro, el día después de la fiesta. Serán los primeros testigos de la tumba vacía y las que informarán de todo a los Apóstoles (cf. Jn 20, 1-2). María Magdalena, que permaneció llorando junto al sepulcro, es la primera en encontrar al Resucitado, el cual la envía a los Apóstoles como primera anunciadora de su resurrección (cf. Jn 20, 11-18). Con razón, pues, la tradición oriental pone a la Magdalena casi a la par de los Apóstoles, ya que fue la primera en anunciar la verdad de la resurrección, seguida después por los Apóstoles y los demás discípulos de Cristo.
De este modo las mujeres, junto con los hombres, participan también en la misión profética de Cristo. Y lo mismo puede decirse sobre su participación en la misión sacerdotal y real. El sacerdocio universal de los fieles y la dignidad real se conceden a los hombres y a las mujeres. A este respecto ilustra mucho una atenta lectura de unos fragmentos de la Primera Carta de San Pedro (2, 9-10) y de la Constitución conciliar Lumen gentium (nn. 10-12; 34-36).
En ésta última, al capítulo sobre el Pueblo de Dios sigue el de la estructura jerárquica de la Iglesia. En él se habla del sacerdocio ministerial, al que por voluntad de Cristo se admite únicamente a los hombres. Hoy, en algunos ambientes, el hecho de que la mujer no pueda ser ordenada sacerdote se interpreta como una forma de discriminación. Pero, ¿es realmente así?
Ciertamente la cuestión podría plantearse en estos términos, si el sacerdocio jerárquico conllevara una situación social de privilegio, caracterizada por el ejercicio del «poder». Pero no es así: el sacerdocio ministerial, en el plan de Cristo, no es expresión de dominio sino de servicio. Quien lo interpretase como «dominio», se alejaría realmente de la intención de Cristo, que en el Cenáculo inició la Última Cena lavando los pies a los Apóstoles. De este modo puso fuertemente de relieve el carácter «ministerial» del sacerdocio instituido aquella misma tarde. «Tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mc 10, 45).
Sí, el sacerdocio que hoy recordamos con tanta veneración como nuestra herencia especial, queridos hermanos, es un sacerdocio ministerial. Servimos al Pueblo de Dios. Servimos su misión. Nuestro sacerdocio debe garantizar la participación de todos —hombres y mujeres— en la triple misión profética, sacerdotal y real de Cristo. Y no sólo el sacramento del Orden es ministerial: ministerial es, ante todo, la misma Eucaristía. Al afirmar: «Esto es mi cuerpo que es entregado por vosotros (…) Ésta es la copa de la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros» (Lc 22, 19-20), Cristo manifiesta su servicio más sublime: el servicio de la redención, en la cual el Unigénito y Eterno Hijo de Dios se convierte en Siervo del hombre en su sentido más pleno y profundo.
Al lado de Cristo-Siervo no podemos olvidar a Aquella que es «la Sierva», María. San Lucas nos relata que, en el momento decisivo de la Anunciación, la Virgen pronunció su «fiat» diciendo: «He aquí la esclava del Señor» (Lc 1, 38). La relación del sacerdote con la mujer como madre y hermana se enriquece, gracias a la tradición mariana, con otro aspecto: el del servicio e imitación de María sierva. Si el sacerdocio es ministerial por naturaleza, es preciso vivirlo en unión con la Madre, que es la sierva del Señor. Entonces, nuestro sacerdocio será custodiado en sus manos, más aún, en su corazón, y podremos abrirlo a todos. Será así fecundo y salvífico, en todos sus aspectos”.

Vaticano, 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor, del año 1995.

Joannes Paulus PP. II

Católicos en España: radiografía del último barómetro del CIS

Por Isidor Ramos

Periódicamente el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publica sus barómetros en los que refleja estadísticamente la opinión de los españoles en diversos temas. A finales de enero de 2012 se dio a conocer el último barómetro en el que, entre otras cuestiones, se pregunta a los encuestados cómo se definen en materia religiosa. Un 72% de los españoles mayores de 18 años se definen como católicos. ¿Qué ha pasado en los últimos 10 años?

Hemos revisado los datos de otro barómetro de hace 10 años (diciembre de 2002) y comparándolos con los actuales podemos hacer algunas consideraciones:

· La población española según los respectivos censos ha aumentado en estos 10 años en un total de 6,343 mll de habitantes. Ha pasado de 40.847.000 a 47.190.000 según el último padrón municipal (2011). Un 15,5% más.

· La encuesta del CIS excluye a los menores de 18 años. Este segmento de población sólo ha aumentado en 955.000 personas, pasando de 7,844 mll. a 8,799 mll. Un 12,2% más.

· Los que se definen como católicos han pasado de un 80,3% en 2002 a un 72% en 2012; entre las otras opciones destaca el incremento en un 3,9% de no creyentes (pasan de un 10,6% a un 14,5% en 2012) y el incremento de un 3,6% de los que se declaran ateos (pasando de un 5,2% en 2002 a un 8,8% en la actualidad). Este grupo de personas que se declaran en materia religiosa como creyentes en otras religiones, no creyentes o ateos ha pasado de un 19,7% de la población española mayor de 18 años en 2002 a un 28% en 2012.

 

· Entre los que se declaran católicos, el barómetro del CIS distingue según la frecuencia con que van a misa u otros oficios religiosas, sin contar las ocasiones relacionadas con ceremonias de tipo social (bodas, comuniones o funerales)

— Los que no van casi nunca: crecen en un 7,5%; pasan de un 48,6% a un 56,1% en la actualidad.

— Los que van varias veces al año bajan ligeramente: 1,7%; de un 17,4% a un 18,7%.

— Los que van alguna vez al mes bajan un 2%, pasan del 11,1% al 9,1%.

— Los que van todos los domingos y festivos bajan un 3,1%, pasan de un 18,1 a un 15%.

— Los que van varias veces a la semana suben un 0,3% pasando de un 2,4% a un 2,7%.

Los españoles que se reconocen como católicos pasan de un 80,3% a un 72% en la actualidad. Esto es cambio notable en una sociedad muy homogénea hasta hace diez años.

Pero no todo lo explica la estadística. Curiosamente el brutal incremento de población inmigrante durante estos últimos diez años prácticamente no altera el porcentaje, por ejemplo, de creyentes de otras religiones que sólo aumenta un escaso 0,9% cuando los extranjeros han pasado de 1,370 mll en el censo de 2001 a los 5,751 mll en el censo actual de 2011.

En 2012 tenemos una sociedad más diversa, pero no queda claro si es menos practicante. Quizá ese porcentaje creciente de católicos desmovilizados corresponde a inmigrantes… la estadística no resuelve todos los interrogantes.

 

Una base para la Nueva Evangelización

Estos datos ponen de manifiesto algunas cosas positivas:

· Casi tres cuartas partes de los mayores de edad se declaran católicos.

· Casi un 25% de ellos cumple irregularmente con la asistencia a la misa (alguna asistencia anual o mensual). Irregulares pero con una cierta conexión.

· Un 15%, es decir 3,316mll. de personas mayores de edad, acuden cada domingo a Misa y además 750.000 (un 2,7%) lo hacen varias veces por semana.

Las cifras del último barómetro pueden resultar decepcionantes para algunos, pero atendiendo a la llamada a una Nueva Evangelización de Benedicto XVI, tenemos una buena base. El reto está en formar a esos 4 millones de adultos que acuden regularmente. Y esos 4 millones ya están “dentro” y han de ser los primeros apóstoles, con su ejemplo y palabra, para remover a sus familiares, amigos y colegas de profesión. ¿Quién tiene una “mayor fuerza de ventas” que la Iglesia, a pesar de todos los pesares?

Luego están esos casi 7 millones de practicantes esporádicos. Algo habrá que hacer para afianzar su fe; son poco regulares pero algo conocen y buenos deseos tienen, sino no acudirían de vez en cuando a misa.

Por cierto, en estos datos estadísticos no están incluidos los jóvenes. Los menores de 18 años son 7,844 mll en 2012. ¿Cuántos se forman en centros de enseñanza católicos, frecuentan parroquias y movimientos católicos de todo tipo? Sin duda varios millones. De sus educadores, padres, sacerdotes, formadores y católicos coherentes de su entorno inmediato depende que maduren en su fe o que ésta languidezca y pasen a engrosar los apartados de los que casi nunca acuden a misa o de los que se declaran no creyentes.

Los números no lo son todo, pero pueden ayudar a comprender que cuidar, formar y dar razones para la fe puede ser la primera tarea de la nueva evangelización a la que llama constantemente el Papa actual. Cuidando y formando a los que ya están dentro de la Iglesia, haciendo conscientes a todos de su responsabilidad evangelizadora por bautizados, sin duda así se incrementará el número de los convidados a la mesa del Señor.

Juan Pablo II en su carta apostólica Novo millennio ineunte recordaba algunos aspectos esenciales para cualquier católico que aspira a la santidad y para cualquier plan pastoral comprometido con facilitarla. Esas prioridades pastorales maduradas con “la experiencia misma del Gran Jubileo” del año 2000 Juan Pablo II las resumió en: promover la santidad, la “vocación universal a la santidad” recordada por la Lumen Gentium y que el Papa llamó a redescubrir; la práctica de la oración; la Eucaristía dominical; hacer descubrir la misericordia de Dios proponiendo la práctica del sacramento de la Reconciliación; dar primacía a la gracia en toda acción apostólica y pastoral y no fiarlo todo a “nuestra capacidad de hacer y programar”; la lectura atenta de la Biblia; y la acción misionera de todos los cristianos, sin delegarla en “unos pocos especialistas”.

Isidor Ramos
periodista

¿Un papa posmoderno? El pensamiento de Benedicto XVI

Por Pablo Blanco Sarto

Se ha dicho que es este un pontificado «a tiempo parcial», por su interés por las ideas. Para Benedicto XVI sin embargo no hay nada más práctico que una buena teoría. Cuando le dijeron que una imagen vale más que mil palabras, respondió: «y una idea más que cien mil imágenes». Resumiremos en siete puntos las palabras-clave en torno a las que gira su ministerio como obispo de Roma: razón, corazón, (ad)oración, creación, Jesucristo, la Iglesia y la belleza. En estos conceptos se resumen un pensamiento que nos parece ofrecer una respuesta adecuada a los retos planteados por la posmodernidad. Es un «papa para la posmodernidad», y no solo «papa de la razón».

 

1. RAZÓN. Benedicto XVI es llamado “el papa de la razón”, por su decidida defensa en un mundo algo alérgico a ella. El papa-profesor ha hablado innumerables ocasiones sobre este tema central y decisivo en la sociedad actual. Ha propuesto una “nueva Ilustración” con una nueva razón. Era este el tema expuesto en Ratisbona (y no el islam, tal como algunos entendieron): la necesidad de una razón abierta, “ampliada” al mundo del arte, de la ética, de la religión e incluso de los sentimientos. Esta nueva razón será –como afirmó Walter Kasper– más posmoderna que premoderna.

La fe es también profundamente racional para el papa alemán, ha repetido en numerosas ocasiones. Por eso cabe el diálogo entre ciencia y fe, entre fe y razón. Ya un año antes de ser elegido papa, había acordado con Jürgen Habermas que razón y religión podían curarse recíprocamente de sus respectivas “patologías”. La razón impide –decíamos– que la religión caiga en el fanatismo y el fundamentalismo; la religión evita que una razón puramente técnica produzca atropellos. «Los sueños de la razón producen monstruos», dibujó Goya, como los modernos sueños de la razón moderna de Auschwitz, Hirosima o Chernobyl, subproductos residuales de una razón puramente técnica. Por eso el filósofo alemán llamó a Ratzinger «amigo de la razón».

2. CORAZÓN: el amor lógicamente es lo primero. La primera encíclica se tituló precisamente Dios es amor, y en ella nos explicó cómo que se usa y abusa de este sagrado término. El eros ha de ser purificado para convertirse en verdadero amor humano y cristiano. Es decir, en agape.Pero también al mismo tiempo –se añadía allí– la caridad ha de incluir el afecto, el cariño, el amor humano. “Dios es cariño”, tradujo un santo del siglo XX la famosa frase de san Juan que da título a la encíclica programática de Benedicto XVI. Eros agape presentan también así esta mutua complementariedad y circularidad. Recogiendo la crítica de Nietzsche al afirmar que el cristianismo quitaba la alegría de vivir y del amor, el papa alemán hablaba de esa complementariedad entre amor humano y amor divino.

Pero este eros ha de ser purificado, recordaba, a la vez que la caridad necesita también del afecto humano. Esta purificación supondría una auténtica “revolución del amor”, que evitaría caer en los extremos del hedonismo y del espiritualismo. Por otra parte viene a recordarnos que el amor es posible, porque Dios nos ama primero. Es esta también una afirmación revolucionaria en un mundo algo desengañado y desamorado después de tanto experimento. El amor es posible si Dios ama y nos ama, nosotros podemos amar con ese amor “prestado” por el mismo Dios. Tal revolución es posible precisamente porque Dios es amor. Nos ha creado y redimido por amor; nos da un amor que es el suyo. Podemos amar con el mismo corazón de Jesucristo, que dio su vida por todos. Por eso podemos amar. Existe por tanto una continuidad –termina diciendo– entre el amor, la caridad y la santidad, pues esta no sería otra cosa que el amor pleno, el amor total.

 

3. CREACIÓN. Muchos han hablado de las «raíces verdes» de la última encíclica social de Benedicto XVI. En la encíclica social Caritas in veritate ha conseguido conjugar no solo la crisis económica con la imprescindible ética de los negocios, sino también con la ética sexual y la defensa de la vida, la bioética y el respeto al medio ambiente. Juan Pablo II era aplaudido cuando hablaba de cuestiones sociales, y abucheado (no lo olvidemos) cuando hablaba de las morales. Benedicto XVI, con esta visión integradora, pretende presentar unidas todas las facetas de la existencia humana. Por eso es una encíclica global.

Sus alusiones a la ecología y al medio ambiente resultan continuas, y no meramente oportunistas. Tiene su misterio. Para el Ratzinger teólogo la creación constituía un dogma olvidado, del que apenas se hablaba. Deberíamos volver “al principio” (cf. Gn 1,1; Jn 1,1) para deshacer los entuertos infligidos al planeta. Propugna así el papa alemán un ecologismo cristiano, interior y exterior, con unas profundas raíces cristianas en el momento de la creación. Esta creencia en el Creador no es sin embargo una exclusiva cristiana, pues también judíos, musulmanes y otras religiones confiesan este origen divino. Tal afirmación tiene que ver también con su insistencia en la conciencia y en la ley natural, y puede ser un punto de encuentro y de mutuo entendimiento entre personas de diferentes religiones, e incluso con ateos y agnósticos. La corrupción interior produce contaminación exterior, y al revés: la limpieza interna promueve un respeto externo, con los demás y el medio ambiente.

 

4. (AD)ORACIÓN. Sabe que es el verdadero motor de la Iglesia y de la vida cristiana. Frente al activismo cortoplacista, el papa alemán sabe esperar, pensar y rezar. Pero sobre todo rezar. El activismo es para Ratzinger “la gran bestia negra”: el actuar en la Iglesia actual sin pensar ni rezar. Para él el culto y la oración son también fuentes de la verdad y del ethos cristiano. La mayor parte de los problemas que pudiera tener la Iglesia hoy proceden de la falta de unión a Jesucristo, presente en el Pan y en la Palabra. Es algo de lo que ya habló Juan Pablo II con motivo de los primeros casos de los escándalos de pederastia entre miembros del clero en los Estados Unidos. «Esto nos pasa por descuidar la eucaristía», dijo entonces Juan Pablo II. No era una evasiva.

Aquello ocurrió, en última instancia y con todas sus consecuencias, por haber descuidado el centro de la vida cristiana. La liturgia ha sido uno de los puntos centrales de la teología de Ratzinger, y por ella ha profesado un especial interés desde su infancia. La razón y la liturgia –afirmaba– le metieron en el mundo de Dios; es más, fueron su refugio y su defensa ante la amenaza nacionalsocialista. En su pensamiento, la liturgia ocupa ese lugar central que le corresponde en la Iglesia. La categoría de la “adoración” no es sin más un reducto piadoso, sino un verdadero lugar teológico de donde surgen continuas inspiraciones para la teología y el pensamiento en general. Y después de rezar, trabajar.

5. JESUCRISTO al centro. Es esta una afirmación incontrovertible. A pesar de las múltiples ocupaciones en su ministerio, Benedicto XVI no ha renunciado al proyecto personal de escribir suJesús de Nazaret, que terminó en 2011. Constituye este libro una actividad central como sucesor de Pedro: hablar de Jesucristo. Y hablar de él como Dios y hombre, como el Cristo de la fe y el Jesús de la historia. No es un profeta ni un avatar más de la divinidad, sino el Hijo de Dios hecho hombre. Solo él salva. Esto fue también recordado por Juan Pablo II en el Jubileo del año 2000: junto a la petición de perdón por los pecados de los cristianos, recordó que “Jesús es el Señor”, el Salvador, el único Mediador.

Recordar la centralidad salvífica de Jesucristo no es una ocupación más, sino la misión principal de la Iglesia. El relativismo religioso propone a Jesucristo como un varón egregio, un pacifista o un revolucionario, o bien una persona eminente que toma conciencia de una presunta divinidad. Se cree Dios, y por eso piensa que puede salvar. Otros tantos podrían hacerlo también. Sin embargo, los cristianos han creído y defendido siempre que toda salvación viene de Dios en Jesucristo. Un budista, un musulmán o un animista pueden salvarse, pero siempre en Jesucristo. No en Buda, Mahoma o el Gran Manitú. Solo Jesucristo es el Hijo de Dios, el mismo Dios, como recuerdan de modo constante los evangelios.

 

6. IGLESIA. Frente al conocido lema “Cristo sí, Iglesia no”, el papa Ratzinger quiere recordar que la Iglesia es el cuerpo y la esposa de Cristo. La Iglesia está inseparablemente unida a la persona de Jesucristo. Por eso la Iglesia debería hablar más de él y menos de sí misma y de asuntos clericales. Más santidad y menos burocracia, es la fórmula de Ratzinger para destacar la unidad entre Jesucristo y su Iglesia. De hecho, esta continúa la misión de aquel. Jesucristo mismo se sirvió de su mediación y, por tanto, de los apóstoles, obispos y demás ministros que siguen esta misma línea de continuidad. La apostolicidad de la Iglesia es una de sus notas fundamentales, nos recuerda una y otra vez el papa-teólogo. De manera que hay una continuidad entre Jesucristo, la Iglesia de los apóstoles y la Iglesia actual. Esto nos ofrecerá una clave para el diálogo ecuménico, que consistirá en profundizar en nuestras raíces comunes.

Benedicto XVI está convencido de que la misión de la Iglesia consiste en anunciar a Cristo y en crecer en comunión y cohesión dentro de ella. Así se podrá llevar adelante ese proyecto ecuménico de crecer en unidad en la única Iglesia de Cristo, que desearon intensamente también los papas anteriores. El papa alemán piensa que se debe caminar con pasos lentos pero seguros, como en la ascensión a una montaña. De momento, los resultados le acompañan: con los ortodoxos se ha reemprendido el diálogo ecuménico, y ya son tres las reuniones (Rávena, Chipre, Viena) que han tenido lugar sobre el principal tema que nos separa: el modo de ejercer el primado de Pedro. Mientras tanto, se busca una estrecha colaboración en cuestiones éticas –sobre todo bioéticas– y en la doctrina social.

 

7. BELLEZA. Ratzinger ha sido siempre un enamorado de la belleza. Desde su temprana afición a la música, especialmente de la de Mozart, la dimensión estética forma parte de su pensamiento y de su visión de la vida. De hecho, suele ser llamado «el Mozart de la teología» no solo por las aparentes levedad y ligereza de su pensamiento (Ratzinger es más fácil de leer que otros teólogos alemanes), sino también por la profundidad y dramatismo de sus ideas. Mozart como música de fondo. Además, ha afirmado que un teólogo que no tenga sensibilidad estética resulta peligroso. Siempre tiene algo de tiempo para tocar el piano… Para él la belleza no solo es importante para la teología, sino también para la misma vida de la Iglesia.

En esta sociedad posmoderna y algo esteticista, decía Ratzinger, la razón y la belleza presente en el arte cristiano y en la vida de los santos puede ser un testigo de excepción: la mejor tarjeta de presentación para el cristianismo. La inauguración de la Sagrada Familia ha constituido todo un símbolo en este sentido. En Gaudí se encuentran unidas estas dos dimensiones de la belleza cristiana: en primer lugar, como creador de una belleza nueva, moderna y dirigida a la gloria de Dios, tal como aparece en el templo barcelonés; por otra parte, por la belleza presente en la vida de los santos, si el proceso de beatificación del «arquitecto de Dios» llegara a buen puerto. El arte cristiano y la santidad hacen presente la Belleza divina en este mundo.

Estas serían las siete palabras en las que me parece que se podría sintetizar el “programa” del papa actual. Representado todo esto de modo gráfico, vendría a ser algo así: 2 núcleos concéntricos (Cristo y la Iglesia), 4 pilares ontológicos y teológicos (amor, verdad, belleza y esperanza) y 4 referencias y actitudes: razón, corazón, (ad)oración y creación. Tal como figura en este cuadro: