El domingo en el que hemos celebrado la festividad de Pentecostés, es decir, la Venida del Espíritu Santo en el cenáculo de Jerusalén, ha coincidido con la fiesta de la Visitación de la Virgen Santísima a su prima santa Isabel, en Einkarem y, a su vez, con la fiesta de Santa María de Montalegre. Así que el domingo 31 de mayo de 2020 para Montalegre iba a ser irrepetible.

El rector comentó al inicio de la celebración que, en ese día, se iba a celebrar la imposición de las Confirmaciones a muchos jóvenes, con la presencia de uno de los obispos de la archidiócesis de Barcelona, pero que debido a las normas establecidas para la fase 1 de la desescalada, se ha tenido que posponer.

En su homilía, nos recordó que la festividad de Pentecostés se celebra 50 días después de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, y que con ello se cierra el ciclo pascual… El Espíritu Santo sobrevino como lenguas de fuego infundiendo los dones sobre la Iglesia naciente, la cual conoció a partir de entonces y verdaderamente el Amor de Dios y sus frutos. Somos portadores de la Palabra de Dios… Esa alegría del cristiano nos la da el Espíritu Santo, con el esfuerzo personal y la gracia de Dios. En estos días de confinamiento, hemos notado la cercanía de Dios y nos ha dado serenidad y aplomo para vivirlo… El Espíritu Santo es quien realiza la Obra de Dios, pero nos pide que seamos dóciles para recibir esos dones y practicar las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad. Tendremos paz y serenidad si le somos dóciles, a pesar de las dificultades… Hemos de pedir a la Virgen que nos ayude a tratar más y mejor al Espíritu Santo. La Iglesia desde sus inicios nace universal y van creciendo las iglesias particulares, sin embargo, la Iglesia Católica no es una federación de iglesias, la Iglesia es únicamente UNA.

Otros detalles de la celebración

Para evitar la limpieza constante de los micrófonos durante la misa, leyó las lecturas y las plegarias una sola lectora, la señora Amparo Murcia. Las nuevas sopranos, señoras Rosa Parellada y Manuela Torres acompañadas del organista, señor Pere Mateu Xiberta con sus cantos subieron el tono a la solemnidad de tal manera que nos llenó de gran gozo y piedad.

Al concluir la celebración, Mn. Xavier Argelich, explicó que se recuperaban las actividades de los retiros para hombres y para mujeres. Y comentó que estrenaba el alba, muy especial para solemnidades, con detalles de ribetes dorados y el bordado de una cruz. Es la ocasión para mencionar que la casulla roja tiene más de cincuenta años.

Isabel Hernández Esteban

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