Carta del Cardenal Arzobispo de Barcelona Omella

Carta dominical | «Semana de dolor»

La pandemia del coronavirus que estamos padeciendo nos está marcando profundamente y obligando a vivir una experiencia muy dura: llorar a nuestros familiares y amigos difuntos desde la distancia sin podernos despedir de ellos como merecen, sin poder vivir el duelo con abrazos reconfortantes.

¿Cómo Dios puede permitir todo esto? Es la pregunta que puede surgir en nuestro interior. En una conversación con el periodista Jordi Évole, el papa Francisco respondió a semejante pregunta con un significativo silencio y una invitación a no decir muchas palabras, ya que para encontrar sentido al misterio del mal y del dolor no hay mejor manera que contemplar la vida de Jesucristo y, particularmente, sus últimos días.

Contemplar los últimos días de la vida de Jesucristo es lo que la Iglesia nos invita a hacer durante la Semana Santa que iniciamos este Domingo de Ramos. Esta va a ser diferente a todas las que hemos vivido hasta ahora. Nos vamos a hermanar con las Semanas Santas vividas durante años en muchos otros países del mundo que viven la guerra, el hambre, las epidemias…

Mirar a Jesús en sus últimos días de vida nos va a acercar al sufrimiento y a la experiencia de los que padecen la enfermedad y la muerte en soledad, alejados de sus hogares y de sus familias. Dios, en Jesús, ha experimentado ese dolor que hoy padecen algunos de nuestros hermanos y hermanas. Dios también llora con nosotros ante la muerte cruel y aislada.

Me consuela mucho mirar el Cristo de la capilla del castillo de Javier en Navarra que, mientras el gran misionero san Francisco Javier moría en soledad en una pequeña isla sin poder entrar en China, mostró un extraño sudor que fue, para su familia, el signo de que Francisco Javier entraba de la mano del Señor en la Jerusalén celeste.

Las madres y los padres, como Santa María, sufren viendo padecer y morir a sus hijos. Lamentan enormemente no poder abrazarlos, acariciarlos, hablar y despedirse de ellos.

Dios no está tan lejos de nosotros como podría parecer. Dios Padre, su Hijo Jesucristo, su familia formada por María y el apóstol Juan, sufren con inmenso dolor y desgarro una separación radical, injusta, inhumana. Dios ha vivido el dolor, nos comprende, nos acompaña en el sufrimiento y llora con nosotros.

Entramos en el dolor de la Semana Santa, quizá en un contexto más cercano que nunca al que vivieron Jesús, sus familiares y amigos. Ojalá mirando al Señor colgado en la Cruz recibamos la gracia de experimentar su amor y cercanía en los momentos de dolor y angustia que estamos viviendo a causa de esta pandemia.

Afortunadamente, a diferencia de Jesús, nuestros hermanos enfermos y agonizantes tienen la cercanía y el cariño del personal sanitario que, con un amor inmenso, los acompañan en los momentos de dolor y pasión. Nuevamente doy las gracias y oro por tantos «cireneos», tantas «Marías» y «Juanes» que acompañan a nuestros hermanos en el momento de la cruz.

La Semana Santa no acaba con la Cruz del Viernes Santo. Aguardamos con gran esperanza el Domingo de la Resurrección. La muerte y el sufrimiento injustos no tienen la última palabra. Una vida vivida desde el amor no puede morir. Gracias, Dios Misericordioso, por hacernos este regalo.

Queridos hermanos y hermanas, dejemos que en la debilidad de nuestras lágrimas y en la vulnerabilidad de nuestras vidas, se manifieste la fortaleza de Cristo en nosotros.

† Card. Juan José Omella

Carta dominical en texto y audio

 

Nos vamos a Polonia 7 días ¡ya te puedes inscribir!

Amigos y amigas de Montalegre, en el año del Centenario del Nacimiento de San Juan Pablo II, iremos de Peregrinación a Polonia, país donde nació Karol Wojtyla, del 28 de agosto al 3 de septiembre de 2020, un total de 7 días.

El primer día del viaje volaremos hacia Cracovia haciendo escala en Varsovia, así que la primera noche en Polonia la haremos en Cracovia y será el lugar central donde pasaremos tres días.

En Cracovia visitaremos los lugares más emblemáticos, entre otros: la Colina Wawel, el Castillo Real (Zamlek), la Catedral de Wenceslao y del Obispo San Estanislao, considerado el centro espiritual de Polonia; también la Ciudad Vieja de Cracovia, la plaza del Mercado, la Iglesia de Santa María; el espectáculo del Trompetista de Cracovia; el Santuario de la Divina Misericordia.

Saliendo de Cracovia, nos dirigiremos a Oswiecim, ciudad donde se encuentra el campo de concentración y exterminio nazi Auschwitz. Después visitaremos Las Minas de Sal de Wielizcka y la Capilla de San Antonio y el Altar Mayor de la Bienaventurada Kinga. Al día siguiente iremos a Wadowice donde visitaremos la Iglesia de la Santísima Virgen y la Casa Museo del Santo Padre. Por la tarde emprenderemos viaje a Czestochowa. Allí visitaremos el Santuario de Jasna Gora. Después de almorzar, nos trasladaremos a Varsovia donde haremos noche.

Al sexto día de peregrinación, visitaremos Varsovia, el centro monumental y la ruta real. Haremos un paseo por el casco histórico de la ciudad, Stare Miasto, el Castillo Real de Varsovia, la columna de Segismundo, la Catedral de San Juan Bautista y la Plaza del Mercado Viejo. Por la tarde haremos la ruta real en nuestro autocar, uno de los trayectos más prestigiosos de la ciudad; también, el Parque Lazienki con el monumento del compositor Frederyk Chopin y el Palacio sobre el Agua.

El día 3 de septiembre de 2020, que será el séptimo día, volaremos de Varsovia en Barcelona y habrá terminado la peregrinación.

Notas importantes

Los traslados por el interior de Polonia se harán en un autocar privado para el grupo y dispondremos todos los días de una guía polaca de habla castellana. A excepción de los días 1 y 7 de viaje, los otros 5 días, el sacerdote que irá con nosotros celebrará la eucaristía en un lugar diferente cada día.

Ya te puedes inscribir en RUTH TRAVEL 934673244.

Se adjunta el programa de la peregrinación con todo tipo de detalles.

ESGLESIA DE MONTALEGRE. PELEGRINATGE POLONIA – 28 AGOST – 03 SETEMBRE 2020

Comunicación Montalegre

EL HERMOSO SIGNO DEL PESEBRE

Carta apostólica Admirabile signum del Santo Padre Francisco sobre el significado y el valor del Belén, 01.12.2019

 

CARTA APOSTÓLICA EL HERMOSO SIGNO DEL PESEBRE DEL SANTO PADRE FRANCISCO SOBRE EL SIGNIFICADO Y EL VALOR DEL BELÉN

1. El hermoso signo del pesebre, tan estimado por el pueblo cristiano, causa siempre asombro y admiración. La representación del acontecimiento del nacimiento de Jesús equivale a anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría. El belén, en efecto, es como un Evangelio vivo, que surge de las páginas de la Sagrada Escritura. La contemplación de la escena de la Navidad, nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre. Y descubrimos que Él nos ama hasta el punto de unirse a nosotros, para que también nosotros podamos unirnos a Él.

Con esta Carta quisiera alentar la hermosa tradición de nuestras familias que en los días previos a la Navidad preparan el belén, como también la costumbre de ponerlo en los lugares de trabajo, en las escuelas, en los hospitales, en las cárceles, en las plazas… Es realmente un ejercicio de fantasía creativa, que utiliza los materiales más dispares para crear pequeñas obras maestras llenas de belleza. Se aprende desde niños: cuando papá y mamá, junto a los abuelos, transmiten esta alegre tradición, que contiene en sí una rica espiritualidad popular. Espero que esta práctica nunca se debilite; es más, confío en que, allí donde hubiera caído en desuso, sea descubierta de nuevo y revitalizada.

2. El origen del pesebre encuentra confirmación ante todo en algunos detalles evangélicos del nacimiento de Jesús en Belén. El evangelista Lucas dice sencillamente que María «dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada» (2,7). Jesús fue colocado en un pesebre; palabra que procede del latín: praesepium.

El Hijo de Dios, viniendo a este mundo, encuentra sitio donde los animales van a comer. El heno se convierte en el primer lecho para Aquel que se revelará como «el pan bajado del cielo» (Jn 6,41). Un simbolismo que ya san Agustín, junto con otros Padres, había captado cuando escribía: «Puesto en el pesebre, se convirtió en alimento para nosotros» (Serm. 189,4). En realidad, el belén contiene diversos misterios de la vida de Jesús y nos los hace sentir cercanos a nuestra vida cotidiana.

Pero volvamos de nuevo al origen del belén tal como nosotros lo entendemos. Nos trasladamos con la mente a Greccio, en el valle Reatino; allí san Francisco se detuvo viniendo probablemente de Roma, donde el 29 de noviembre de 1223 había recibido del Papa Honorio III la confirmación de su Regla. Después de su viaje a Tierra Santa, aquellas grutas le recordaban de manera especial el paisaje de Belén. Y es posible que el Poverello quedase impresionado en Roma, por los mosaicos de la Basílica de Santa María la Mayor que representan el nacimiento de Jesús, justo al lado del lugar donde se conservaban, según una antigua tradición, las tablas del pesebre.

Las Fuentes Franciscanas narran en detalle lo que sucedió en Greccio. Quince días antes de la Navidad, Francisco llamó a un hombre del lugar, de nombre Juan, y le pidió que lo ayudara a cumplir un deseo: «Deseo celebrar la memoria del Niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno»[1]. Tan pronto como lo escuchó, ese hombre bueno y fiel fue rápidamente y preparó en el lugar señalado lo que el santo le había indicado. El 25 de diciembre, llegaron a Greccio muchos frailes de distintos lugares, como también hombres y mujeres de las granjas de la comarca, trayendo flores y antorchas para iluminar aquella noche santa. Cuando llegó Francisco, encontró el pesebre con el heno, el buey y el asno. Las personas que llegaron mostraron frente a la escena de la Navidad una alegría indescriptible, como nunca antes habían experimentado. Después el sacerdote, ante el Nacimiento, celebró solemnemente la Eucaristía, mostrando el vínculo entre la encarnación del Hijo de Dios y la Eucaristía. En aquella ocasión, en Greccio, no había figuras: el belén fue realizado y vivido por todos los presentes[2].

Así nace nuestra tradición: todos alrededor de la gruta y llenos de alegría, sin distancia alguna entre el acontecimiento que se cumple y cuantos participan en el misterio.

El primer biógrafo de san Francisco, Tomás de Celano, recuerda que esa noche, se añadió a la escena simple y conmovedora el don de una visión maravillosa: uno de los presentes vio acostado en el pesebre al mismo Niño Jesús. De aquel belén de la Navidad de 1223, «todos regresaron a sus casas colmados de alegría»[3].

3. San Francisco realizó una gran obra de evangelización con la simplicidad de aquel signo. Su enseñanza ha penetrado en los corazones de los cristianos y permanece hasta nuestros días como un modo genuino de representar con sencillez la belleza de nuestra fe. Por otro lado, el mismo lugar donde se realizó el primer belén expresa y evoca estos sentimientos. Greccio se ha convertido en un refugio para el alma que se esconde en la roca para dejarse envolver en el silencio.

¿Por qué el belén suscita tanto asombro y nos conmueve? En primer lugar, porque manifiesta la ternura de Dios. Él, el Creador del universo, se abaja a nuestra pequeñez. El don de la vida, siempre misterioso para nosotros, nos cautiva aún más viendo que Aquel que nació de María es la fuente y protección de cada vida. En Jesús, el Padre nos ha dado un hermano que viene a buscarnos cuando estamos desorientados y perdemos el rumbo; un amigo fiel que siempre está cerca de nosotros; nos ha dado a su Hijo que nos perdona y nos levanta del pecado.

La preparación del pesebre en nuestras casas nos ayuda a revivir la historia que ocurrió en Belén. Naturalmente, los evangelios son siempre la fuente que permite conocer y meditar aquel acontecimiento; sin embargo, su representación en el belén nos ayuda a imaginar las escenas, estimula los afectos, invita a sentirnos implicados en la historia de la salvación, contemporáneos del acontecimiento que se hace vivo y actual en los más diversos contextos históricos y culturales.

De modo particular, el pesebre es desde su origen franciscano una invitación a “sentir”, a “tocar” la pobreza que el Hijo de Dios eligió para sí mismo en su encarnación. Y así, es implícitamente una llamada a seguirlo en el camino de la humildad, de la pobreza, del despojo, que desde la gruta de Belén conduce hasta la Cruz. Es una llamada a encontrarlo y servirlo con misericordia en los hermanos y hermanas más necesitados (cf. Mt 25,31-46).

4. Me gustaría ahora repasar los diversos signos del belén para comprender el significado que llevan consigo. En primer lugar, representamos el contexto del cielo estrellado en la oscuridad y el silencio de la noche. Lo hacemos así, no sólo por fidelidad a los relatos evangélicos, sino también por el significado que tiene. Pensemos en cuántas veces la noche envuelve nuestras vidas. Pues bien, incluso en esos instantes, Dios no nos deja solos, sino que se hace presente para responder a las preguntas decisivas sobre el sentido de nuestra existencia: ¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? ¿Por qué nací en este momento? ¿Por qué amo? ¿Por qué sufro? ¿Por qué moriré? Para responder a estas preguntas, Dios se hizo hombre. Su cercanía trae luz donde hay oscuridad e ilumina a cuantos atraviesan las tinieblas del sufrimiento (cf. Lc 1,79).

Merecen también alguna mención los paisajes que forman parte del belén y que a menudo representan las ruinas de casas y palacios antiguos, que en algunos casos sustituyen a la gruta de Belén y se convierten en la estancia de la Sagrada Familia. Estas ruinas parecen estar inspiradas en la Leyenda Áurea del dominico Jacopo da Varazze (siglo XIII), donde se narra una creencia pagana según la cual el templo de la Paz en Roma se derrumbaría cuando una Virgen diera a luz. Esas ruinas son sobre todo el signo visible de la humanidad caída, de todo lo que está en ruinas, que está corrompido y deprimido. Este escenario dice que Jesús es la novedad en medio de un mundo viejo, y que ha venido a sanar y reconstruir, a devolverle a nuestra vida y al mundo su esplendor original.

5. ¡Cuánta emoción debería acompañarnos mientras colocamos en el belén las montañas, los riachuelos, las ovejas y los pastores! De esta manera recordamos, como lo habían anunciado los profetas, que toda la creación participa en la fiesta de la venida del Mesías. Los ángeles y la estrella son la señal de que también nosotros estamos llamados a ponernos en camino para llegar a la gruta y adorar al Señor.

«Vayamos, pues, a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha comunicado» (Lc 2,15), así dicen los pastores después del anuncio hecho por los ángeles. Es una enseñanza muy hermosa que se muestra en la sencillez de la descripción. A diferencia de tanta gente que pretende hacer otras mil cosas, los pastores se convierten en los primeros testigos de lo esencial, es decir, de la salvación que se les ofrece. Son los más humildes y los más pobres quienes saben acoger el acontecimiento de la encarnación. A Dios que viene a nuestro encuentro en el Niño Jesús, los pastores responden poniéndose en camino hacia Él, para un encuentro de amor y de agradable asombro. Este encuentro entre Dios y sus hijos, gracias a Jesús, es el que da vida precisamente a nuestra religión y constituye su singular belleza, y resplandece de una manera particular en el pesebre.

6. Tenemos la costumbre de poner en nuestros belenes muchas figuras simbólicas, sobre todo, las de mendigos y de gente que no conocen otra abundancia que la del corazón. Ellos también están cerca del Niño Jesús por derecho propio, sin que nadie pueda echarlos o alejarlos de una cuna tan improvisada que los pobres a su alrededor no desentonan en absoluto. De hecho, los pobres son los privilegiados de este misterio y, a menudo, aquellos que son más capaces de reconocer la presencia de Dios en medio de nosotros.

Los pobres y los sencillos en el Nacimiento recuerdan que Dios se hace hombre para aquellos que más sienten la necesidad de su amor y piden su cercanía. Jesús, «manso y humilde de corazón» (Mt 11,29), nació pobre, llevó una vida sencilla para enseñarnos a comprender lo esencial y a vivir de ello. Desde el belén emerge claramente el mensaje de que no podemos dejarnos engañar por la riqueza y por tantas propuestas efímeras de felicidad. El palacio de Herodes está al fondo, cerrado, sordo al anuncio de alegría. Al nacer en el pesebre, Dios mismo inicia la única revolución verdadera que da esperanza y dignidad a los desheredados, a los marginados: la revolución del amor, la revolución de la ternura. Desde el belén, Jesús proclama, con manso poder, la llamada a compartir con los últimos el camino hacia un mundo más humano y fraterno, donde nadie sea excluido ni marginado.

Con frecuencia a los niños —¡pero también a los adultos!— les encanta añadir otras figuras al belén que parecen no tener relación alguna con los relatos evangélicos. Y, sin embargo, esta imaginación pretende expresar que en este nuevo mundo inaugurado por Jesús hay espacio para todo lo que es humano y para toda criatura. Del pastor al herrero, del panadero a los músicos, de las mujeres que llevan jarras de agua a los niños que juegan…, todo esto representa la santidad cotidiana, la alegría de hacer de manera extraordinaria las cosas de todos los días, cuando Jesús comparte con nosotros su vida divina.

7. Poco a poco, el belén nos lleva a la gruta, donde encontramos las figuras de María y de José. María es una madre que contempla a su hijo y lo muestra a cuantos vienen a visitarlo. Su imagen hace pensar en el gran misterio que ha envuelto a esta joven cuando Dios ha llamado a la puerta de su corazón inmaculado. Ante el anuncio del ángel, que le pedía que fuera la madre de Dios, María respondió con obediencia plena y total. Sus palabras: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), son para todos nosotros el testimonio del abandono en la fe a la voluntad de Dios. Con aquel “sí”, María se convertía en la madre del Hijo de Dios sin perder su virginidad, antes bien consagrándola gracias a Él. Vemos en ella a la Madre de Dios que no tiene a su Hijo sólo para sí misma, sino que pide a todos que obedezcan a su palabra y la pongan en práctica (cf. Jn 2,5).

Junto a María, en una actitud de protección del Niño y de su madre, está san José. Por lo general, se representa con el bastón en la mano y, a veces, también sosteniendo una lámpara. San José juega un papel muy importante en la vida de Jesús y de María. Él es el custodio que nunca se cansa de proteger a su familia. Cuando Dios le advirtió de la amenaza de Herodes, no dudó en ponerse en camino y emigrar a Egipto (cf. Mt 2,13-15). Y una vez pasado el peligro, trajo a la familia de vuelta a Nazaret, donde fue el primer educador de Jesús niño y adolescente. José llevaba en su corazón el gran misterio que envolvía a Jesús y a María su esposa, y como hombre justo confió siempre en la voluntad de Dios y la puso en práctica.

8. El corazón del pesebre comienza a palpitar cuando, en Navidad, colocamos la imagen del Niño Jesús. Dios se presenta así, en un niño, para ser recibido en nuestros brazos. En la debilidad y en la fragilidad esconde su poder que todo lo crea y transforma. Parece imposible, pero es así: en Jesús, Dios ha sido un niño y en esta condición ha querido revelar la grandeza de su amor, que se manifiesta en la sonrisa y en el tender sus manos hacia todos.

El nacimiento de un niño suscita alegría y asombro, porque nos pone ante el gran misterio de la vida. Viendo brillar los ojos de los jóvenes esposos ante su hijo recién nacido, entendemos los sentimientos de María y José que, mirando al niño Jesús, percibían la presencia de Dios en sus vidas.

«La Vida se hizo visible» (1Jn 1,2); así el apóstol Juan resume el misterio de la encarnación. El belén nos hace ver, nos hace tocar este acontecimiento único y extraordinario que ha cambiado el curso de la historia, y a partir del cual también se ordena la numeración de los años, antes y después del nacimiento de Cristo.

El modo de actuar de Dios casi aturde, porque parece imposible que Él renuncie a su gloria para hacerse hombre como nosotros. Qué sorpresa ver a Dios que asume nuestros propios comportamientos: duerme, toma la leche de su madre, llora y juega como todos los niños. Como siempre, Dios desconcierta, es impredecible, continuamente va más allá de nuestros esquemas. Así, pues, el pesebre, mientras nos muestra a Dios tal y como ha venido al mundo, nos invita a pensar en nuestra vida injertada en la de Dios; nos invita a ser discípulos suyos si queremos alcanzar el sentido último de la vida.

9. Cuando se acerca la fiesta de la Epifanía, se colocan en el Nacimiento las tres figuras de los Reyes Magos. Observando la estrella, aquellos sabios y ricos señores de Oriente se habían puesto en camino hacia Belén para conocer a Jesús y ofrecerle dones: oro, incienso y mirra. También estos regalos tienen un significado alegórico: el oro honra la realeza de Jesús; el incienso su divinidad; la mirra su santa humanidad que conocerá la muerte y la sepultura.

Contemplando esta escena en el belén, estamos llamados a reflexionar sobre la responsabilidad que cada cristiano tiene de ser evangelizador. Cada uno de nosotros se hace portador de la Buena Noticia con los que encuentra, testimoniando con acciones concretas de misericordia la alegría de haber encontrado a Jesús y su amor.

Los Magos enseñan que se puede comenzar desde muy lejos para llegar a Cristo. Son hombres ricos, sabios extranjeros, sedientos de lo infinito, que parten para un largo y peligroso viaje que los lleva hasta Belén (cf. Mt 2,1-12). Una gran alegría los invade ante el Niño Rey. No se dejan escandalizar por la pobreza del ambiente; no dudan en ponerse de rodillas y adorarlo. Ante Él comprenden que Dios, igual que regula con soberana sabiduría el curso de las estrellas, guía el curso de la historia, abajando a los poderosos y exaltando a los humildes. Y ciertamente, llegados a su país, habrán contado este encuentro sorprendente con el Mesías, inaugurando el viaje del Evangelio entre las gentes.

10. Ante el belén, la mente va espontáneamente a cuando uno era niño y se esperaba con impaciencia el tiempo para empezar a construirlo. Estos recuerdos nos llevan a tomar nuevamente conciencia del gran don que se nos ha dado al transmitirnos la fe; y al mismo tiempo nos hacen sentir el deber y la alegría de transmitir a los hijos y a los nietos la misma experiencia. No es importante cómo se prepara el pesebre, puede ser siempre igual o modificarse cada año; lo que cuenta es que este hable a nuestra vida. En cualquier lugar y de cualquier manera, el belén habla del amor de Dios, el Dios que se ha hecho niño para decirnos lo cerca que está de todo ser humano, cualquiera que sea su condición.

Queridos hermanos y hermanas: El belén forma parte del dulce y exigente proceso de transmisión de la fe. Comenzando desde la infancia y luego en cada etapa de la vida, nos educa a contemplar a Jesús, a sentir el amor de Dios por nosotros, a sentir y creer que Dios está con nosotros y que nosotros estamos con Él, todos hijos y hermanos gracias a aquel Niño Hijo de Dios y de la Virgen María. Y a sentir que en esto está la felicidad. Que en la escuela de san Francisco abramos el corazón a esta gracia sencilla, dejemos que del asombro nazca una oración humilde: nuestro “gracias” a Dios, que ha querido compartir todo con nosotros para no dejarnos nunca solos.

 

FRANCISCO

Dado en Greccio, en el Santuario del Pesebre, 1 de diciembre de 2019.

 

[1] Tomás de Celano, Vida Primera, 84: Fuentes franciscanas (FF), n. 468.

[2] Cf. ibíd., 85: FF, n. 469.

[3] Ibíd., 86: FF, n. 470.

Carta Apostólica del Papa Francisco sobre el Pesebre

La visión divina de la Obra

El día 2 de octubre de 2019, a la tarde, la Iglesia de Santa María de Montalegre ha celebrado la festividad de los Santos Ángeles Custodios con solemnidad. La Providencia quiso que, en ese día, pero de 1928 San Josemaría viese la Obra, por lo que en esta fecha se concreta la fundación del Opus Dei.

El rector en su homilía nos recordó unos hechos que se produjeron hace 91 años pero que siguen vivos, expandiéndose por muchos países: En la Iglesia de la Virgen de los Ángeles de Madrid, al momento de doblar las campanadas, San Josemaría tuvo una visión divina que no solo era para él, sino para la Iglesia y para la santidad de todos los hombres y mujeres del mundo … Todo nos encamina hacia la santidad, pero siempre ha de haber humildad, como la de estos niños que se acercan a Jesús … El Señor nos da medios. San Josemaría decía de sí mismo que al momento de ver el Opus Dei tenía 26 años, la gracia de Dios y buen humor, y con ello Dios quería que emprendiera la Obra. Estos medios también están a nuestro alcance, la gracia de Dios de los sacramentos y la oración, el sacrificio y el trabajo. Igualmente tenemos la ayuda de la Virgen, los santos del cielo y de los ángeles de la Guarda.

Mn. Argelich continuó diciendo, citando a San Jerónimo, del que se ha celebrado la fiesta recientemente “¡Cómo será de grande el alma de cada persona para dar el Señor un ángel de la guarda a cada una!” … Parece que no pueda ser la santidad en este mundo que se aparta de Dios o bien provocan escándalo las personas que deberían ser modelos de santidad … Además, podemos tener la tentación de salir de este ambiente, a veces maloliente como un charco estancado. No, este es el mundo en el que nos toca vivir, debemos ser constantes y pacientes, con la ayuda de los sacramentos y la Virgen de los Ángeles.

Al terminar la celebración, el rector agradeció la presencia de los asistentes, y su piedad. Mn. Juventeny dirigió los cantos y Josep Masabeu, el órgano romántico de Montalegre.

 

Isabel Hernández Esteban

Un grupo del IFFD de Familia sin barreras y amistad familiar, en Montalegre

¿Quién es el IFFD?

La International Federation for Family Development (IFFD) es una ONG sin ánimo de lucro e independiente cuya misión es dar apoyo a la familia a través de formación, creada en 1978. Está presente con sus programas en 68 países trabajando en colaboración con numerosas entidades, también en España. IFFD es miembro consultivo con Estatus Consultivo General ante el ECOSOC de Naciones Unidas.

En España

IFFD España es una asociación independiente, no lucrativa. Constituida para trabajar en la promoción, difusión y desarrollo de la Orientación Familiar encaminado a mejorar la vida familiar y social.

La Orientación Familiar es, en esencia, una ayuda a los padres en la educación de sus hijos y en su propia mejora personal y matrimonial.

En IFFD España queremos ayudar a los padres a tomar las decisiones correctas y a desarrollar su propio plan familiar.

¿Qué es exactamente lo que hacen?

Desde IFFD España forman a los moderadores que integran la red nacional de profesores que imparten los cursos de Orientación Familiar en nuestros Centros, también les damos asistencia y formación para todo el centro.

¿En qué consiste el proyecto actual?

El proyecto consiste en reflexionar sobre nuestra familia, en un ambiente de amistad y ayuda mutua.

La unión familiar y la profesionalidad en la educación de los hijos fortalece a la persona y a la familia en todos los aspectos de su vida.

Compartir experiencias educativas entre familias constituye una ganancia recíproca.

¿Cuál es el objetivo?

Proporcionar herramientas a las familias para que sean más felices:

Mejor conocimiento de los hijos. Compartir ideas con otros padres para afrontar mejor las situaciones complejas. Mejor comunicación entre los padres. Vivencia más plena de la vida familiar y conyugal.

¿Cómo trabajan?

La actividad es formativa y de amistad. Se hacen reuniones de grupos muy reducidos, 4 o 5 parejas, en un ambiente distendido. Las familias son diversas, por procedencia o entorno social. Entre 5 y 7 sesiones cada curso, una sesión al mes, según concrete con el grupo. En cada sesión se debate sobre un tema específico de educación y familia de forma participativa.

¿En dónde se desarrollan estas actividades?

Actualmente la red de formadores se mueve en las iglesias y parroquias católicas. Contactan con el rector. Le explican el proyecto. Si al párroco o rector le parece bien, informa a las familias y a partir se crean los grupos de familias. La actividad se desarrolla en los locales de la iglesia o de la parroquia.

En Montalegre

El curso pasado empezó a trabajar un grupo con un matrimonio moderador y ha ido muy bien. Se sigue a partir de septiembre de 2019.

Coordinador: Agustín García agar.fsb@iffd.org

IFFD Internacional

IFFD España

Isabel Hernández Esteban

Vivir en la Esperanza del Señor

Un año más, entre San Juan El Bautista y San Pedro y San Pablo, se celebra el traspaso de San Josemaría, el fundador del Opus Dei, camino de santificación en el trabajo y en la vida ordinaria. Así, el día 26 de junio de 2019, a las 19 h se celebró en Montalegre la misa de la solemnidad del santo.

Presidió la celebración Mn. Joaquim Rodríguez, director espiritual de la Obra en Cataluña. En su homilía nos habló de la pesca milagrosa en el Mar de Galilea: “Cuando Pedro y los suyos, en el desánimo de recoger las redes vacías después de estar toda la noche faenando, casados, confiaron en el Señor, remando mar adentro. En esas circunstancias nos podemos encontrar nosotros, en las que nuestro apostolado no de fruto, aparente, o en las que le pidamos al Señor que nos ahorre esfuerzos en el camino de santidad… Pero el Señor nos dice que nos quiere, además, llenos de alegría, que no nos ahorrará nada, pero que con Él a su lado perseveraremos… Nos pide también la conversión de nuestro corazón, y como nos dice San Josemaría: A vivir con Esperanza y a no rendirnos….  Que seamos personas de memoria, oración y Evangelio diarios”.

El beso a la reliquia

La asistencia de fieles a Montalegre fue multitudinaria, no solamente se ocupó la nave central, sino también la grada, las capillas de la Virgen de la Medalla Milagrosa, la del Santísimo y la de las Confesiones. Igualmente, muchísimas personas siguieron la celebración de pie, sobre todo al fondo del templo. Impresionante ¡Gracias a Dios!

La Coral Canigó acompañó con sus cantos la celebración la cual se prolongó más tiempo debido a la veneración de las reliquias de San Josemaría, las cuales se exponen y veneran una vez al año en Montalegre.

Isabel Hernández Esteban

Celebraciones después de la beatificación de Guadalupe Ortiz

Celebramos el 24 de mayo de 2019, en la Iglesia de Santa María de Montalegre, la Misa de Acción de Gracias y el Concierto Membra Iesu Nostri Patientis Sanctissima a cargo de la Coral Non Nobis en agradecimiento y honor de Guadalupe Ortiz de Landázuri, recientemente beatificada en Madrid, ciudad donde se pueden venerar sus restos mortales en la Iglesia del Caballero de Gracia, situada en la Gran Vía madrileña.

La santa misa solemne la presidió Mn. Nacho Font, vicario de la delegación del Opus Dei en Cataluña, junto a siete sacerdotes. El vicario en la homilía expresó esa gratitud que le debemos a Dios por tener una nueva beata en la lista de los santos de altar “Porque ella ha llegado al cielo y ha visto a Dios cara a cara. A Guadalupe ya se la cuenta entre las bienaventuradas… Tenemos a nuestra disposición y publicada la correspondencia que Guadalupe mantuvo con San Josemaría entre los años 1943 y 1975… En las cartas vemos cómo Dios tenía un plan para Guadalupe, para su vocación… Guadalupe le será fiel porque sabe por convencimiento propio que saldrá ganando… A pesar de sus padecimientos físicos por los que en alguna ocasión se le había oído decir ¡No puedo más! nunca perdió la alegría, nada le justificaba perderla. Por ello desplegó una gran ilusión apostólica… Miremos como lo hizo Guadalupe a nuestra Madre del Cielo, confiando plenamente en su ayuda.

La iglesia de Montalegre se llenó hasta la grada y los fieles participaron plenamente y con piedad en la celebración, envueltos en una fina nube fina de incienso que nos elevaba a Dios.

La Coral Non Nobis de Bonaigua

Parte de la Coral Non Nobis nos acompañó desde el Coro con sus cantos durante la misa de Acción de Gracias. Una vez finalizada la celebración, otras voces de la coral, tanto masculinas como femeninas, se situaron en las escalinatas del presbiterio del templo, además del organista, el chelo, el violín y la directora del grupo coral.

Interpretaron en latín una obra ciertamente difícil de Dieterich Buxtehude Membra Iesu Nostri Patientis Sanctissima, pensada y dirigida al amor de Cristo crucificado.

Los organizadores del evento repartieron a todos los presentes una hoja con el texto de Buxtehude en latín, traducida al catalán y al español, para poder seguir el vibrante contenido de sus textos.

Durante una hora, gozamos de música y voces bellísimas, en honor y agradecimiento a la beatificación de Guadalupe.

Isabel Hernández Esteban