Los tres días del puente de Nuestra Señora del Pilar, 10, 11 y 12 de octubre de 2026, un grupo de 43 personas lo dedicamos a ir al Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, en el Pirineo francés. Nos alojamos en un hotel, a cuatro pasos de la entrada del santuario, cosa que nos permitió ir y venir muchas veces de la gruta de la Virgen, de las diferentes basílicas y lugares santos y preciosos de aquel remanso de paz y amor que ni las aguas del río Gave, muy bravas en otros puntos de su recorrido, se atreven a mostrase ruidosas cuando circulan atravesando el santuario.
El primer día, de camino a Lourdes y el santo rosario de las velas
El rector de la Iglesia de Santa María de Montalegre, Mn. Xavier Argelich, nos convocó a los que quisiéramos participar en la santa misa en dicho templo a las 7.15h, el mejor inicio para una peregrinación. La salida en el autocar, conducido por el Sr. Marino fue puntual. En el trayecto hasta Lourdes hicimos varias paradas técnicas. Fuimos por la ruta del Túnel de Viella, con parada para almorzar en Bossòst. Recordaremos con placer la olla aranesa y las carrilleras al vino tinto.
A lo largo del viaje de ida, el Sr. Joan nos hizo una clase magistral sobre la vida y sufrimiento de santa Bernardette y de los lugares que se pueden visitar en la población de Lourdes, asimismo la Sra. Lourdes nos dio la posibilidad de ver un DVD del santuario, y dos señoras más, Luz María e Isabelita, rezaron sendos rosarios. El rector nos explicó la relación que hubo entre san Josemaría, fundador del Opus Dei, y Lourdes; y el chofer nos fue indicando la ruta.
La instalación en el hotel fue rápida, cosa que nos permitió hacer nuestra primera visita a la Virgen en la Gruta, regresar y cenar a la hora francesa. Volvimos al santuario para seguir el santo rosario alrededor de la explanada, hasta el final del ingreso de la imagen peregrina de la Virgen en la basílica del Rosario, ya tocadas las diez de la noche. Aquella hora larga del rezo del santo rosario y de múltiples cantos en muchos idiomas se hizo corta para absorber todo aquel amor que nos brindaba Nuestra Madre de Lourdes, La Señora.
El segundo día, domingo, santa misa Internacional y el resto sin parar
La santa misa en la Basílica de San Pío X, subterránea, se celebraría a las 9.30h y debíamos acudir con antelación para tomar asiento, pues la celebración iba a ser cantada y concelebrada, con el final previsto a las 11h. El rector de Montalegre participó en la concelebración y la Sra. Rosa, que es la soprano que dirige los cantos en Montalegre, tuvo el privilegio de formar parte del coro de dicha celebración. Todos los demás peregrinos de Montalegre nos agrupamos en la zona de la derecha del altar mayor y seguimos los textos y los cantos a través de las múltiples pantallas de que dispone la basílica.
Al acabar, solo disponíamos de hora y media para disfrutar del santuario, hasta la hora de almorzar a la francesa. Unos iban a descubrir por primera vez o revivir nuevamente aquellos lugares como la Capilla de la Adoración, el Museo de los Milagros, la Basílica de Bernardette, la Capilla de los Confesionarios, entre otros lugares.
Por la tarde, después del almuerzo de buffet, como todos los otros servicios del comedor, hubo quien se lanzó a la carrera para hacer cola en las piscinas, rezar el Via Crucis o seguir a una religiosa y guía del santuario por los lugares donde vivió santa Bernardette. A continuación, repetimos lo mismo del día anterior, es decir cenar y acudir al rezo del santo rosario luciendo nuestras velas en procesión.
Tercer día y regreso
Y más pronto todavía, desayunamos el día de Nuestra Señora del Pilar. A las 9h. teníamos que dejar la maleta hecha, reservarla en una sala, y a esa misma hora estar ya en la Capilla de san Cosme y san Damián para la celebración de la Santa Misa, reservada para Montalegre. Allí tuvimos la alegría de reencontrarnos con otros peregrinos de Montalegre, unos 12 más, que habían acudido al santuario por su cuenta en varios coches o acompañando enfermos. En la misa, como en Montalegre, participaron los jóvenes monaguillos y las lectoras y cantantes habituales.
Poco tiempo nos quedaba para disfrutar del santuario. Unos fuimos a la librería, otros a intentar bañarse en las piscinas, y otros a despedirse de la Virgen hasta la próxima peregrinación.
Salimos a la hora prevista. La ruta del viaje iba a ser por las autopistas hasta Barcelona con varias paradas técnicas en el trayecto. Todos estábamos muy contentos y animados. En una zona de servicio pudimos realizar la foto de grupo.
Isabel Hernández Esteban

