Escuchar la Pasión de Cristo

Nos estamos preparando para celebrar los principales misterios de nuestra fe. Y lo hacemos, escuchando la Palabra de Dios. Abrimos los evangelios y descubrimos que los cuatro escritores sagrados narran la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Viernes Santo, como todos los años, proclamaremos la Pasión según San Juan. Domingo de Ramos, con lo que damos inicio a la Semana Santa, escucharemos, este año, el relato que hace San Mateo. Acudiremos estos días en estos textos Sagrados, nos pondremos en la presencia de Dios y dejar que su Palabra nos hable en la cabeza y el corazón.

Con matices diversos, los evangelistas recogen los momentos principales de la entrega total de Jesucristo para la redención de toda la humanidad. En su Sacrificio estamos presentes todos los hombres y mujeres de todos los tiempos. Cristo se entrega hasta la muerte para que tengamos Vida en Él, cargando con nuestros pecados, perdonando y así darnos la posibilidad de ir a su encuentro.

Nos puede ser de gran utilidad meditar la Pasión del Señor contemplando un santo Cristo, al igual que lo han hecho tantos santos. Mirar Cristo en la Cruz, con un corazón contrito y agradecido, nos llevará a comprender un poco más el valor de una vida de entrega a Dios ya los demás. Descubriremos el Amor inmenso de Dios para cada uno de nosotros y para todos.

El relato, sencillo y verdadero, los sucesos sufridos por Jesucristo nos deberían ayudar a descubrir la autenticidad de los hechos y de las palabras recogidas en los evangelios, apreciando el afán de la Iglesia para ser fiel a esta Palabra, y el esfuerzo que hace para que llegue a todos.

¡Feliz Pascua de Resurrección!

Mn. Xavier Argelich

La Cuaresma y el don de la Palabra

Este año damos inicio a la Cuaresma el mismo día que comenzamos el mes de marzo. Empezamos este tiempo de conversión y penitencia recordando nuestra procedencia y nuestro destino con la imposición de la ceniza. Se trata de un signo bien visible de la necesidad de morir a la carne para nacer a la vida del espíritu. Procuremos vivirlo con deseos sinceros de crecimiento espiritual a través de las prácticas habituales de este tiempo, como nos recuerda el Papa Francisco en su mensaje cuaresmal: “La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna”.

Actualmente se hace necesario profundizar en el porqué de éstas prácticas. Para ello es preciso acudir a las fuentes de donde emanan las recomendaciones de la Iglesia: los Evangelios, la Palabra de Dios. Ahí encontramos el fundamento de toda la vida cristiana y, por lo tanto, también de la necesidad de purificarnos, renovarnos, convertirnos constantemente y más en Cuaresma.

Nuestro Señor Jesucristo, para afrontar los años intensos de predicación y manifestación pública del Reino de Dios, y, para llevar a cabo la salvación de los hombres y mujeres de todos los tiempos mediante su pasión y muerte en la cruz, se retira cuarenta días en el desierto para ayunar y orar. Nos muestra la manera de vencer las tentaciones del maligno y las prácticas propias de toda conversión personal para vivir el querer de Dios y llegar al triunfo de la nueva vida en Cristo resucitado.

El Papa nos anima a vivir la Cuaresma desde el Evangelio, descubriendo el don de la Palabra y en ella, descubrir que los demás son, también, un don. Adentrémonos en las principales parábolas evangélicas y descubramos estos dones de Dios.

Mn. Xavier Argelich

Conocer la Palabra de Dios

Empezábamos el año recordando que la Palabra de Dios, Cristo, es nuestra esperanza segura. Fomentemos el deseo de esta esperanza y, ciertamente, nos llevará a vivir con más plenitud nuestra fe.

Para esto, es necesario tener un conocimiento preciso y profundo de la Palabra de Dios. Cuanto más conozcamos a Jesucristo, más fe, esperanza y caridad tendremos.

Para conocer a Cristo tenemos que ir a los lugares adecuados. Uno de estos lugares es la Sagrada Escritura. En ella encontramos recogida la Palabra de Dios, que se nos revela en plenitud en su Hijo. De aquí, la importancia que tiene leer y meditar el Nuevo testamento. Todo él nos habla de Jesucristo, mostrándolo como “el Hijo de Dios hecho hombre, la palabra única, perfecta e indispensable del Padre (CEC 65). Esto nos lleva a concluir que la lectura atenta, devota y meditada de la Sagrada Escritura es la manera más excelente de conocer a Jesucristo. Los evangelios narran “lo que Jesús, el Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó” (Dei Verbum, 19).

Nuestro anhelo por conocerlo nos llevará a sacar tiempo para la meditación de la Palabra de Dios. En una sociedad incapaz de pararse a reflexionar, en la que se busca constantemente la inmediatez en todo, se nos hace difícil encontrar momentos para dedicarnos a conocer lo realmente importante: Dios. En cambio, cuando conocemos de verdad a Cristo nuestra manera de vivir experimenta un gran cambio, lo mismo que nuestra manera de tratar a los demás. Nuestra vida se dirige, entonces, acertadamente, hacia la auténtica felicidad y esperanza. Conseguiremos hacer nuestra la vida de Cristo, vivir en plenitud el Evangelio y, por lo tanto, recorrer el Camino de la Verdad y la Vida, ayudando a los demás a recorrerlo. Acercarnos a Jesús conociéndolo y meditando sus hechos y palabras nos hará conocer a los demás y en primer lugar a María.

 Mn. Xavier Argelich

Una Esperanza segura

Hemos dejado atrás un año muy especial, en el que hemos experimentado con intensidad la misericordia de Dios y nos hemos esforzado por manifestarla con nuestras pobres pero sinceras obras de misericordia. Mantengamos abierta la puerta de nuestro corazón para poder continuar viviendo de y en la misericordia divina.

Y hemos empezado un año en el que se vislumbra de manera clara y nítida la fuerza de la Palabra de Dios: El Verbo se ha hecho carne para que tengamos vida sobrenatural. Los que sepamos poner nuestra esperanza en Él, en la Palabra encarnada, tendremos la seguridad de vivir siempre en la felicidad. Dios no defrauda nunca.

Además, el primer día del año hemos celebrado la solemnidad de Santa María Madre de Dios y el evangelio de la Misa nos presenta a María ponderando en su corazón todo lo que acontece acerca de su Hijo. Ella es modelo de escucha de la Palabra de Dios y de hacerla suya mediante la meditación.

Este año celebraremos el centenario de las apariciones de Fátima y el 50 aniversario de la recuperación del culto en nuestra Iglesia de Santa María de Montalegre. Si la Palabra de Dios es para todos una esperanza segura en nuestro caminar terreno, la presencia de la Virgen refuerza más, todavía, esa esperanza.

Aprovechemos éstas onomásticas para conocer y meditar con mayor profundidad y empeño la vida de Jesucristo. Saquemos luces y fuerzas del Evangelio para afrontar los retos que la vida cristiana nos plantea en la civilización actual. Confiemos más en Dios y en su Madre, que es, también, madre nuestra.

Mn. Xavier Argelich.

Misericordiae et misera

Al finalizar el año de la misericordia y al  inicio del Adviento, el Papa Francisco nos ha sorprendido con una maravillosa carta con este titulo que hace referencia al encuentro de la misericordia con la miseria del hombre. Es el misterio del amor de Dios que viene al encuentro del pecador. Y precisamente para esto nos preparamos durante el Adviento: la venida del Redentor. El nacimiento del Niño-Dios que viene a salvar a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos, que viene en busca del descarriado, de aquellos que con tanta frecuencia nos alejamos voluntariamente de Él. Qué importante es prepararse lo mejor posible para celebrar este gran misterio del Amor misericordioso de nuestro Dios.

Siguiendo lo que el Santo Padre nos propone, podemos vivir este tiempo fuerte de la Iglesia haciendo nuestros sus paternales consejos: Escuchar la Palabra de Dios, en la que se recorre la historia de nuestra salvación como una incesante obra de misericordia que se nos anuncia, y ser transmisores de esta Palabra; Acudir al Sacramento de la Reconciliación, tan presente durante este año Santo transcurrido, en el que sentimos el abrazo del Padre que sale a nuestro encuentro para restituirnos de nuevo la gracia de ser sus hijos; Consolar, que es mantener viva la esperanza que proviene de la fe en el Señor resucitado. Consuelo que debe darse especialmente en las familias, ante sus retos y dificultades actuales.

El Papa concluye invitándonos a instaurar una cultura de la misericordia, plasmada en la oración asidua y en la práctica de las obras de misericordia. Estamos en el tiempo de la Misericordia para todos y cada uno, para que nadie piense que está fuera de la cercanía de Dios y de la potencia de su ternura.

Os animo a leer y meditar detenidamente esta preciosa carta del Santo Padre.

¡Feliz Navidad a todos!

Mn. Xavier Argelich

Hemos vivido un año de gracia

Llegamos al final del año de la misericordia. ¡Cuántas gracias hemos recibido durante este tiempo! Os animo a dar muchas gracias a Dios, nuestro Señor, porque hemos podido experimentar frecuentemente su misericordia infinita y paternal. También, porque hemos aprendido a ser misericordiosos con los demás, especialmente con los más necesitados. Hemos tenido muchas ocasiones para vivir las obras de misericordia. Hemos sabido perdonar más y con mayor prontitud. Hemos procurado ganar, en varias ocasiones, la indulgencia jubilar. Ha crecido nuestro espíritu de servicio, nuestra comprensión y generosidad con las personas que tratamos habitualmente. Seguramente cada uno de nosotros podría continuar añadiendo otras gracias obtenidas durante este año.

¡Gracias, Señor! Y, a la vez, le pedimos que no dejemos nunca de buscar su amor misericordioso ni de procurar ser misericordiosos. El año Santo ha sido un revulsivo para la Iglesia y para todos los bautizados, e incluso para tantos otros que se han acercado de nuevo o por primera vez a la fe.

Procuremos mantener un ritmo ascendente en nuestra vida espiritual y apostólica que nos lleve a ser anunciadores de la gran misericordia de Dios. Él nos ha concedido este año de gracia para que podamos conocerlo mejor y amarlo más, queriendo más y mejor a nuestros hermanos y hermanas.

Mn. Xavier Argelich

La fuerza y belleza de una Oración

En el mes de octubre, conocido también como el mes del Rosario, nos será fácil unir esta oración tan maravillosa con las obras de misericordia. No es necesario insistir en las maravillas del Santo Rosario, tan arraigado en la piedad popular y tan recitado por los cristianos de ayer y de hoy.

Quisiera que aprovecháramos esta ocasión para descubrir, mediante el rezo del Rosario, el Rostro de la misericordia. Tal como nos enseña el magisterio eclesial, se trata de una oración que nos lleva a contemplar los misterios del Verbo Encarnado, de su vida luminosa entre nosotros, de su entrega redentora y de su glorificación definitiva. Cristo es el Rostro de la Misericordia. De ahí que, cuando realizamos las obras de misericordia damos a conocer este Rostro preciosísimo.

Pero, además, el Rosario tiene una gran fuerza – arma poderosa, la llamaba san Josemaría – demostrada en tantas ocasiones de la historia de la Iglesia, de los cristianos y del mundo. Recémoslo con piedad, devoción y confianza; y así, nos será más fácil dar de comer al hambriento, de beber al sediento, de vestir al desnudo, de visitar al enfermo o al encarcelado, de consolar, enseñar, corregir, rezar por los vivos y difuntos.

Madre nuestra, ayúdanos a contemplar a Tu Hijo y a tus hijos necesitados rezando esta oración que tanto es de tu agrado.

Mn. Xavier Argelich

Una mirada optimista

No podía ser de otra manera. En este año de la misericordia, la Jornada mundial de la Juventud en Cracovia ha supuesto, una vez más, una bocanada de aire fresco para la Iglesia. Podemos seguir mirando con optimismo el futuro. Los casi dos millones de jóvenes en torno al papa Francisco llena de esperanza a todos los creyentes. Jesucristo, imagen viva del Amor y la Misericordia, continúa atrayendo a los jóvenes, y a los menos jóvenes.

Seguramente muchos hemos podido comprobar la alegría y la ilusión con la que han regresado a sus casas tantos y tantas jóvenes, a pesar de las incomodidades del viaje, de las inclemencias del tiempo, del cansancio y de un largo etcétera de dificultades. La fuerza de la fe puede más. Y los momentos de intensa oración compartida con tantos miles de personas y con el papa los ha impulsado a responder que si a los retos del Papa, a decir Sí a Dios.

La certeza de que Dios es misericordioso con los hombres y mujeres de todos los tiempos nos llena de optimismo, que se debe traducir en un entusiasmo activo, como recordaba el Papa a toda la iglesia dirigiéndose a los jóvenes: “Hemos venido a este mundo a dejar una huella. Jesús es el Señor del riesgo, del siempre “más allá”(…). Para seguir a Jesús, hay que tener una cuota de valentía (…), ser capaces de contagiar esa alegría que nace del amor de Dios, la alegría que deja en tu corazón cada gesto, cada actitud de misericordia. Te está invitando a soñar, te quiere hacer ver que el mundo contigo puede ser distinto. Eso sí, si tú no pones lo mejor de ti, el mundo no será distinto. Es un reto”.

Mn. Xavier Argelich

María, asunta al cielo

María ha sido llevada por Dios en cuerpo y alma al cielo ¡y los Ángeles se alegran! Así canta la liturgia en laAsuncionVirgenMaria-15Agosto Solemnidad de la Asunción de la Virgen María que, como todos los años, celebraremos el día 15 de este mes. Nosotros también nos alegramos porque el Señor ha querido premiar la entrega de su Madre con este nuevo privilegio.

Esta Fiesta nos recuerda que Dios nos quiere con Él en el cielo. ¡Qué gran misericordia! La Asunción de la Virgen es la prueba evidente de que es así. Ella es la criatura más excelsa, la que ha secundado mejor la voluntad de Dios, y por eso ha obtenido ya el premio definitivo. Por la misericordia de Dios también nosotros alcanzaremos esta gracia, y la Asunción de la Virgen María es nuestra garantía más segura. Acudamos especialmente a Santa María para dejarnos llenar de esa misericordia: ¡no la rechacemos nunca! La vida del cristiano es una vida llena de esperanza; no cabe otra actitud en los hombres y mujeres que aman a Dios.

Mn. Xavier Argelich

Ejercitarse en las obras de misericordia

Es un buen momento para preguntarnos si estamos procurando vivir las obras de misericordia. Transcurrido un poco más de la mitad del año de la misericordia, os animo a hacer balance personal de cómo estamos poniendo en práctica lo que el Papa Francisco nos sugería al empezar este año jubilar: “La predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos”.

Los meses de verano son muy apropiados para vivir las obras de misericordia. Tenemos menos prisas, más tiempo disponible y de descanso y, aunque no lo parezca, más oportunidades para vivirlas: nos desplazamos, cambiamos de ocupación o de residencia, nos relacionamos con gente distinta a la habitual, nos encontramos con más turistas y, además, continuamos sin acoger a los miles de refugiados.

No dejemos pasar estas oportunidades y adentrémonos en el mundo de las obras de misericordia. No hace falta ponerse a la cola para ello, basta salir a la calle predispuestos a ayudar al prójimo en sus necesidades materiales y espirituales. Visitar o atender a un enfermo, familiar o no; no malgastar dinero, ni comida, ni comprar ropa que no necesitamos, aunque sea una ganga; escuchar a los demás; enseñar el camino de la auténtica felicidad al que tenemos al lado o ayudarle a enderezarlo. Mostrar con nuestra vida el auténtico valor de la vida cristiana. Y tantas situaciones que cada uno puede encontrar en sus circunstancias personales y sociales. Solo tenemos que procurar mirar a los demás con corazón misericordioso para descubrir lo que necesitan. Si rezamos poniendo a Cristo -no a nosotros mismos- en el centro de nuestra oración nos resultará mucho más fácil. Vivamos un verano propio del año de la misericordia.

Mn. Xavier Argelich