La Palabra se hizo carne

Iniciamos el año litúrgico con el tiempo de Adviento, en el que los cristianos nos preparamos para el nuevo advenimiento de Nuestro Señor Jesucristo al final de los tiempos y para celebrar su nacimiento, al llegar la plenitud de los tiempos, en Belén.

El amor de Dios a los hombres es tan grande que se hace uno de nosotros: el Verbo de Dios, la Palabra, se encarna en el seno virginal de María. Dios, que nunca ha abandonado a sus criaturas, viene a nuestro encuentro. Él, que ha hecho todo mediante su Palabra, envía a su Hijo al mundo para que nosotros podamos encontrarlo, escucharlo y volver a Él una vez hayamos aceptado su Palabra, sus designios amorosos para con nosotros.

La Encarnación y el Nacimiento del Verbo suponen un antes y un después para toda la humanidad. Que la celebración de la Navidad, precedida del Adviento, suponga un nuevo impulso a nuestra vida cristiana. Dispongámonos a escuchar y meditar de nuevo los acontecimientos que serán proclamados desde el ambón: el anuncio del Ángel a María, las deliberaciones de san José, el gozo de Isabel, el nacimiento en un portal de Belén, el anuncio a los pastores, el canto de los Ángeles, la adoración de lo Magos e, incluso, la ingratitud del género humano. Estemos dispuestos a escuchar y recibir en nuestro corazón la buena nueva de Navidad, la alegría de la venida del Hijo de Dios, que nos trae sus Palabras de vida y salvación.

Alimentemos, en estos días, nuestra vida espiritual con los textos sagrados que la liturgia nos presenta y fomentemos la ilusión de la venida de Cristo a la tierra. Vivamos esta espera alegre cuidando de manera especial la Eucaristía dominical. Las velas de la corona de adviento que encenderemos cada domingo iluminarán nuestro interior para dar cabida y cobijo a la Palabra, al Niño-Dios que nacerá en Belén. ¡Feliz Navidad!

Mn. Xavier Argelich

La Palabra nos santifica

Este mes recordamos a todos aquellos que han alcanzado la Bienaventuranza, y pedimos por los que todavía se purifican antes de llegar a la gloria definitiva.

Son aquellos que han escuchado la Palabra de Dios y la han puesto en práctica (cfr. Lc. 11,28). Nos han dado ejemplo de fidelidad a la Palabra de Dios y, a la vez, de conversión y luchas, de triunfos y derrotas, pero que han sabido levantarse y mantener la esperanza y el deseo de alcanzar la meta, el premio definitivo.

Escuchar la Palabra y vivirla nos santifica. Cristo nos enseña y muestra el camino de la santidad. Fomentemos y renovemos nuestros deseos de santidad, sin miedo a ser santos de verdad.

La Iglesia proclama la llamada universal a la santidad tal como Jesucristo nos la ha anunciado. Todos, con la gracia de Dios, podemos llegar a ser santos, es más, estamos llamados a ser santos con los medios que Él nos da y que encontramos en la Iglesia, y eso, por los méritos de nuestro Señor Jesucristo.

Hagamos nuestra la Palabra de Dios, que ella oriente nuestra vida, que sea el referente para nuestras decisiones, que sea la fuente de nuestra oración y que impregne todas nuestras relaciones personales, laborables y sociales.

Y no dejemos de rezar y ofrecer sufragios por todos los difuntos.

Mn. Xavier Argelich

El anuncio de la Palabra

Dios no se impone. Y es el único que podría hacerlo sin faltar a la justicia y a la libertad. Pero no lo hace. Ha escogido darse a conocer  a través del Verbo encarnado y anunciar y revelar la venida del Reino de Dios, de la salvación, para que cada uno libremente la acepte en su corazón.

Nuestro Señor Jesucristo, antes de volver al Padre, se dirige a aquellos que le han seguido y son testigos de su resurrección y les deja sus últimas palabras: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio”. Y así lo hicieron, y así debemos continuar haciéndolo todos los que creemos en Él.

La Palabra de Dios se nos ha dado para vivirla y transmitirla. Cuanto más la vivamos, más y mejor lograremos hacerla llegar a los demás hombres y mujeres.

La Iglesia y los cristianos no han dejado de hacerlo desde ese día de la Ascensión del Señor a los cielos. Ilusionémonos con el anuncio de la Palabra! Seamos verdaderos apóstoles, anunciadores del don de Dios, que sale al encuentro de todos y de cada uno de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Anunciar la Palabra de Dios es muy gratificante, ya que nos acerca más a Él y nos lleva a dar a los demás lo mejor que tenemos: Dios mismo. Anunciamos la felicidad, la alegría del Evangelio, la paz, la justicia, la verdad, la caridad, la fraternidad, etc. En definitiva, anunciamos el Amor de Dios a los hombres. Nada llena más que éste amor. Si acogemos el Amor de Dios habremos dado sentido a nuestra vida. Si, además, lo propagamos devolveremos a muchos el sentido de sus vidas. Sintamos con San Pablo ese Amor de Cristo que nos apremia y nos lleva a anunciar el Evangelio.

Mn. Xavier Argelich

Palabras de vida eterna

Al terminar el discurso eucarístico, recogido por san Juan en su evangelio, se produce una gran desbandada de discípulos del Señor. No han entendido el valor y significado de las palabras de Jesús. Ante ese abandono masivo de seguidores, Cristo se dirige a los doce y les pregunta si también quieren dejarlo. Pedro contesta por todos: “¿A quién iremos? Tú tienes Palabras de Vida Eterna”.

Ante los horribles atentados terroristas del pasado 17 y 18 de agosto de 2017, nuestra reacción fue la de rezar, acompañar lo más cerca posible a las víctimas, socorrerles en lo que pudimos, y también, rezar y perdonar a los causantes de la barbarie. Y continuamos haciéndolo. Pero esto no impide que reflexionemos y nos preguntemos qué pasa en nuestra sociedad.

Ante tal panorama, me vino a la cabeza la escena evangélica que acabamos de recordar. Son tantos los alejados de Dios, los que no conocen al verdadero y único Dios. Continuamos en desbandada. Y la solución nos la sigue dando Pedro después de tantos siglos: “A quién iremos, Tú tienes palabras de vida eterna”. Palabras de Verdad, de Caridad, de Amor, de Paz, que nos conducen a la auténtica libertad y felicidad. No nos dejemos engañar, Él es quien tiene palabras de vida eterna, no de muerte y destrucción. La Palabra de Dios nos lleva a vivir conforme a lo que somos y a construir una sociedad que nos lleve a alcanzar la perfección en Cristo.

Procuremos poner los medios para conocer bien esas palabras de vida eterna. Las distintas catequesis nos ayudarán a ello.

Mn. Xavier Argelich

El descanso de la Palabra

En el primer libro de la Sagrada Escritura, el Génesis, leemos el relato de la creación: “Y dijo Dios, hágase…” y todo se hizo según decía. Cada día veía lo que había hecho y era bueno. Llegó el séptimo día y la Palabra descansó. Es un relato que desde pequeños se nos ha quedado impreso en la memoria y, seguramente, no necesitamos acudir al texto impreso para recordarlo. Dios habla y crea. Dios hace todo a través del Verbo, de la Palabra, del Hijo. Y todo lo crea para Él. Y, además, también descansa.

Nos puede sorprender que Dios descanse. Jesucristo en el evangelio nos dice que su Padre “actúa ayer, hoy y siempre”. Parece contradictorio y. sin embargo, no lo es. No se trata de un descanso inactivo, hace falta que lo creado contemple al Creador y lo alabe. Además, la Palabra se nos revela a nosotros y nos muestra la necesidad de trabajar y de descansar. Cristo, experimenta también el cansancio y en ocasiones se retira con los Apóstoles a un lugar apartado para descansar.

Todos necesitamos descansar para seguir haciendo el bien. El descanso divino también nos habla: la vida activa debe ir unida a la vida contemplativa. El descanso nos lleva a agradecer y alabar a Dios por la creación. A darle culto siempre y especialmente el domingo. Procuremos aprovechar los períodos de descanso para cultivar el espíritu: el descanso facilita la oración, el recogimiento interior, la lectura espiritual y la práctica de las obras de caridad y servicio a los demás, especialmente en la vida familiar. ¡Aprovechemos bien el tiempo de descanso!

Mn. Xavier Argelich

Una agradable coincidencia

Estamos celebrando los cincuenta años del restablecimiento del culto en esta Iglesia de Santa María de Montalegre. El 28 de junio de 1967 por la tarde, víspera de la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, se celebraba de nuevo la Eucaristía y desde entonces se ha continuado celebrando todos los días durante estos años y, con la gracia de Dios, seguirá celebrándose.

Este aniversario ha coincidido con el nombramiento y elevación a la dignidad de Cardenal del arzobispo de Barcelona. El pasado miércoles 28 de junio, lo recibía de manos del Papa Francisco en el marco de la celebración del Consistorio de Cardenales en Roma. Desde aquí nos unimos a su acción de gracias, lo felicitamos y le aseguramos nuestras oraciones para que sea un fiel y eficaz colaborador del sucesor de san Pedro, y guía y pastor de nuestra Diócesis a la medida del corazón de Cristo, como ha demostrado desde su llegada a Barcelona.

Los Cardenales son los principales colaboradores del Papa en su función de gobierno de la Iglesia universal, por eso nos alegramos que el Pastor de nuestra Diócesis haya recibido esta nueva tarea, acercando así la figura del Vicario de Cristo a los fieles de esta porción del Pueblo de Dios y potenciando en nosotros la consciencia de formar parte de la Iglesia universal y la responsabilidad de llevar el mensaje de Cristo a todos los hombres y mujeres.

En el Evangelio encontramos numerosas referencias a la misión y tarea de todo el que cree en la Palabra anunciada. Y, en especial, a la misión y función de los elegidos por Dios para servir a todas las almas: a los pastores que dan la vida por sus ovejas. La figura del buen pastor ha sido una constante en la historia de la Iglesia y de su tarea evangelizadora. Que este nombramiento nos empuje a renovar nuestros deseos de servir a la Iglesia, que es servir a Dios y a la humanidad, con fe, humildad, sencillez, con mucho amor a Dios y a los demás, y con un gran afán apostólico.

Mn. Xavier Argelich

50 años de servicio en el Raval

El sábado 3 de junio celebramos una Misa de acción de gracias por los cincuenta años de labor pastoral en esta Iglesia de Santa María de Montalegre, desde que se reabrió al culto a finales del mes de junio de 1967.

Quiero dirigir, junto a todos, nuestro agradecimiento a Dios, por estos cincuenta años de servicio a la Iglesia de Barcelona y a toda la Iglesia universal, por todos los beneficios espirituales y materiales que han llegado a tanta gente durante estos años.

También agradecemos al Cardenal Arzobispo de Barcelona por habernos acompañado en la celebración y por sus palabras, que serán fuente de estímulo para seguir trabajando al servicio de Dios, de su Iglesia y de todas las almas, especialmente de las más necesitadas. Queremos seguir iluminando con nuestra fe, confianza y anuncio de la Palabra de Dios.

En este aniversario, quiero destacar la gran tarea que realizan las distintas entidades, de carácter social, surgidas de la labor pastoral realizada en Montalegre. Como bien sabéis, me refiero a la Acción social Montalegre, al Braval y al Terral. Gracias a tantos colaboradores son una realidad viva y eficaz al servicio de los habitantes del Raval.

Y, ahora, dirigimos nuestro agradecimiento a la Virgen María. Ella despliega su manto sobre todos nosotros y nos empuja a llevar la auténtica esperanza a todos aquellos que tenemos a nuestro alrededor. A través de Ella nos han llegado y continúan llegando innumerables dones espirituales y materiales. ¡Cuántos hemos encontrado en Montalegre el consuelo, el perdón y la gracia de Dios de la mano de María!

Mn Xavier Argelich

La Palabra habla de la Madre

Las Sagradas Escrituras presentan la acción de Dios, acto de Amor, encaminada a la salvación del hombre. Se sirve del mismo hombre para hacernos llegar sus designios de Padre, y especialmente a través de su Hijo, el Verbo hecho hombre. Una Virgen dará a luz un varón, nos anuncia el profeta Isaías. Y el ángel Gabriel se presenta a una joven llamada María: Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. María se turba ante estas palabras. Después de responder al ángel se apresura para ir a ayudar a su prima Isabel, que la saluda con unas palabras que repetimos con frecuencia: ¡Bendita tu eres entre todas las mujeres! Y cuando el Hijo oye la alabanza hecha a su Madre, responde con otra de mayor profundidad: ¡bienaventurados más bien los que oye la Palabra de Dios y la ponen por obra! Es la biografía completa de María. Pero, las últimas palabras del Hijo son las que manifiestan su voluntad eterna para su Madre y que perpetúan la unión de María en la misión redentora y salvífica del Hijo: ¡Mujer, ahí tienes a tu hijo!, y dirigiéndose al discípulo amado dice: ¡Aquí tienes a tu Madre!

Pocas palabras referentes a María, pero de una gran profundidad teológica y espiritual, a la vez que son de una sencillez y comprensión inigualables. Manifiestan el Amor inmenso del Hijo a la Madre y a todos nosotros. Sabernos hijos e hijas de María, acogerla en muestra casa como Madre, es garantía de que cumpliremos la voluntad de Dios a lo largo de nuestra vida. Junto a María encontraremos el camino que nos conduce a Dios, y con Ella, sabremos reencontrarlo si en alguna ocasión nos despistamos y perdemos o nos desviamos del camino. Como afirmaba san Josemaría, ¡A Jesús se va y se vuelve por María! Procuremos tratarla como lo que es: Madre de Dios y Madre nuestra.

El mes de mayo, mes de María, ha de suponer para cada uno de nosotros un crecimiento del deseo de amar a Dios de la mano de María. Si amamos a la Madre, amaremos al Hijo. Así lo comprobaron los pastorcillos de Fátima. Como decía Jacinta: “Me gusta mucho decirle a Jesús que lo amo”.

Mn. Xavier Argelich

Escuchar la Pasión de Cristo

Nos estamos preparando para celebrar los principales misterios de nuestra fe. Y lo hacemos, escuchando la Palabra de Dios. Abrimos los evangelios y descubrimos que los cuatro escritores sagrados narran la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Viernes Santo, como todos los años, proclamaremos la Pasión según San Juan. Domingo de Ramos, con lo que damos inicio a la Semana Santa, escucharemos, este año, el relato que hace San Mateo. Acudiremos estos días en estos textos Sagrados, nos pondremos en la presencia de Dios y dejar que su Palabra nos hable en la cabeza y el corazón.

Con matices diversos, los evangelistas recogen los momentos principales de la entrega total de Jesucristo para la redención de toda la humanidad. En su Sacrificio estamos presentes todos los hombres y mujeres de todos los tiempos. Cristo se entrega hasta la muerte para que tengamos Vida en Él, cargando con nuestros pecados, perdonando y así darnos la posibilidad de ir a su encuentro.

Nos puede ser de gran utilidad meditar la Pasión del Señor contemplando un santo Cristo, al igual que lo han hecho tantos santos. Mirar Cristo en la Cruz, con un corazón contrito y agradecido, nos llevará a comprender un poco más el valor de una vida de entrega a Dios ya los demás. Descubriremos el Amor inmenso de Dios para cada uno de nosotros y para todos.

El relato, sencillo y verdadero, los sucesos sufridos por Jesucristo nos deberían ayudar a descubrir la autenticidad de los hechos y de las palabras recogidas en los evangelios, apreciando el afán de la Iglesia para ser fiel a esta Palabra, y el esfuerzo que hace para que llegue a todos.

¡Feliz Pascua de Resurrección!

Mn. Xavier Argelich

La Cuaresma y el don de la Palabra

Este año damos inicio a la Cuaresma el mismo día que comenzamos el mes de marzo. Empezamos este tiempo de conversión y penitencia recordando nuestra procedencia y nuestro destino con la imposición de la ceniza. Se trata de un signo bien visible de la necesidad de morir a la carne para nacer a la vida del espíritu. Procuremos vivirlo con deseos sinceros de crecimiento espiritual a través de las prácticas habituales de este tiempo, como nos recuerda el Papa Francisco en su mensaje cuaresmal: “La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna”.

Actualmente se hace necesario profundizar en el porqué de éstas prácticas. Para ello es preciso acudir a las fuentes de donde emanan las recomendaciones de la Iglesia: los Evangelios, la Palabra de Dios. Ahí encontramos el fundamento de toda la vida cristiana y, por lo tanto, también de la necesidad de purificarnos, renovarnos, convertirnos constantemente y más en Cuaresma.

Nuestro Señor Jesucristo, para afrontar los años intensos de predicación y manifestación pública del Reino de Dios, y, para llevar a cabo la salvación de los hombres y mujeres de todos los tiempos mediante su pasión y muerte en la cruz, se retira cuarenta días en el desierto para ayunar y orar. Nos muestra la manera de vencer las tentaciones del maligno y las prácticas propias de toda conversión personal para vivir el querer de Dios y llegar al triunfo de la nueva vida en Cristo resucitado.

El Papa nos anima a vivir la Cuaresma desde el Evangelio, descubriendo el don de la Palabra y en ella, descubrir que los demás son, también, un don. Adentrémonos en las principales parábolas evangélicas y descubramos estos dones de Dios.

Mn. Xavier Argelich