Consideraciones al respecto de “Sexe i joves” (Sexo y Jóvenes)

 
El Departamento de Salud de a Generalitat de Cataluña y el Instituto Catalán de la salud han hecho pública la página web “Sexo jovenes” en el dominio “gencat”, dirigida especialmente a los adolescentes y jóvenes sobre temas relacionados con la sexualidad. Por causa de los criterios que se mencionan, y por la confusión que puede crear sobre los valores morales en los adolescentes y los jóvenes, la Delegación Diocesana de Pastoral Familiar del Arzobispado de Barcelona, quiere ofrecer su reflexión a las personas que buscan, sobre esta materia, un criterio cristiano, y como expresión de una parte de la sociedad catalana que se preocupa por la educación de sus adolescentes y jóvenes y no se ve reflejada en en los juicios y los criterios promovidos desde una entidad pública como el Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña.
El Documento no formula juicios éticos en principio; se presenta como una página informativa y neutra. Pero en estos temas, la simple información ya es una opción ética clara. La opción es ésta: en temas de sexualidad y embarazo, el interesado o interesada tiene abiertas, delante suyo, todas las posibilidades; cualquier decisión que tome es buena. Se trata sólo de informar.
Este es un criterio perverso. No se acepta este criterio en otros ámbitos de los comportamientos humanos: en los negocios, en la circulación, en la educación de los hijos, en la práctica médica o judicial, en la resolución de los conflictos entre personas, entre grupos o entre pueblos. En todos los ámbitos de la vida humana, sabemos que hay comportamientos positivos y comportamientos negativos, que quiere decir que son éticamente buenos o éticamente malos. Si alguien se presenta diciendo que todo está permitido, será acusado de ser un ser socialmente peligroso. En cambio, este es el criterio de este Documento en cuanto a la experiencia sexual, las relaciones de pareja, la regulación de la natalidad o el aborto.
El Documento aplica, prácticamente sin ninguna limitación, el criterio de la permisividad total en el ámbito de la sexualidad y de la pareja, erigiéndose en derecho que cualquiera puede exigir a los educadores o a la sociedad. Para evitar una visión negativa de la sexualidad acaba permitiendo e incluso promoviendo todo tipo de experiencias, como si la permisividad total fuera garantía de validez ética, de salud psíquica y de realización personal.
El ámbito de las relaciones humanas y de la sexualidad, como todos los otros, se ha de vivir según el criterio fundamental de la auténtica vida humana. Ésta está marcada por el amor personal y el respeto a toda vida humana, ya desde el primer momento. Los tabúes y las represiones no se superan a base de aceptar cualquier tipo de experiencias, porque éstas terminan dañando al otro o a uno mismo. Sólo la búsqueda sincera de ser fiel a los valores morales puede ayudar a hacer crecer a la persona y ofrecerle una verdadera realización personal. La verdadera vida ética consiste en someter y orientar las propias tendencias biológicas, también las sexuales, al amor auténtico, maduro y sincero, a la persona del otro, al servicio respetuoso de la nueva vida que puede aparecer en la relación sexual.
El cuerpo no es un juguete, no tiene como finalidad ser una caja de resonancia para conseguir el máximo placer. Los demás no son objetos para conseguir relaciones efímeras y sin valor en función de intereses primarios personales, como presenta la página “sexo jóvenes”. Desde nuestra posición cristiana podemos aportar una nueva visión: las relaciones sexuales tienen mayor valor cuando se reconoce que han de ser fruto de una donación personal, donación de amor total, y que significan un compromiso fiel, responsable y definitivo, como pertenece la dignidad del ser humano. Afirmamos también que la vida es sagrada e inviolable y que merece todo el respeto y protección desde el primer momento hasta el último.
El Documento del Departamento de Salud de la Generalitat realiza una labor social y educativamente muy negativa. Con la excusa de la información liberadora y neutra, de hecho promueve una concepción de las relaciones humanas y de la sexualidad que destruye la obra educativa de las familias y de las escuelas, porque la educación de los hijos es un derecho inalienable de los padres. Lo lamentamos porque la Generalitat es nuestro gobierno, y creemos que se debería poner al servicio de los esfuerzos y los ineludibles derechos y deberes educativos de los padres, de las escuelas y de toda la sociedad, que intentan que nuestros adolescentes y jóvenes vivan en el respeto, el amor personal y su realización auténtica, respetando todos aquellos valores que dan sentido a la vida de las personas y de las familias.
Barcelona, 17 de junio de 2010

Corría por nuestras venas la sangre del corazón immaculado de María

 En mayo del 2010 nos fuimos de peregrinación al Santuario de  Fátima,  para acercarnos más a la Virgen Santísima

  La ruta mariana de la iglesia  de este mes de mayo se había pensado desde hacía muchos meses, y la organización para ir a Fátima, prácticamente a la vuelta del verano del 2009, ya tenía los motores en total revolución. Las fechas se establecieron: 14, 15 y 16 de mayo de 2010. Después supimos los días en que iría el Santo Padre, Benedicto XVI, pero ya no pudimos cambiar el calendario. 

Pero el tiempo y las cosas van pasando día tras día y el día de la salida llegó, por fin!. Llovía como tantos otros días de esta primavera. Pero nada nos iba a desanimar. Aquel volcán islandés nos hizo rezar todavía con más intensidad porque nos estuvo  amenazando hasta dos días antes de la salida. En el punto de reunión de la terminal nos encontramos los 29 peregrinos que definitivamente formaba el grupo. En algún momento llegamos a ser más numeroso pero se produjeron bajas de diferente índole, por razones de salud o familiares, cosa que hizo posible que se activara la lista de espera. Y aquellas dos que se pudieron sumar a la peregrinación como la Carmen U y la Carme M., llamada cariñosamente “la marquesa”  estaban la mar de contentas. 

Todos y todas llegamos al aeropuerto con una extrema puntualidad. Estos fieles de Montalegre procedían de lugares muy dispares, cuatro vinieron del Vallés, cuatro más de Badalona (no obstante Isabel M. había venido de Xàtiva para la ocasión), la Francesca de Vic, la Carmen U de Esplugues, y así sucesivamente hasta  completar el total con los de Barcelona. Una vez superada la recogida de la tarjeta de embarque, era necesario superar el control policial. Todos los peregrinos para evitar que la autoridad competente iniciara la tarea de tirar las máquinas de afeitar, las gillettes, y cualquier otra cosa a la basura y sin contemplaciones, facturamos la maleta. Cada uno llevaba encima un mínimo indispensable pero el arco no va paró de pitar. Los varones tenían que aguantarse los pantalones con las manos, y en las bandejas se veía todo lo que todos llevábamos encima. Muchos también fuimos explorados manualmente porque los botones de los tejanos estaban bajo sospecha. 

Por fin, ya llegamos a la cafetería. No sabíamos cual iba a ser la puerta de salida. Mientras tanto, la tour leader obsequió en nombre de la organización el pack del peregrino con todos los trípticos informativos, estampas, pastillas de regaliz, la gorra, la tarjeta identificativa y alguna cosa más. En el tiempo de espera nos fuimos conociendo y descubrimos que Juan es piloto del ejército del aire del Ministerio de Defensa español. Por lo tanto, cualquier imprevisto ya lo teníamos resuelto, por un lado “nuestro piloto” resolvería cualquier eventualidad de la cabina de pilotaje, y Mn. Francesc, rector de la iglesia, nos daría, al límite, la última bendición para ir directamente al cielo sin pasar por Fátima. 

Las turbulencias estaban aseguradas ya que habíamos de atravesar la manta de nubes, y como más arriba no llueve, era cuestión de resistir ese  ir de un lado para otro, durante un ratito. Nos sirvieron unos productos portugueses muy buenos así que unos cuantos peregrinos no desaprovecharon la ocasión de volver a desayunar.  Se acercaba el mediodía y cuando llegamos a Lisboa era la misma hora! Ganamos una hora, era como estar en Londres o en Las Canarias. 

No se perdió ninguna maleta, todos tranquilos! El autocarista nos esperaba como estaba previsto. El trayecto entre el aeropuerto y Fátima es de 116 kilómetros, que a la velocidad de Portugal se hicieron en un abrir y cerrar de ojos. Veíamos en el horizonte el paisaje de las montañas y cómo el cielo se iba cubriendo con una nube negra o negrísima que nos fue amenazando todo lo quedaba de día. Pero lo fuimos domesticando y finalmente llovió muy poco, pero fue suficiente para que al día siguiente Alba y Rosa se compraran unos paraguas, que todavía no habíamos visto por aquí. 

En la Residencia de las Irmes de Amor do Deus ya nos estaban esperando, pues Portugal tiene horario europeo, es decir, se almuerza a las 13 horas y se cena antes de las 20 h.  Pero su amabilidad  hizo posible que en este sentido nos fuéramos adaptando sin problemas.  Era de esperar que almorzáramos y cenásemos el plato nacional: La Sopa, y además de verduras; en definitiva Marita lo definió como “vientre plano”. No faltó el bacalao al estilo más portugués: bacalao con patatas y gratinado al horno con huevo batido, Qué cena, la del sábado! 

No podíamos perder tiempo, a las 16 horas ya volvía el autocarista para ir de excursión. Se trataba de iniciar la peregrinación propiamente dicha. Hicimos dos grupos, uno que iba en autocar, ocasión que Joan aprovechó para informar por el micrófono, de detalles históricos del entorno y de otras informaciones de los lugares de las apariciones. Otro grupo con la tour leader fuimos  a pie. Todos quedamos en encontrarnos en Valinhos, en el lugar donde se apareció el ángel y la Virgen Santísima. El paseo andando no iba a ser más de dos km. Salimos de la residencia  en dirección a la rotunda de los Pastorinyos. Allí se inicia el camino del Via Crucis (o Via Sacra)  oración que puede hacerse parando en las catorce capillitas, todo un regalo de los cristianos húngaros, salvados de la invasión de los rusos, en el año 1956. En el camino rezamos el rosario del día, y como si estuviese medido lo  acabamos justo ante la capilla de la Virgen Santísima, allí le cantamos el “Salve Madre” (de Torres). 

Seguimos el camino y después de subir al mirador de la capilla (donde se estaba celebrando misa, en un idioma eslavo) oímos muchos cantos o mucha alegría que venia del santuario. Después supimos que uno que desistió ir de excursión, porque lo que quería era ir a saludar a la Virgen Santísima, se encontró  con una concentración impresionante  de jóvenes neocatecumenales, que llenos de entusiasmo, estaban decididos a evangelizar el mundo, tal como ha de ser. 

Los dos grupos confluimos en Loca do Cabeço cuyas imágenes reflejan la aparición del ángel a Jacinta, a Francisco y a Lucía, unos lugares verdaderamente especiales, dónde se percibe que es un lugar santo. Seguimos caminando hasta Aljustrel donde se pueden visitar las casas de los Pastorinyos, y el lugar del pozo donde también el ángel les habló y les preparó para  la llegada de la Virgen Santísima. Las cámaras digitales no pararon un instante, y se fueron formando grupos de peregrinos para tener todos una foto de aquel sitio tan bonito. 

Y tampoco podíamos entretenernos más ya que el sacerdote que nos acompañaba celebraría la santa misa en la residencia a la hora prevista. El regreso lo hicimos todos juntos, era necesario reservar fuerzas para todo lo que quedaba por hacer. Habíamos preparado, además del Misal,  los textos de les lecturas de la Santa Misa, las plegarias y los cantos de comunión. Ayudó a misa Juan el cual también leyó las plegarias;  Rosa leyó las lecturas y Magda marcó el inicio  de los cantos con la nota adecuada.  Después de cenar el plan que ofrecía la organización se había acabado, comenzaba el  tiempo libre

A pesar de todo lo que habíamos hecho y rezado,  como estábamos muy cerca del santuario, fue imposible resistirse de ir a saludar a la Virgen Santísima. Hacía  fresco y lloviznaba; la gran mayoría de los peregrinos no habían estado nunca en Fátima, sin embargo todos sabían que a las nueve y media de la noche se rezaba el Rosario de las Velas. Es un rosario que se reza en la capilla de la Virgen, ante la encina donde se apareció; no es la original porque hace muchos años se incendió pero en el mismo lugar crece otra de forma exuberante. Todos los misterios del rosario se rezan en los diversos idiomas de los grupos de peregrinos que se han inscrito. No resulta extraño oír ruso, eslovaco, polaco, y francés, también italiano, inglés, español…filipino, una oración universal en donde se alza en procesión la imagen de la Virgen de Fátima, rodeada de cantos deliciosos de amor celestial. 

Una vez acabada la procesión, el campanario de la basílica toca por última vez las horas, hasta el día siguiente a les 7 que vuelve a repicar. 

Y se inicia el segundo día de peregrinación con un desayuno tipo continental, y ya había comentarios de algunas personas que al poco de salir del santuario se  perdieron pero todo acabó bien, solo fue un pequeño susto de desorientación inicial. El sábado 15 de mayo tenía una lista de actividades muy intensa  y con tiempo libre para que los peregrinos fueran a su aire. Una vez acabado el desayuno  fuimos a visitar la Basílica donde están enterrados los beatos Francisco y Jacinta, los cuales murieron cuando  eran unos niños, aproximadamente dos años después de las apariciones en el 1917. También está enterrada Lucia, que traspasó hace cinco años. Con gran devoción la gente va pasando, haciendo cola por toda la nave central del templo, parándose ante las tumbas para hacer una petición o una oración. 

Cuando hicimos la inscripción – varios meses atrás- del grupo de la Iglesia de Santa Maria de Montalegre, habíamos efectuado  la reserva de una capilla para que el sacerdote celebrara la Santa Misa muy cerca de la Virgen. Se nos asignó la Capilla de la Sagrada Familia, un espacio pequeño pero suficiente acogedor para nuestro grupo. Fernando ayudó a Misa, Carme M. leyó las lecturas, y la Magda la nota musical. 

Al salir, lucía el sol y aprovechamos para hacer una  fotografía de grupo. Y como Mn. Francesc nos había explicado en las dos homilías que en el libro de “Memorias de la Hermana Lucía” se recogía realmente todo lo que pasó en las apariciones, y en el cual se destacan aspectos de los Pastorinyos de altísimo nivel teológico, a continuación del recuerdo fotográfico, fuimos a asaltar la librería del santuario para comprarlo. Alguno llegó tarde y no lo encontró; pero por la tarde ya habían repuesto ejemplares, o también en la librería que estaba delante de la residencia se resolvió la compra. Ahora será necesario leerlo….. 

El sol se iba comportando, cada hora que pasaba, un poco mejor,  ya despuntaba calor y subía el color a la cara. Era de agradecer porque habíamos de atravesar la explanada hasta al fondo donde se inauguró en el año 2004 la iglesia de la Santísima Trinidad; puede acoger hasta 8900 persones sentadas y 100 sacerdotes concelebrando juntos, era evidente que se había de visitar. La puerta principal a media mañana estaba cerrada, y esto no podía ser!!. Pero en esta vida todo tiene una explicación, estaba celebrándose la Santa Misa y la iglesia estaba llena! Dios mío, llena! Cuando vimos salir tanta gente de aquel lugar santo sentimos una inyección de esperanza impresionante. 

En los subterráneos a los cuales se accede desde allí mismo, podemos encontrar varias exposiciones sobre Fàtima, toda la historia detallada, con reportajes fotográficos, y varias capillas, una con la exposición permanente del Santísimo, allí rezamos un ratito; en la capilla de la Reconciliación, hay sacerdotes confesando permanente, en diversos idiomas; también la capilla de la Resurrección, etc. Fàtima, sin duda, es un santuario para  rezar. 

Nos acercábamos al mediodía… era necesario volver a la residencia ya que habíamos de cumplir el horario. A la hora del café los peregrinos habían confraternizado, los que ya se conocían como Josep y  Quintana  no paraban de hacer buen ambiente, y otros como Vicenta, la tour leader, nombrada la pastora (sobrenombre que le puso Anna C.) con la marquesa  y Ana, la enfermera, no pararon de hablar y reír, incluso cuando ya la mayoría se habían retirado a descansar después del almuerzo. Pero era necesario resolver una cosa, corrió la voz  que unas señoras del grupo querían confesarse. Así que la tour leader, de nuevo, se dirigió al santuario a la búsqueda de una solución para el grupo. 

El servicio de información, que a lo largo de toda la organización y ahora en el santuario, especialmente Aline, nos  atendió con mucha amabilidad, facilitando toda la información que necesitábamos,  llamó por teléfono a la Capilla de la Reconciliación para que después de la visita que teníamos concertada en el Museo -Exposición, pudiera nuestro sacerdote ocupar un confesionario y ejercer su ministerio. La Hermana Isailda, una vez allá nos dio unas pequeñas indicaciones. 

En el museo nos esperaban unos minutos antes de la cinco de la tarda, así que los peregrinos fueron llegando y entramos puntualmente en grupo. El billete de la entrada era un libretito que describía de forma sintética todos los objetos que íbamos a ver. Previamente nos proyectaron un documental muy interesante. No obstante, lo mejor del museo fue la guía, Hermana Maria Leopolda Ledesma, de origen filipino, que no solamente explicaba todo los contenidos de las vitrinas y que de hecho estaba en el librito, sino lo que va valió la pena fueron todos sus comentarios llenos de amor y ternura dirigidos siempre a  la Virgen Santísima, con un afán apostólico impresionante; acabó su recorrido con el mensaje de Fátima, invitándonos a difundirlo porque es un mensaje de amor a Dios, haciendo oración, penitencia y  viviendo el amor a Cristo. 

Después de la visita guiada, el grupo  tuvo l su tiempo libre para ir a comprar objetos religiosos, entre otras posibilidades, contemplar, por ejemplo unos restos del Muro de Berlín. A continuación, la cena al estilo portugués con un postre de flan natural que nos endulzó y ensanchó la fraternidad. La noche era clara y no demasiado fresca, así que era de prever que el Rosario de las Velas lo viviríamos plenamente. Entonces nos dimos cuenta que para la próxima peregrinación a Fátima será imprescindible llevar una sillita plegable de golf… de playa… porque fue  materialmente imposible sentarse, salvo por gestos llenos de generosidad que cedían el asiento a las señoras que se veía que sufrían rampas en las piernas  o en circunstancies similares de necesidad. 

La procesión dio la vuelta a todo el santuario. Sería necesario decir aquí muchas cosas, adjetivos y palabras, para describir adecuadamente aquella noche. Es probable que muchos otros sábados hayan sido o sean iguales o mejores a aquel que vivimos, en realidad da igual. Lo cierto es que el hecho de que miles de personas (quince mil?) de noche y con velas encendidas íbamos cantando a la Virgen Santísima, sintiéndonos muy cerca  de Ella, y nos sobre venía una paz grandiosa, corriendo por  nuestras venas la sangre de su Corazón Inmaculado. La esperanza aumentaba  a cada paso que dábamos, mientras las piernas temblaban o corrían las lágrimas de gozo. Nos sentíamos felices porque la auténtica felicidad nos viene de Dios, y las gracias de la su Madre Santísima. 

Y llegó  el tercer día, de buena mañana alguna peregrina del grupo, antes del desayuno ya se había plantado ante de la Capilla de la Virgen porque no se había podido desprenderse del impacto de la noche anterior. Después de desayunar, con  aquel café que no es de origen americano, al que estamos habituados, sino africano,  el sacerdote bendijo todos los objetos religiosos, desde rosarios de todas clases y estilos hasta estampas, y sin más en un pim pam todo quedó bendecido. 

El plan de la mañana era participar en los actos que el Santuario prepara para  todas las peregrinaciones  peregrinos. En primer lugar, el Rosario a las 10 horas, el cual finaliza con la procesión de la Virgen Santísima de Fátima, hasta el altar exterior instalado ante la puerta principal de la Basílica. Se trataba de ir a la caza de un sitio para sentarse. El asunto estaba muy difícil ya que en el recinto no había ni una sola silla, solamente los bancos alrededor de la Capilla, y varias filas de sillas bajo los arcos laterales de la basílica. Un grupo numeroso e inteligente de peregrinos se instaló en los arcos, disfrutando de las primeras filas, pudiendo hacer un amplio reportaje fotográfico de la procesión de los presbíteros que concelebrarían la Santa Misa, inclusive Mn. Francesc. 

Otras personas del grupo redirigieron a la explanada para encontrar un sitio donde sentarse, como la Vicenta, la Carme M y Ana; la tour leader se quedó atrapada entre la multitud ante el mismo  altar del recinto y  vio muy de cerca toda la celebración, a pleno sol. 

La celebración de la Misa Internacional del día de la Ascensión del Señor la presidió el Obispo Auxiliar de Oporto, el cual dedicó la homilía a invitarnos a seguir a Cristo,  a pesar de que vivamos en un ambiente difícil, entre otras cosas. De vuelta, la Marissín que había estado muy valiente, se  desorientó y aunque  la residencia estaba muy cerca le costó volver. Nos esperaban para el almuerzo, ya se sobrepasaba una de la tarde y casi todos estaban a punto de comer muy contentos, pero faltábamos unos cuántos… nos habían adelantado la hora del almuerzo y no llegó a todos el cambio horario.  Además de todo lo explicado,  el día 16 de mayo era una jornada importante: se acababa la liga de fútbol española!  ¿Tendríamos la posibilidad de saber qué equipo sería el campeón de la liga en el mismo instante de producirse?, los barcelonistas ya empezaban  a inquietarse….

La tertulia del último café implicó a la organización, ya se preguntaba dónde sería la próxima peregrinación. Se aceptaron todas las propuestas ya que en aquel momento todos tenían ganas de iniciar otra peregrinación, a pesar de que todavía estábamos en Fátima. Sin embargo, ahora era necesario hacer la maleta y recoger todas las cosas. Antes de subir al autocar para regresar al aeropuerto, al pie de las escaleras de la residencia, hicimos la última foto del de grupo, donde faltó alguna persona ya que prefirió la foto que aparecer en ella. El retorno no fue a la misma velocidad que a la ida, pero aquí nuestros radares se habrían disparado. Como era la hora de la siesta el autocar parecía que circulaba vacío, se dormía,  se escuchaba música o se leía, un tiempo plácido.

 Solo nos quedaba la aventura del aeropuerto, todos juntos facturamos las maletas y sin embargo, nos diseminar  por todo el avión. El control policial tuvo el mismo estilo que a la ida, pitidos, revisiones, exploraciones al tacto, cinturones fuera, todo normal, como suele ser. Nos tocó la Gate 10, es decir, al otro extremo de la terminal. Pero, naturalmente, queríamos hacer una parada en las tiendas para comprar productos cien por cien portugueses, como vino de Oporto, pastelitos, paté y otros productos.  

Una vez acomodados en el lugar de la llamada a al embarque y  a punto de cumplirse la hora fijada, nos faltaba una señora que había aguantado bien el viaje pero en tenía dificultad para caminar. Y en las distracciones de las compres se despistó y se dirigía en la dirección opuesta. La encontramos, mientras en la Gate 10 se celebraba el triunfo de la liga,  cantando el himno del Barça. El vuelo  fue muy bueno, tampoco se perdió  ninguna maleta. Ya  en  Barcelona, mientras esperábamos el equipaje nos despedimos con besos y abrazos, agradeciéndonos mutuamente todas las atenciones. Es obligatorio destacar aquí que fue un grupo que se cohesionó enseguida y favoreció la buena marcha de todas las actividades; algunas personas han sido citadas, pero todos han sido estupendos. Todos y todas insistieron que les avisásemos para  la próxima peregrinación, así que la lista de espera ya está abierta! para ir a un nuevo santuario. No obstante, yo me  quedé cosida al abrigo de Fátima. 

Isabel Hernández Esteban

Me confieso de arrepentirme

Por Josepmaria Pastor Muñoz
tomado de Temes d’Avui

Es asombroso el impacto de la confesión en los niños. Me refiero al sacramento de la penitencia, al “confesarse de los pecados”. Un acto tan sencillo como el pedir perdón a Dios a través del sacerdote logra alcanzar las fibras más profundas del corazón. Incluso personas que se han confesado una sola vez, antes de recibir la primera comunión, no logran olvidar ese momento, aunque sea para ridiculizarlo. Hace unos días leía un artículo que reflejaba esta situación.

Se confesó –venía a decir su autor– porque debía recibir la primera comunión; porque luego recibirían los típicos regalos; porque, además, harían una gran fiesta… La razón de su confesión era siempre malévola, interesada y, en ningún caso, por arrepentimiento. No se acordaba de los pecados que dijo al confesor y, si no se los inventó –pues le parece muy difícil que un niño cometa pecados– es porque mentir en la confesión, eso sí que sería un tremendo pecado. Su autor se recordaba a sí mismo como un niño sin fe, pragmático y calculador. Y ahora, que ha alcanzado la madurez, parece que intenta excusarse de aquella confesión de su infancia; sólo le faltaba declarar: “Yo confieso ante el lector de que, cuando me confesé, lo hice sin mala intención, no sabía lo que hacía, sólo quería conseguir el primer reloj de mi vida, no tenía ningún pecado, yo no quería… pero me obligaron”.

Dios le ofrecía, al refugio de un viejo confesionario, el perdón de sus pecados de niño. Pero ahora, prefiere la absolución del lector de la columna de un periódico.

Hace unos cuantos años confesaba en la capilla de un colegio. Cuatro niñas de siete u ocho años jugaban en los alrededores de la capilla. Aguardaban, a su manera, que les llegara el turno de confesión. Les animé a entrar en la capilla para hacer con Jesús el examen de conciencia. Mientras hablaba, las observaba atentamente para comprobar que entendían mi explicación, cuando una de ellas me interrumpió: “Yo siempre tengo delante mis pecados”.

Así piensan muchos niños. Quizás, así pensaba aquel niño que ahora dice que sólo soñaba con un reloj y que en su madurez se arrepiente de haberse arrepentido. No se da cuenta de que el tiempo que marcaba el reloj de su primera comunión, no puede volverse atrás, por más que renunciemos a nuestro pasado. No quiere reconocer lo evidente: todos somos pecadores, todos hemos de pedir perdón. Si se ha de pedir perdón al sacerdote, al psiquiatra o al lector, eso es cuestión de fe. El problema, entonces, será: ¿Quién de los tres me podrá, verdaderamente, perdonar?

Josepmaria Pastor Muñoz

Las mujeres en primera línea de la Iglesia

Por Remedios Falaguera
tomado de Temes d’Avui

Como mujer, católica y, por qué no decirlo, feminista, (entendiendo por ello, una defensa del hombre y la mujer, iguales en dignidad y derechos –por el hecho de ser creados por Dios a su imagen y semejanza–, pero con el enriquecimiento de sus naturalezas diferentes, que les hace ser, no uno mejor que otro, sino complementarios), me atrevo a reivindicar el papel fundamental que juega la mujer no sólo en la Iglesia, sino en la familia, la cultura, la educación, el trabajo profesional, en definitiva, en la sociedad en general.

Por esta razón, afirmo sin ningún rubor que no necesito “figurar” en un cargo eclesiástico para evidenciar mis cualidades femeninas con las que “saber hacer” un mundo más humano. Ni mucho menos. Sabedora de que en la la iglesia de Jesucristo, somos todos iguales, pero cada uno de sus miembros tiene su función y sus competencias, me sorprende cómo todavía hay quien arremete contra la Iglesia por no aceptar la ordenación de mujeres.

Reconozco que es un tema complicado y no pretendo hacer una disquisición de la tradición litúrgica y teológica acerca del papel de la mujer en la Iglesia del S. XXI. Para ello hay muchos teólogos que son especialistas en interpretar la Revelación y tutelar la doctrina de la Iglesia como servidores de los hombres.

Más aún, si alguno de ustedes desea profundizar en el tema, les puedo aconsejar la lectura del Código de Derecho Canónico de 1983, la Declaración Inter insigniores, el Catecismo de la Iglesia Católica, de 1992, la Mulieris dignitatem, o más concretamente la Carta apostólica Ordinatio sacerdotalis de Juan Pablo II,en la que podemos leer: “Por tanto, con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos (cf. Lc 22,32), declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia.”

No obstante, el hecho de que el sacerdocio por voluntad de Jesucristo sea un sacramento que lo reciben los hombres no es, ni muchísimo menos, un signo de discriminación de la mujer en su participación en la Iglesia , o que la jerarquía no reconozca, rechace o margine sus dones y habilidades, e incluso, que sólo “se sirva” de las feligresas para realizar pequeños servicios materiales, como reparar un radiador que gotea, colocar flores frescas en el altar, o limpiar los despachos parroquiales después de la catequesis.

Es cierto que, considerando la importancia que Jesucristo daba a la mujer, una novedad revolucionaria para sus tiempos que rompió todos los moldes de la época, podría haber elegido a una mujer de gran valía humana y moral para realizar actividades de responsabilidad en la Iglesia. Pero, por motivos que solo Él conoce, no lo hizo. ¿La razón? No tengo ni idea. Sólo sé que Cristo quiso que la Iglesia fuese como es. Y, sus hijos, que vivimos de la fe en el mensaje que nos dirigió y de fidelidad a Su Iglesia, debemos grabarnos a fuego en el corazón que “la fidelidad a Cristo implica, pues, la fidelidad a la Iglesia, y la fidelidad a la Iglesia conlleva a su vez la fidelidad al Magisterio de la Iglesia” (Juan Pablo II a los profesores de teología en Salamanca en noviembre de 1982).

Es Él quien llama y elige. La iniciativa viene de lo alto. Por lo tanto, ¿Quiénes somos nosotros para distorsionar esta llamada?

¿Tan difícil resulta comprender que “la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia”?

¿O que el sacerdocio es un sacramento, y como tal, Dios decidió que “la ordenación sacerdotal, mediante la cual se transmite la función, confiada por Cristo a sus Apóstoles, de enseñar, santificar y regir a los fieles, desde el principio ha sido reservada siempre en la Iglesia católica exclusivamente a los hombres”, como señala la Carta apostólica Ordinatio sacerdotalis de Juan Pablo II?

Por lo tanto, dejémonos de bobadas. A pesar de que muchas mujeres son conscientes de su valía personal y humana para realizar “casi” todas las actividades de gobierno, gestión y evangelización reservada a los sacerdotes, no significa que la Iglesia se deje llevar por un machismo rancio y trasnochado excluyéndolas de ese servicio, ni que las considere menores en dignidad y en valía. “Porque Él conduce a su Iglesia, de generación en generación, sirviéndose indistintamente de hombres y mujeres, que saben hacer fecunda su fe y su bautismo para el bien de todo el Cuerpo eclesial para mayor gloria de Dios”, dice Benedicto XVI. Y añade, no podemos confundir “los carismas que el Espíritu Santo otorga a las mujeres en la historia del Pueblo de Dios”. Al contrario. Nunca como hasta ahora, las mujeres han jugado un papel tan necesario e insustituible en la vida de la Iglesia.

Es más, estas palabras me recuerdan a la Madre Teresa de Calcuta, a la que le gustaba decir: “Yo soy el lápiz de Dios. Un trozo de lápiz con el cual Él escribe aquello que quiere. Soy como un pequeño lápiz en su mano. Eso es todo. Él piensa. Él escribe. El lápiz no tiene que hacer nada. Al lápiz solo se le permite ser usado.”

Todo depende de Él. Nosotros, hombres y mujeres, somos meros instrumentos en sus manos, pequeños lápices, dispuestos a dejarse manejar para realizar esta locura de Amor.

Remedios Falaguera

Terremotos y maremotos; ¿son señales del fin del mundo?

Por Enrique Cases
Tomado de Temes d’Avui

Los medios de comunicación recogen con sorpresa la acumulación de desgracias naturales que siembran muerte y destrucción. Terremoto en Haití. Terremoto, maremoto y tsunami en Chile. Inundaciones en Perú. Ochenta barcos atrapados por el hielo en el Báltico. Ola gigante siembra muerte en el tranquilo mar Mediterráneo. La contemporaneidad de los hechos mueve la curiosidad e intenta explicarlos. Alguno pensará en los signos profetizados para los últimos tiempos a los que se puede añadir una extensa apostasía en los países más cristianos, el aumento extraordinario del aborto y la eutanasia que son un cumplimiento de la profecía recogida por Marcos: “el hermano entregará al hermano, y el padre al hijo y se levantarán los hijos contra los padres para hacerles morir” (Mc 13,12).

Vale la pena recoger los textos que hablan de los signos del fin de los tiempos para despertar la vigilancia y saber entender los signos de los tiempos. Veamos primero a Mateo que es el más extenso tratando el tema. “En cuanto a aquel día y a aquella hora, nadie la conoce: ni los ángeles, ni el Hijo, sino sólo el Padre”; cosa comprensible pues el temor, el desaliento, el cansancio, o la despreocupación podrían hacer mella en los hombres y conviene que cada uno luche en el presente. Respecto al final absoluto queda claro que se trata de un Juicio lleno de verdad: “Y cuando venga el Hijo del hombre en su majestad y todos los ángeles con Él, entonces se sentará sobre el trono de Su Majestad, y serán congregadas delante de El todas las gentes, y los apartará los unos de los otros, como el pastor aparta las ovejas de los cabritos”.

Estas revelaciones son importantes pues muestran que existe un final de la historia y un cumplimiento cabal de la sabiduría divina sea cual sea la respuesta humana, pero importa menos para la persona individual, ya que cada uno al morir es juzgado según sus obras; los justos van al Cielo, los pecadores al infierno, y aquellos que están en gracia pero tienen pecados veniales o imperfecciones por purificar van al Purgatorio, según nos enseña la doctrina cierta de la Iglesia. Lo más novedoso son los signos que precederán al momento final, inicio de la consumación y del tiempo de prueba para la Humanidad entera. Eso es lo que reveló Jesús a los suyos contemplando aquel Templo que sería destruido al poco tiempo por la incredulidad de muchos.

Las palabras del Señor sobre lo que acaecerá en los últimos tiempos se van mezclando con lo que sucederá al Templo y al Israel incrédulo, y, en cierta manera, sucederá siempre a la Iglesia a lo largo de los siglos. Muchas veces se ha visto lo sucedido a Jerusalén como un preludio de lo que puede suceder a la humanidad si no se da una suficiente fidelidad a Dios. Veamos lo fundamental de las palabras del Señor.

Lo primero es el engaño, las guerras y las catástrofes naturales. Así lo enuncia uno de los evangelistas: “mirad que nadie os engañe. Muchos vendrán en mi nombre diciendo: ‘Yo soy´, y engañarán a muchos. Cuando oigáis que hay guerras y rumores de guerras, no tengáis miedo. Es preciso que esto suceda, pero no es todavía el fin. Pues se levantará pueblo contra pueblo y reino contra reino. Habrá terremotos en diversos sitios, habrá hambres”. Muchos han visto en estas palabras lo que sucedió antes del año 70 en que fue destruida Jerusalén. Es notorio que también han sucedido muchas cosas similares a lo largo de la historia, pero parece que serán más intensas estas pruebas antes del fin definitivo, pues es sólo “el comienzo de los dolores”. Quedémonos con los consejos de Jesús para estas pruebas: “No tener miedo”, “No dejarse engañar”, “Prepararse para la batalla de la fe”.

La segunda serie de señales es la aparición de persecuciones similares a las que padeció Cristo. Con estas revelaciones les previene contra la tentación de pensar que el suyo será un triunfo fácil. Mateo lo escribe así: “Entonces os entregarán a los tormentos, y os matarán, y por mí seréis odiados de todos los pueblos. Muchos desfallecerán y unos a otros se traicionarán y se odiarán mutuamente. Surgirán muchos falsos profetas y con el crecer de la maldad se enfriará la caridad de muchos”, realidades fuertes que sólo atempera la insinuación de San Pablo sobre la conversión de los judíos. Ante el posible temor producido por estos descubrimientos les consuela diciendo que tendrán una ayuda especial del Espíritu Santo para perseverar: “El que persevere hasta el fin, ese se salvará”, es más, “No se perderá ni un cabello de vuestra cabeza”, pero necesitan paciencia.

Las señales de la ruina de Jerusalén también son aplicables al fin del mundo, se trata de la “abominación de la desolación”. Con esta expresión el profeta Daniel señala una idolatría enorme, algo así como la profanación del Templo de Dios realizada por Antíoco al colocar un ídolo allí; o bien ocupar el lugar más sagrado de una manera sacrílega y llena de un sorprendente poder. Las palabras “donde no debiera estar”, citadas por Marcos, quizá anuncian un poder humano que intentará suplantar el poder divino en la tierra que ejerce la Iglesia. El consejo del Señor para esta situación es rezar: “Orad para que no suceda en invierno”, expresión que quizá quiere decir con pocos frutos, aunque la oración de los justos acortará el tiempo de prueba. “Habrá en aquellos días tal tribulación cual no la ha habido desde que Dios creó hasta ahora, ni la habrá. Y si el Señor no acortase aquellos días, nadie se salvaría. En atención a los elegidos se abreviará”. Estas señales ya son más directamente aplicables al fin de los tiempos.

La tercera serie de señales es la aparición de falsos Cristos y falsos profetas, capaces de hacer prodigios y “de engañar si fuera posible a los elegidos”, dice el Señor. San Pablo añade que vendrá “una gran apostasía”, unida a la aparición de “un anticristo” al que llama “hijo de la perdición que se opone y se alza contra todo lo que se dice Dios o es adorado, hasta sentarse en el templo de Dios y proclamarse a sí mismo Dios”.

La destrucción de Jerusalén fue escenario de lo esencial de estas señales, las cuales son signos de lo que sucede ahora y lo que sucederá al final en un grado máximo. Jesús ilustrará su revelación del futuro con algunas palabras como la de la higuera estéril, las vírgenes, los talentos, para exhortar a la vigilancia: “estad alerta, vigilad; porque no sabéis cuando vendrá este tiempo”, pues “no sabéis ni el día ni la hora”; e incluso les previene de una insensata confianza como la que se dio antes del diluvio universal “se comía, se bebía, tomaban mujer y marido, hasta el día que Noé entró en el arca”.

El final de la exposición de Jesús sobre aquellos hechos fue sorprendente, pues dijo: “Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se obscurecerá y la luna no dará su resplandor y las potestades de los cielos se conmoverán. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre, y en ese momento todas las tribus de la tierra prorrumpirán en llantos. Y verán al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes con gran poder y gloria. Y enviará a sus ángeles que, con trompeta clamorosa, reunirán a sus elegidos desde los cuatro vientos, de un extremo a otro de los cielos”. Realmente es el dies irae del que habla San Pablo: día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual retribuirá a cada uno según sus obras: la vida eterna para quienes, mediante la perseverancia en el bien obrar, buscan gloria, honor e incorrupción; y la ira y la indignación, en cambio, para quienes, con contumacia, no sólo se rebelan contra la verdad, sino que obedecen a la injusticia”

Si a estos signos unimos el cumplimiento de la profecía de la vuelta a Jerusalén de las doce tribus dispersas por el mundo, como ocurrió en 1948, conviene que la vigilancia serena para perseverar ha de encontrarse bien purificada.

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Me gustaría terminar con algunas breves consideraciones: primeramente decir que señales como las mencionadas anteriormente las ha habido a lo largo de la historia. No son definitivas –”el día y la hora nadie lo sabe”– sino que son signos que nos han de mover a la vigilancia y a la conversión. En segundo lugar que si estos signos nos muestran la justicia de Dios, nunca podemos olvidar que en Dios la justicia se da unida a la misericordia: estos hechos son llamadas que nos tienen que llevar a seguir el camino del hijo pródigo, a volver hacia la casa del Padre. Y en tercer lugar que los cristianos hemos de vivir siempre de esperanza, virtud que nos dice que, después de una purificación, nos aguarda el abrazo de Dios Padre en la vida eterna.

Enrique Cases