Peregrinaciones en el mes de mayo de 2026:  Torreciudad y Barbastro ¡Apúntate ya!

Anunciamos que como cada año, el día 1 de mayo de 2026 iremos de romería al Santuario de Torreciudad (Huesca) que durará toda la jornada. Participaremos la santa misa en el templo y en el santo rosario en procesión con la Virgen de Torreciudad. Se podrán visitar libremente todos los espacios, el museo de imágenes de la Virgen que han peregrinado al santuario, el paseo y la visita a la ermita, entre otros. Almorzaremos todos juntos bajo los arcos de la explanada con lo que cada uno lleve en su mochila. Por la tarde regresaremos a Barcelona. El precio por persona es de 35 e.

 

También os convocamos, en ocasión del Centenario de la Fundación del Opus Dei, a una segunda opción de peregrinación. Se trata de ir de romería al Santuario de Torreciudad (Huesca) toda la jornada del día 1 de mayo de 2026 en el mismo plan que hemos explicado y una vez acabados los actos saliendo de Torreciudad iremos a Barbastro. Nos alojaremos en un hotel, con cena, y desayuno y almuerzo del sábado día 2 de mayo. Durante esta jornada el sacerdote que nos acompañará celebrará misa para el grupo de peregrinos en la Catedral de Barbastro. A continuación un guía especializado nos acompañará a diversos lugares donde san Josemaría vivió durante su infancia. Por la tarde regresaremos a Barcelona. El precio por persona en habitación doble es de 150 e. (todo incluido).

 

PARA INSCRIPCIONES LLAMAR POR TELÉFONO A LAS OFICINAS DE MONTALEGRE: 933 014 347

En el caso de desear una habitación individual en el hotel, indíquelo por teléfono

Comunicación Montalegre

Murió santamente Da. María Pilar Casals Lamarca

El lunes 9 de febrero de 2026, a las doce y media del mediodía, se celebró en la Iglesia de Santa María de Montalegre el funeral corpore insepulto de nuestra estimada María Pilar Casals Lamarca que murió en Barcelona, confortada con los Santos Sacramentos y la Bendición apostólica, en la madrugada del domingo día 8 de febrero a la edad de 85 años.

El templo de Montalegre, incluso una de las gradas, se llenó de fieles que acompañó a la numerosa familia de Da. Pilar allí presente. La misa exequial fue presidida por el rector de Montalegre, Mn. Xavier Argelich Casals, hijo de la difunta y veinticuatro presbíteros más. El féretro se colocó lo más cerca posible del altar como símbolo de cercanía al misterio de la resurrección de los muertos, con cuatro candelabros y flores blancas encima del mismo. La celebración litúrgica estuvo centrada en la esperanza de la resurrección, la oración por el descanso eterno de la difunta y el consuelo de los familiares.

El velatorio tuvo lugar la tarde anterior en el Tanatorio de Sant Gervasi de Barcelona, con la asistencia de numerosas personas. Presentaron sus condolencias a los familiares, hombres y mujeres de la Obra así como otras amistades de la familia. A lo largo de la tarde acudieron también sacerdotes, algunos de la prelatura del Opus Dei y cada uno rezó la oración del responso junto a la urna de la difunta. Pudimos contemplar a Da. Pilar con un rosario entre las manos, como si rezáramos con ella. En el libro de condolencias, quién lo deseó expresó a su modo frases de cariño y esperanza para la familia.

 

Semblante biográfico

Da. María Pilar Casals era supernumeraria del Opus Dei, fue una persona muy activa en su vocación y tuvo siempre mucha devoción a la Virgen Santísima, muy rezadora de santos rosarios. Se casó con el Sr. Agustí Argelich Twose cuyo matrimonio ha culminado a los 63 años. Juntos tuvieron siete hijos, actualmente vivos son seis. A su vez han tenido 21 nietos y 9 bisnietos. Se licenció en Filosofía y Letras, rama Pedagogía. Trabajó en el Colegio La Pureza de María de maestra durante muchos años, la representación del cual también estuvo presente en el funeral. Después de una vida muy trabajada y siempre junto a Dios, ahora descansa en paz.

 

Isabel Hernández Esteban

Aquellos días blancos de su niñez

En nuestro caminar hacia el centenario de la Fundación del Opus Dei hemos empezado, el mes pasado, a conocer a su Fundador, san Josemaría Escrivá, el instrumento escogido por Dios para proclamar al mundo entero la llamada universal a la santidad. Como vimos, nació en una familia cristiana en la ciudad de Barbastro, Huesca. Ahí transcurrió su niñez y adolescencia. Al recordar esos años solía emplear una expresión que nos puede ayudar a conocer más su personalidad y su gran humanidad. Solía recordar esa época como: “aquellos días blancos de mi niñez”.

Dejemos que nuestro protagonista nos lo relate: “recuerdo aquellos blancos días de mi niñez: la catedral, tan fea al exterior y tan hermosa por dentro… como el corazón de aquella tierra, bueno, cristiano y leal, oculto tras la brusquedad del carácter baturro. Luego, en medio de una capilla lateral, se alzaba el túmulo donde la imagen yacente de Nuestra Señora descansaba… Pasaba el pueblo, con respeto, besando los pies a la Virgen de la Cama… Mi madre, papá, mis hermanos y yo íbamos siempre juntos a oír Misa. Mi padre nos entregaba la limosna, que llevábamos gozosos, al hombre cojo, que estaba arrimado al palacio episcopal. Después me adelantaba a tomar agua bendita, para darla a los míos. La Santa Misa. Luego, todos los domingos, en la capilla del Santo Cristo de los Milagros rezábamos un Credo. (Apuntes Íntimos,  núm. 228 y 229).”

Sus padres le enseñaron a rezar y a practicar las obras de misericordia. Los testimonios le describen como un niño de carácter abierto y aficionado a la lectura. Tal como él mismo nos cuenta sus padres lo educaron “dejándome en libertad muy grande desde chico, vigilándome al mismo tiempo con atención. Trataban de darme una formación cristiana (…) Todo normal, todo corriente, y pasaban los años”.

Era un chico normal que iba creciendo con una sólida educación humana y cristiana, con el afecto y amor de sus padres, sabiendo afrontar las dificultades con sentido sobrenatural, especialmente la dolorosa y repentina muerte de tres hermanas de corta edad. El Señor iba preparando su instrumento como hace con todos para que llevemos a Cristo al mundo entero.

Mn. Xavier Argelich

 

Montalegre, escuela de monaguillos

En la santa misa solemne de la semana, la cual se celebra todos los domingos a las 12h en Montalegre siempre participan monaguillos así como en algunas festividades importantes del calendario litúrgico con la alba blanca. Los fieles habituales de la iglesia hemos visto crecer a estos jóvenes que de recién recibida la Primera Comunión iniciaron sus pinitos de monaguillos. Se han dejado enseñar con humildad y sus tareas las realizan no solo bien sino también con respeto y elegancia.

Actualmente reciben la formación para recibir el sacramento de la Confirmación, también en Montalegre. Por ello el domingo 25 de enero de 2026, después de la misa, en la sala polivalente, se realizó un agradable encuentro de las familias de estos chicos con Mn. Xavier Argelich y Mn. Javier Jarne. Como se puede observar, el almuerzo fue muy variado, elaborado por los mismos miembros de las familias, con un toque asiático pues algunos de ellos son filipinos. No podía faltar el arroz, el pollo frito, las gambas y los fideos.

A estos jóvenes se les agradece públicamente su colaboración continuada para que a la santa misa no le falte detalle.

Comunicación Montalegre

En una familia cristiana

El inicio de un nuevo año nos impulsa siempre a fomentar renovados deseos de mejorar como personas y como cristianos. La Iglesia cada año nos invita a poner nuestra mirada y confianza en Santa María, Madre de Dios. Es una invitación a poner bajo su amor maternal esos buenos deseos y a reconocer que sin su ayuda nos será difícil llevarlos a término.

Junto a Santa María encontramos a Jesús y a san José, la Sagrada Familia de Nazaret. Jesús ha querido nacer en una familia y así santificar la familia humana y recordarnos que el amor humano es reflejo del amor de Dios. Al empezar un nuevo año procuremos vivificar el agradecimiento a Dios por el amor de nuestros padres y fomentemos todo aquello que hace posible que las familias sean ese auténtico reflejo del amor divino.

San Josemaría nació el 9 de enero de 1902 y siempre agradeció a Dios y a sus padres el haber nacido en el seno de una familia cristiana. Recordémoslo con sus propias palabras: “Dios Nuestro Señor fue preparando las cosas para que mi vida fuese normal y corriente, sin nada llamativo. Me hizo nacer en un hogar cristiano, como suelen ser los de mi país, de padres ejemplares que practicaban y vivían su fe”.

Las fiestas que acabamos de celebrar y nuestro deseo de ir preparando el centenario de la Fundación del Opus Dei, nos ayudan a considerar la importancia de la formación cristiana desde la tierna edad en el seno de la familia. La piedad, las virtudes, los buenos modales, la diligencia en el trabajo y la importancia del estudio y la cultura se aprenden en la familia principalmente. Así lo vivió san Josemaría desde bien pequeño. De esta manera el Señor lo fue preparando para que su respuesta a su voluntad fuera eficaz.

Entre todas las cosas que aprendió este santo en el hogar cristiano de sus padres quisiera destacar una: La tierna y firme devoción a la Virgen María y su agradecimiento especial por su curación cuando tenía dos años.

Mn. Xavier Argelich

Dios entra en nuestra vida con ternura y sencillez

En la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, y en el marco de la 59ª Jornada Mundial de la Paz, el Papa León XIV nos ha dicho: La paz nace de un corazón desarmado que se deja bendecir por Dios… Cada día puede ser, para cada uno de nosotros, el comienzo de una vida nueva, gracias al amor generoso de Dios, a su misericordia y a la respuesta de nuestra libertad.

En Montalegre, en la homilía de la misa solemne hemos escuchado que en esta fiesta de Santa María Madre de Dios finaliza la octava de Navidad, y nos alegramos con Ella. Quizá habremos hecho balance y revisados los propósitos del año anterior 2025, y no siempre suele ser un balance positivo, por ello es mejor ponernos en manos de María, Madre de Jesús, Madre de Dios. Si dirigimos una mirada al belén habremos visto que los pastores se admiran de todo lo que ven, se sorprenden, y dice el evangelio que María lo guardaba todo en su corazón. Por ello pidamos al Señor que nos agrande nuestro corazón. Si Ella es Madre de Cristo, nosotros que formamos parte de la Iglesia también es madre nuestra y sabe lo que es la migración, la espera, la esperanza, el miedo, las dificultades.

Esta paz de corazón no es una paz ingenua, es la paz profunda para ser sembradores de paz y alegría. Dios entra en nuestra vida con ternura y sencillez, esa ha de ser nuestra actitud con agradecimiento a Dios, descubriéndolo en lo pequeño de cada día.

Isabelita

Hoy celebramos la Fiesta de la Sagrada Familia y la liturgia nos propone el relato de la huida en Egipto

En el último domingo del año y siguiente a la Navidad, la Iglesia Universal celebra la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret, el modelo de vida por antonomasia para toda la humanidad. Por ello transcribimos a continuación las palabras que el santo padre León XIV ha dirigido a los fieles desde el balcón de la plaza de San Pedro del Vaticano, antes del rezo del ángelus de esta jornada que ha correspondido con el día 28 de diciembre de 2025, fiesta de los Santos Inocentes.

Queridos hermanos y hermanas: ¡feliz domingo!

Hoy celebramos la Fiesta de la Sagrada Familia y la liturgia nos propone el relato de la “huida en Egipto” (cf. Mt 2,13-15.19-23).

Es un momento de prueba para Jesús, María y José. Sobre el resplandeciente cuadro de la Navidad se proyecta, casi de improviso, la inquietante sombra de una amenaza mortal, que tiene su origen en la atormentada vida de Herodes, un hombre cruel y sanguinario, temido por su crueldad, pero precisamente por eso profundamente solo y obsesionado por el miedo a ser destronado. Cuando se entera por los magos de que ha nacido el «rey de los judíos» (cf. Mt 2,2), sintiéndose amenazado en su poder, decreta la muerte de todos los niños de la edad de Jesús. En su reino, Dios está realizando el milagro más grande de la historia, en el que se cumplen todas las antiguas promesas de salvación, pero él no es capaz de verlo, cegado por el miedo a perder el trono, sus riquezas, sus privilegios. En Belén hay luz, hay alegría; algunos pastores han recibido el anuncio celestial y ante el pesebre han glorificado a Dios (cf. Lc 2,8-20), pero nada de esto logra penetrar las defensas blindadas del palacio real, salvo como un eco distorsionado de una amenaza que hay que sofocar con violencia ciega.

Sin embargo, precisamente esta dureza de corazón resalta aún más el valor de la presencia y la misión de la Sagrada Familia que, en el mundo despótico y codicioso que representa el tirano, es el nido y la cuna de la única respuesta posible de salvación: la de Dios que, con total gratuidad, se entrega a los hombres sin reservas y sin pretensiones. Y el gesto de José que obediente a la voz del Señor, lleva a salvo a la esposa y al niño, se manifiesta aquí en todo su significado redentor. De hecho, en Egipto crece la llama del amor doméstico a la que el Señor ha confiado su presencia en el mundo y cobra vigor para llevar la luz al mundo entero.

Mientras contemplamos con asombro y gratitud este misterio, pensemos en nuestras familias y en la luz que ellas también pueden aportar a la sociedad en la que vivimos. Lamentablemente, el mundo siempre tiene sus «Herodes», sus mitos del éxito a cualquier precio, del poder sin escrúpulos, del bienestar vacío y superficial, y a menudo, sufre las consecuencias con la soledad, la desesperación, con las divisiones y conflictos. No dejemos que estos espejismos sofoquen la llama del amor en las familias cristianas. Al contrario, protejamos en ellas los valores del Evangelio: la oración, la frecuencia a los sacramentos —especialmente la confesión y la comunión—, los afectos sanos, el diálogo sincero, la fidelidad, el realismo sencillo y hermoso de las palabras y los gestos buenos de cada día. Esto las convertirá en luz de esperanza para los entornos en los que vivimos, escuela de amor e instrumento de salvación en las manos de Dios (cf. Francisco, Homilía en la Misa por el X Encuentro Mundial de las Familias, 25 junio 2022).

Pidamos entonces al Padre del Cielo, por intercesión de María y san José, que bendiga a nuestras familias y a todas las familias del mundo, para que, siguiendo el modelo de la familia de su Hijo hecho hombre, sean para todos un signo eficaz de su presencia y de su amor sin fin.

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Comunicación Montalegre

Acércate al Niño, báilale

El rector en la Misa del día de Navidad, el 25 de diciembre de 2025, nos dijo que el Niño Jesús es el Verbo, lo que significa que estaba antes de todo y se hizo carne, no engendrada ni nacida de deseo humano, sino de Dios mismo.

Recordó la frase que Montalegre había escogido para felicitar la Navidad a través de la felicitación de este año 2025 de San Josemaría del libro Forja, punto 345:

Llégate a Belén, acércate al Niño, báilale, dile tantas cosas encendidas, apriétale contra el corazón… —No hablo de niñadas: ¡hablo de amor! Y el amor se manifiesta con hechos: en la intimidad de tu alma, ¡bien le puedes abrazar!

Vamos a acercarnos al Niño, no temáis, se hace alcanzable, aumentemos este deseo de ir a Él, viene a restaurar la vida eterna, una vida con Dios. En ocasiones nos olvidamos de que en su infinito amor se hizo hombre y con ello nos convirtió en hijos de Dios. Nace en una noche oscura para que veamos que en una noche oscura también hay una luz. Abracémosle y pidámosle que nos ayude pues con nuestras propias fuerzas no podemos nada, bailemos y cantemos junto a Él. Confiemos en Él siempre también ante tantas dificultades, pues Él mismo, siendo Dios, nació en medio de la pobreza sin que nadie les ayudara, desnudo, al calor de los animales, arropado con paja. A final de la misa nos acercaremos a besar la imagen y a decirle cosas ¡encendidas!

Siguiendo el Leccionario de la Misa, el día 27 de diciembre de 2025 celebramos la fiesta de San Juan Evangelista, uno de los doce apóstoles de Jesús que nos presenta un Evangelio en el que a los que reconocemos el nacimiento de Dios hecho hombre pasamos a ser considerados hijos de Dios y nos invita a vivir en comunión con ese testimonio de San Juan, que al momento de la resurrección de Jesucristo vio el sepulcro vació, salvo las sábanas dobladas que habían servido de sudario, y creyó. A partir de ahí su vida fue una entrega total a la vida apostólica y al celibato apostólico. Reflexionemos y pidamos vocaciones a este modelo de vida en medio del mundo.

Isabelita

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