500 días de preparación para servir mejor a Dios, a la Iglesia y a la sociedad, camino hacia el Centenario de la Fundación del Opus Dei

Transcripción literal de la web oficial del Opus Dei  Mensaje del Padre de 19 de marzo de 2026

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Está todo hecho y todo por hacer. También en el camino de preparación para el Centenario de la Obra que estamos recorriendo, nos ha guiado esta frase tantas veces meditada por san Josemaría. Todo hecho, porque Dios inspiró la Obra a nuestro Padre; todo por hacer, porque siempre nos abre nuevos horizontes en fidelidad al origen.

Hoy celebramos la fiesta de san José, patrono de la Iglesia universal y de la Obra. Nuestro fundador solía llamarlo «mi padre y señor» y lo recordaba como «el hombre de la sonrisa permanente y el encogimiento de hombros». ¡Cuánto podemos aprender de él! Como modelo e intercesor, nos ayuda a transitar la vida, con sus luces y sombras, penas y alegrías, y a mantener el corazón lleno de deseos de amor y de fidelidad.

De la mano de san José, vuelvo a hablaros del Centenario de la Obra. El 10 de junio de 2021 os informé de que la celebración abarcaría los quinientos días que van desde el 2 de octubre de 2028 al 14 de febrero de 2030, como expresión de unidad: mujeres y hombres, laicos y sacerdotes. También os decía que se había constituido un comité para pensar en los preparativos y organizar un proceso de recoger sugerencias, que nos ha permitido experimentar, una vez más, aquello en lo que insistía tanto don Javier: la Obra está en nuestras manos. Deseo agradecer al comité y a todos y todas el interés y la participación en estas tareas.

Como sabéis, las últimas Asambleas regionales tuvieron como tema el “Camino hacia el Centenario”. Al considerar este verdadero coro de voces de casi setenta países, doy gracias a Dios por el espíritu de unidad y fidelidad, fundamento de la permanente renovación apostólica y espiritual, que deseamos vivir para dar respuesta a las encrucijadas de cada época. Jóvenes y mayores, miembros de la Obra, cooperadores, amigos y muchas personas que formaron parte de la Obra en algún momento de su vida, os habéis detenido a considerar cómo encarnar hoy, con una fidelidad dinámica, el espíritu que san Josemaría recibió de Dios para servir a la Iglesia. Una consideración agradecida del pasado, acompañada de un examen humilde, y una mirada esperanzada del futuro es lo que querría transmitiros en este mensaje para, juntos, vivir el Centenario.

En vuestras aportaciones, han resonado con especial fuerza tres ámbitos de nuestra existencia en medio del mundo: la familia, el trabajo y la formación. Al leer vuestras reflexiones sobre la familia, se nota un deseo renovado de que cada hogar sea una verdadera «Iglesia doméstica», reflejo del hogar de Nazaret. Del mismo modo, habéis subrayado que el trabajo no es solo una tarea humana, sino un ámbito de encuentro personal con Jesucristo. Los permanentes cambios en las realidades profesionales y sociales nos interpelan para encontrar el modo de que el Evangelio impregne el sentido del trabajo y contribuya a humanizar –y, por tanto, cristianizar– las relaciones laborales y todas las formas de trabajo, transformando la labor cotidiana en un servicio generoso y lleno de sentido. La formación que recibimos es un impulso para configurarnos con Cristo y vivificar el mundo desde dentro.

En los próximos años se seguirá aprovechando ese valioso material, que condensa las ilusiones y las necesidades de todos. La situación de la Iglesia y de la sociedad es a la vez entusiasmante y delicada, y comprobamos que la gracia de Dios sigue actuando. La Obra, como parte de la Iglesia, nunca está ajena a las vicisitudes de este mundo. Más allá del proceso de adaptación de los Estatutos –que comenzó hace casi cuatro años, y sigue en estudio en la Santa Sede–, tenemos abundantes desafíos y oportunidades para servir a la Iglesia como quiere ser servida hoy.

Concretamente, recorreremos este camino con agradecimiento a Dios al ver cómo crece el número de personas que le buscan y que participan en los medios de formación, las conversiones que el Señor suscita gracias al trato de amistad y las nuevas iniciativas apostólicas. Toda esta vitalidad es ocasión de reconocer la acción de Dios, de quien proceden los frutos, y la entrega de los muchos hijos e hijas míos –hermanos vuestros– que han dado su vida por los demás.

A la vez, en esta etapa de continuidad, no faltan retos, en consonancia con los que atraviesan todos los cristianos. Por ejemplo, en la mayoría de las regiones se notan las dificultades para que los jóvenes perciban la belleza de la llamada al celibato apostólico. Por otra parte, con el paso del tiempo, deberemos abordar la dificultad del relevo de los mayores, laicos y sacerdotes. Esto hará necesario buscar en cada región nuevos modos de seguir cumpliendo nuestra misión. Esta situación requerirá –como se ha señalado de forma unánime en las Asambleas regionales– un enfoque prioritario en la labor apostólica con jóvenes y un genuino protagonismo de los supernumerarios: seguir mejorando su formación para que todos estemos en primera línea en este apostolado capilar, abiertos en abanico.

Han pasado casi cinco años desde aquel primer mensaje que os dirigí sobre el Centenario, y nos vamos acercando a la celebración. De acuerdo con la Asesoría Central y el Consejo General, os propongo prepararnos espiritualmente para ese momento meditando el ejemplo de los primeros cristianos: hombres y mujeres de toda condición y origen que dieron testimonio de la fe en Jesucristo hasta transformar la sociedad. Nuestro Padre recordaba que «si se quiere buscar alguna comparación, la manera más fácil de entender el Opus Dei es pensar en la vida de los primeros cristianos. Ellos vivían a fondo su vocación cristiana; buscaban seriamente la perfección a la que estaban llamados por el hecho, sencillo y sublime, del Bautismo. No se distinguían exteriormente de los demás ciudadanos» (Conversaciones, n. 24).

Con este telón de fondo, desearía que en los próximos años considerásemos con mayor profundidad algunos aspectos centrales del espíritu del Opus Dei, que san Josemaría sintetizó en frases y expresiones que conocemos y que constituyen para nosotros un don y una tarea. El 19 de febrero pasado, en un encuentro con sacerdotes, León XIV resaltaba las palabras de Jesús a la mujer samaritana: «Si conocieras el don de Dios» (Jn 4,10). Y comentaba el Papa: «El don, como sabemos, es también una invitación a vivir una responsabilidad creativa (…). Con nuestra creatividad y nuestros carismas, estamos llamados a colaborar con la obra de Dios. En este sentido, son iluminadoras las palabras que el Apóstol Pablo dirige a Timoteo: “Te recuerdo que reavives el don de Dios que está en ti” (2Tim 1,6)».

Reavivar el don de Dios es lo que deseamos hacer especialmente en estos próximos años. Concretamente, entre el 2 de octubre de 2026 y el 2 de octubre de 2027 sugiero profundizar en la idea de ser contemplativos en medio del mundo, con la que nuestro Padre condensaba muchos elementos del espíritu del Opus Dei: la filiación divina, la Misa como centro y raíz de nuestra existencia, el valor de la vida ordinaria y la belleza de descubrir ese «algo divino» escondido en las realidades más comunes del trabajo, la familia y la vida ciudadana.

En el siguiente año, hasta el comienzo del Centenario el 2 de octubre de 2028, desearía que tuviéramos más presentes las enseñanzas de san Josemaría sobre la amistad y la confidencia, siendo cada una y cada uno para los demás «Cristo que pasa», y descubriéndolo también en los demás. En nuestra vocación, la amistad es el lugar privilegiado de evangelización, pues en los lazos de amistad compartimos el evangelio de corazón a corazón.

Finalmente, del 2 de octubre de 2028 al 14 de febrero de 2030 os invito a meditar sobre el trabajo, desde la secularidad, partiendo del pensamiento de san Josemaría: «Santificar el trabajo, santificarnos con el trabajo, santificar a los demás con el trabajo», inspirando la transformación del mundo según el corazón de Jesús. El mensaje de san Josemaría sobre el trabajo adquiere un valor particular cuando la idea misma de trabajo como lugar de santificación está cuestionada, y a la vista de los cambios tecnológicos y culturales, que influyen decisivamente sobre las personas. En este contexto, con la gracia de Dios y nuestro ejemplo, a pesar de nuestras limitaciones y defectos personales, muchos encontrarán a Cristo en sus vidas, llenándolas de sentido.

Durante los próximos años, nos prepararemos espiritualmente considerando estas tres enseñanzas centrales de san Josemaría, con el deseo de servir mejor a las personas que nos rodean, a la Iglesia y a la sociedad entera. Nuestro Padre veía a sus hijas e hijos como «sembradores de paz y de alegría». Deseamos hacer realidad ese sueño.

Continuemos rezando por estas intenciones, en sintonía con la exhortación perenne de nuestro Padre: «Desde el comienzo de nuestra Obra, no me he cansado de enseñar lo mismo: la única arma que poseemos es la oración, rezar de día y de noche. Y ahora os vuelvo a repetir lo mismo: ¡rezad!, ¡rezad!, que hace mucha falta» (Carta 28-III-1973, n. 5).

La vida de san José se centró en contemplar, amar y cuidar a Jesús y María, desde su condición de padre de familia y trabajador en Galilea. Le pedimos que nos acompañe en este camino hacia el Centenario.

Como es natural, también en este contexto, unámonos sinceramente a la oración del Santo Padre por la paz en el mundo, atravesado por tanta guerra y destrucción en numerosos países y pueblos, y procuremos ser en nuestro ambiente instrumentos de paz. Que Jesucristo, Príncipe de la Paz, se apiade de este mundo nuestro, que su gracia consuele a los que sufren y que transforme el odio de muchos corazones en sentimientos de amor y de perdón.

Con todo cariño, os bendice

vuestro Padre

Roma, 19 de marzo de 2026

En la fiesta de San Josemaría: Es bueno entrar en comunión con los santos

La festividad de San Josemaría Escrivá se celebra en el mundo católico el día 26 de junio. En 2026 la santa misa en su honor se ha celebrado en la Iglesia de Santa María de Montalegre a las 19h. Fue presidida por el Vicario del Opus Dei de Cataluña y Andorra. A su vez, fue concelebrada por Mn. Xavier Argelich, rector de Montalegre, Mn. Lluís Tusquellas y Mn. Pablo Rojo todos ellos miembros de la Prelatura, y por Mn. Benedito Capitang, rector de la Parroquia de Belén de Barcelona.

Al inicio, el Vicario comentó que con esta misa nos uníamos a las misas de Roma y a las de otros lugares del mundo, y al mismo tiempo a la plegaria por la tragedia de Venezuela.

Los textos de la liturgia de la Palabra de la misa de San Josemaría se centran en la filiación divina, fundamento del espíritu del Opus Dei. En ese sentido, el Vicario destacó en su homilía que el espíritu de los hijos adoptivos de Dios nos hace gritar ¡Abba Padre! Dios nos llama para el amor. San Josemaría había leído a muchos santos y la lectura de estos es inspiradora para las almas y lo han sido para muchas generaciones y ahora, porque eso es bueno entrar en comunión con los santos. Deberíamos perder el miedo a esa connotación que desprende el concepto de perfección y pensar en cómo actuaría Cristo en nuestra vida, en el trabajo, en las relaciones con la familia, las amistades e imitar a Cristo. Ese soplo divino que hemos recibido en la vida de la gracia por el Espíritu Santo a través de la oración, los sacramentos entre otros bienes espirituales, nos va moldeando para la santidad. Puede surgir la pereza, pero también ahí Dios nos espera en las cosas pequeñas.

En cuanto a San Josemaría, podemos recordar que amaba el mundo apasionadamente. Esto es una invitación a que no seamos conformistas a lo que ocurre en el mundo, hemos de remendar el mundo que Dios nos ha dado. Como decía el Papa Francisco No balconeen. Estamos llamados a cambiar el mundo a ser esa Chispa, como recientemente comentó el Papa León XIV.

La parte final

Concluida la santa misa, el rector agradeció a los presentes su participación numerosa, especialmente a Mn. Benedito que ha estado ejerciendo de rector en la Parroquia de Belén y que próximamente regresará a Angola, y como en aquel país africano todavía no se ha desarrollado la labor del Opus Dei, Mn. Argelich le invitó a que fuera el primero en hacerlo. También informó del lanzamiento de la nueva web en pro de la devoción privada a José María Hernández Garnica llamada amigosdechiqui.org, donde se pueden formular peticiones al Siervo de Dios y leer los favores y milagros concedidos.

A continuación se procedió a la veneración de la reliquia de San Josemaría, a la cual se acercaron todos los asistentes. A lo largo de la celebración, el coro de cantores y el organista de la Casa, nos brindaron un programa de cantos magnífico.

Isabel Hernández Esteban

Fotos Isabelita y Pep

Entrevista exclusiva de Claudio Caruso a Mons. Fernando Ocáriz, prelado de la Obra:  «El camino más fiel para servir a la Iglesia es no ser indiferentes a las vicisitudes de nuestro mundo»

Extracto completo del sitio web https://exaudi.org/es/

A las puertas de un momento histórico, el Opus Dei se prepara para celebrar su primer centenario con la mirada puesta en el futuro y los pies arraigados en lo cotidiano. En esta entrevista exclusiva, Claudio Caruso conversa con el prelado de la Obra, Mons. Fernando Ocáriz, en un diálogo profundo que recorre los desafíos de la familia contemporánea, el verdadero impacto de la institución en sus primeros cien años de vida y la vitalidad de la Iglesia en continentes como el africano.

Con una calidez cercana y una visión marcadamente sobrenatural, Don Fernando analiza además el profundo significado de la próxima e histórica visita del Papa León a España bajo el lema «Alzad la mirada». Una conversación imprescindible para comprender cómo el mensaje de san Josemaría —encontrar a Dios en el trabajo, el descanso y las relaciones diarias— sigue siendo una respuesta vibrante y transformadora para los retos de la sociedad actual.

«Mi ilusión para los próximos años es que la Obra sea una gran catequesis para ayudar a hacer realidad la santidad en la vida de todos los días».

San Josemaría nació en una familia practicante. Comenzó su apostolado entre jóvenes, muchos de ellos provenientes de familias católicas. Pero en su vida la Obra se desarrolló en otros países, donde la realidad era diferente. Y hablaba incluso del apostolado “ad fidem”. ¿Qué ve como clave en el apostolado en ambientes donde la familia no solo no aporta mucho a la fe, sino que incluso está desmembrada? En este sentido, ¿cómo se podría impulsar en la sociedad a las familias como “hogares luminosos y alegres”, como decía san Josemaría?

Desde el primer momento, san Josemaría dio gran importancia a la amistad como un lugar privilegiado de evangelización, pues es allí donde compartimos el evangelio de corazón a corazón. En esos vínculos de amistad, la fe se va expandiendo a las familias, a los colegas, a los vecinos… y abre horizontes nuevos a cada uno. Así imaginaba el papel de los primeros cristianos, que mostraban con naturalidad su amistad con Cristo a través de una alegría contagiosa. Y esto continúa vigente. El encuentro con Jesús pone los fundamentos para construir el propio proyecto de vida: ayuda a creer en el amor para siempre, reconoce en los hijos una bendición, da fuerzas para cuidar a los mayores y a los enfermos. Las familias cristianas están llamadas también a ayudar a otras muchas familias.

San Josemaría decía que la Obra está para servir a la Iglesia, ¿cuál considera que es el principal servicio que prestó la Obra a la Iglesia en estos primeros cien años?

El principal aporte del Opus Dei está conectado con la esencia del espíritu que Dios quiso difundir a través de la Obra, desde 1928: una multitud de personas que quieren amar a Dios en su día a día, buscando el modo de que el Evangelio impregne de sentido su trabajo y su descanso, las relaciones con sus parientes y colegas, contribuyendo a humanizar –y cristianizar– los pequeños y grandes sufrimientos de la vida, así como las alegrías y los desafíos que se les presenten, transformando la labor cotidiana en un servicio generoso, una siembra de paz y alegría cristianas en todos los ambientes.

Resultaría más fácil enfocar esta pregunta desde los proyectos institucionales y señalar la inspiración que el mensaje del Opus Dei ha tenido para tantas iniciativas educativas, formativas, solidarias, asistenciales en muchos lugares del mundo. Se podrían poner ejemplos variados, como pueden ser Strathmore College de Kenia, el primer colegio interracial de África, que comenzó en 1961 por impulsado por el espíritu de san Josemaría; centros de formación profesional en Sudamérica, una escuela de dirección en México o un colegio mayor en España. Estando en Roma, es conocido el trabajo de la Pontificia Università della Santa Croce, un centro de estudios eclesiásticos que ha formado estudiantes de 129 países procedentes de más de 1.200 diócesis.

Sin embargo, sin restar valor a esto, me ha llenado de agradecimiento volver a constatar –después de escuchar a más de 50.000 voces de 70 países– que el camino más fiel para servir a la Iglesia desde nuestro espíritu, es identificarse de tal forma con Cristo, que tengamos sus mismos sentimientos para no ser indiferentes a las vicisitudes de nuestro mundo e implicar la propia vida en dar respuesta a las ilusiones y necesidades de todos.

Los cien años de la Obra son un momento de acción de gracias, de reflexión y de mirar hacia adelante: ¿cómo ve a la Obra proyectada en los próximos años?

Mi ilusión para los próximos años es que el centenario de la fundación del Opus Dei sea una ocasión para que cada una y cada uno se renueve interiormente, y desde esa renovación interior –que implica también reconocer los errores y rectificar– podamos servir mejor a Dios, a la Iglesia y a todas las personas, inspirando la transformación del mundo según el corazón de Cristo. Que haya personas del Opus Dei detrás de esas familias unidas porque han sabido pedirse perdón. Que haya periodistas que dicen la verdad, docentes comprometidos con enseñar con humildad y valentía; viejitos alegres y jóvenes solidarios; matrimonios que inspiran a sus hijos en la fe; enfermos que llevan sus dolores con serenidad; médicos que tratan con humanidad a sus pacientes, e ingenieros que invierten sus mejores artes en solucionar los problemas de los más vulnerables, aunque no sea el negocio más rentable. Esta es mi ilusión para los próximos años: que la Obra sea una gran catequesis para ayudar a hacer realidad la santidad en la vida de todos los días y contribuir a “que el amor y la libertad de Cristo presidan todas las manifestaciones de la vida moderna” (san Josemaría, Surco, n. 302).

El Papa ha realizado un viaje a África, por varios países durante diez días.  ¿Cuáles han sido para usted los temas principales de esa visita?

El intenso viaje apostólico de diez días por Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial ha sido una elocuente manifestación de la solicitud del Papa y de la Iglesia por todo el género humano y, de modo particular, por el continente africano, una tierra de esperanzas y desafíos igualmente grandes. A la vez, es una oportunidad para renovar la gratitud, el afecto filial y la oración constante por los frutos del pontificado.

En cada viaje, el Santo Padre es un testigo del evangelio y la cercanía de Dios con las personas que lo reciben. Ha reiterado su mensaje de paz y reconciliación como respuesta cristiana a los conflictos. Su peregrinación a la tierra de san Agustín nos revela su propia identidad como hijo espiritual del santo de Hipona y nos invita a buscar en Jesucristo las respuestas para nuestras inquietudes existenciales. Las multitudinarias y alegres celebraciones litúrgicas –como la conmovedora misa de clausura en Malabo– demuestran que la Iglesia en África rebosa vitalidad. El Papa nos ha recordado a todos que este continente es un auténtico pulmón espiritual y un tesoro de fe para el mundo entero.

¿Y qué espera la Obra de los apostolados en ese continente?

La respuesta breve es que esperamos muchísimo, tanto en proyectos de formación como en fidelidad personal a Jesucristo. Los dos sentidos son importantes, pero en el Opus Dei damos una importancia primaria a la espontaneidad apostólica de cada uno, a su libre y responsable iniciativa, guiada por el Espíritu Santo.

San Josemaría amaba entrañablemente a África, con su gran variedad de culturas y de pueblos, y vislumbraba el bien inmenso que sus hombres y mujeres aportarían a la sociedad y a la edificación de la Iglesia. Nos invitaba frecuentemente a soñar con grandes ideales. Lo que más me ilusiona de la tarea del Opus Dei en África es la vida de los africanos que viven el espíritu de la Obra. El Opus Dei no está en África como algo externo, sino que desde hace casi 70 años hay africanos de distintos países que viven el espíritu del Opus Dei, con su propio estilo, en su propia realidad. El Opus Dei es africano porque es católico, universal, como el mensaje del evangelio. Y ya estamos viendo cómo el Opus Dei se expande desde África, a otros lugares del mundo, llevando un testimonio vibrante de fe y de alegría.

En el próximo mes de junio el Papa León visitará por primera vez España, ¿cómo cree que debemos prepararnos para ese acontecimiento en el país de nacimiento de la Obra?

El lema del viaje – “Alzad la mirada” – es una invitación a mirar nuestra realidad saliendo de las lógicas humanas, y entrando en esta visión sobrenatural que nos da el amor de Dios. Acercándonos a Él en los necesitados, con gestos y obras de misericordia, preparamos el corazón para recibir a Jesús en ellos: “Cuanto habéis hecho por mis hermanos más pequeños, por mí lo hicisteis” (Mt 25:40).

San Josemaría llamaba al Papa, evocando a Santa Catalina de Siena, el “dulce Cristo en la tierra”. Otra manera primordial de prepararse para recibir la visita del Santo Padre es rezando por su persona y por los frutos del viaje, para que los corazones de todos estén abiertos a escuchar sus palabras, recibirlas con devoción y, después, hacerles eco en todos los rincones de la sociedad. La fe cristiana tiene grandes implicaciones sociales y eso suele estar presente en un viaje de un Romano Pontífice, que es también un viaje de estado. Pero, lo principal, lo central es que el Papa nos ayuda a encontrarnos con Jesucristo. Solo en Jesucristo y con Jesucristo la vida tiene sentido y los desafíos de la humanidad se pueden mirar con esperanza.

https://exaudi.org/es/mons-fernando-ocariz-el-camino-mas-fiel-para-servir-a-la-iglesia-es-no-ser-indiferentes-a-las-vicisitudes-de-nuestro-mundo/

Tras los pasos de San Josemaría en Barbastro

Después de la romería a Torreciudad, una treintena de peregrinos nos quedamos en Barbastro, Huesca, y el resto siguió la ruta de regreso a Barcelona. Queríamos pasar por aquellos lugares donde nació San Josemaría el 9 de enero de 1902 y vivió su infancia hasta que su familia Escrivá – Albás se trasladó a vivir a Logroño. San Josemaría vivió durante sus primeros 13 años en esta población.

Nos alojamos en un hotel familiar y confortable de la Avenida de los Pirineos, donde comimos muy bien. Concluida la cena, el rector de Montalegre nos convocó a una reunión informativa para explicarnos las actividades del día siguiente. Estaba prevista la celebración de la santa misa para el grupo en la Catedral, una ruta guiada que nos permitió conocer mejor la infancia del santo y la degustación de unos dulces exquisitos (sin gluten y sin leche) tal como se elaboraban hace más de cien años.

En Barbastro sí que llovió pero sin demasiado entusiasmo por lo que el pasear no se hizo pesado. Para los que no conocíamos Barbastro, es decir, la mayoría, al día siguiente, 2 de mayo de 2026, lo primero que teníamos que localizar era la Catedral. Pero como dicen allí, Siga recto, no tiene pérdida. Efectivamente, al rato de caminar la encontramos. En los alrededores del casco viejo, nos sorprendió a muchos de nosotros cómo la gente nos saludaba por el camino y nos daba los buenos días, y a su vez respondíamos.

Nos situamos en la Capilla de la Cruz, donde se aloja el Santísimo. A las 10h el rector de Montalegre inició en el altar mayor la santa misa el cual nos dijo que Tenemos la Catedral de Barbastro solo para nosotros, todo un privilegio. Los cuatro monaguillos habituales de Montalegre con sus familias formaban parte del grupo de peregrinos. Estos muchachos habían colaborado en los actos de culto en Torreciudad, haciendo un trabajo muy agradecido y muy bien hecho, cosa que también hicieron en esta catedral.

Desde la Catedral se inició la ruta de San Josemaría. El Sr. Manolo, muy bien documentado, nos explicó que dicho templo se construyó en el siglo XVI, y que en la Capilla de la Cruz contrajeron matrimonio los padres del santo en 1898. En 1902 el pequeño San Josemaría fue bautizado en la Catedral. Seguimos la ruta y fuimos a la Casa Natal. Nos explicaron que este lugar es un edificio nuevo pero construido en el mismo lugar donde había una casa de vecinos de alquiler donde vivía la familia Escrivá – Albás. Actualmente sigue siendo una casa de varias plantas. Alberga un auditorio donde vimos un video de la infancia de San Josemaría, un oratorio, y una sala de estar en la planta alta donde se conserva la baranda de hierro del balcón de la vivienda donde vivía la familia, entre otras cosas.

Seguidamente, fuimos a la plaza de la Constitución. Visitamos la iglesia, sin culto, del Colegio de la Escuelas Pías donde San Josemaría cursó sus estudios desde 1907 a 1915 y donde recibió la Primera Comunión en 1912. En el edificio colindante está el Ayuntamiento. Allí, la guía Sra. Paula, nos enseñó la Sala de Plenos del Ayuntamiento donde en el año 1975, San Josemaría, un mes antes de morir, recibió la Medalla de honor de la Ciudad. En la misma sala, fue nombrado Hijo Predilecto de la ciudad en 1948, acto al cual el santo no pudo asistir pues ya vivía en Roma.

A continuación fuimos al Coso que es un paseo amplio y con árboles. A su inicio pudimos degustar unos dulces exquisitos en la Casa Albás. Acercándose la hora de regresar al hotel para almorzar y todo recto y sin perderse, el grupo se fue estirando por otros lugares cercanos. Al final de dicho paseo se ubica la Estación de Autobuses de Barbastro. A la hora prevista todos los peregrinos con nuestro billete en mano subimos al autocar que nos llevó a Barcelona.

 

Realmente estábamos felices y contentos por la experiencia intensa que habíamos vivido siguiendo los pasos de San Josemaría, el santo de lo ordinario, todo ello nos ha conmovido para adentrarnos más en la conmemoración del primer Centenario de la fundación del Opus Dei por San Josemaría en 1928 en Madrid.

Isabel Hernández Esteban

fotos Isabelita, Manolo y Joan

 

San Juan nos sitúa dentro de la Pasión con alegría, es la visión positiva de la Cruz

En el segundo día del Tridu Pascual, el 3 de abril de 2026, no se celebró la santa misa en ninguna parte del mundo católico pues Jesús ha muerto en la Cruz y no puede suceder la Consagración del pan y el vino. En el Viernes Santo lo que se celebra es el Memorial de la Pasión del Señor el cual tiene tres partes: la liturgia de la Palabra, la Adoración a la Cruz y la Sagrada Comunión.

La liturgia de la Palabra fue extensa. Se leyeron textos del Antiguo Testamento, la carta a los Hebreos y tres sacerdotes leyeron de forma dialogada la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan. A continuación Mn. Jarne pronunció su homilía y nos instruyó en los diferentes aspectos de los relatos de la pasión de Nuestro Señor Jesucristo por los cuatro evangelistas. Según el año litúrgico, la lectura de la Pasión del Domingo de Ramos cambia. Al año 2026 le corresponde el ciclo A y leímos a san Mateo, en cambio en el Viernes Santo siempre se lee la de san Juan. En los evangelios de Lucas, Marcos y Mateo cada evangelio tiene su perspectiva, explican lo mismo pero como si fueran cuadros, pinturas, con elementos simbólicos. Sin embargo tienen la misma interpretación objetiva porque son Revelación del Espíritu Santo. Estos evangelios sinópticos nos relatan el sacrificio humano de Jesús, hay lucha, hay dolor y clamor al Padre, y nos sitúan frente a la Cruz. Pero el evangelio según san Juan expresa más su gloria, la Cruz es la exaltación de la Gloria de Dios, Jesús es majestuoso y es presentado como Rey, la sangre y el agua que brota de su costado es la Iglesia: Todo está cumplido. San Juan nos sitúa dentro de la Pasión con alegría, es la visión positiva de la Cruz. Invoquemos que nos purifique la Cruz de Cristo.

Acabadas las lecturas y dentro de la parte de la liturgia de la Palabra se leyó la Oración Universal por la Santa Iglesia, por el Papa, por todos los ministros y por los fieles, por los catecúmenos, por la unidad de los cristianos, por los judíos, por los que no creen en Cristo, por los que no creen en Dios, por los gobernantes y por los atribulados. Amén.

Se inició la segunda parte del Oficio con la procesión, desde el fondo del templo, de la Cruz, y cantamos Mirad el árbol de la cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo, Venid a adorarlo. El pueblo fiel iba acercándose y se inclinaba, se arrodillaba, acariciaba la cruz, la besaba todo ello como gestos humanos de adoración. Al retirarse, los fieles depositaron su limosna destinada en toda la cristiandad católica para cuidar y proteger los lugares santos de la Tierra Santa en Israel, que este año más que nunca necesita nuestro apoyo con la limosna y la oración como nos imploró el santo Padre León XIV.

Por último, en la tercera parte, se distribuyó la sagrada comunión. Y el rector despidió al pueblo con la oración siguiente Descienda, Señor, tu bendición abundante sobre tu pueblo que ha celebrado la muerte de tu Hijo con la esperanza de su resurrección, llegue a él tu perdón, reciba el consuelo, crezca su fe y se afiance en él la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Nota de la cronista

Estuvo presente en esta celebración y también la del día anterior nuestro apreciado amigo de Montalegre Sr. Josep Masabeu, el cual desde 2009 preside el Braval una iniciativa de desarrollo y promoción humana del Opus Dei​ situada en el barrio El Raval de Barcelona, que a través del voluntariado se propone promover la cohesión social de los jóvenes y facilitar la incorporación de los inmigrantes en la sociedad, y, además entre otras cosas, durante muchos años ha sido el organista de la Casa.

Isabel Hernández Esteban

 

El júbilo de los católicos en el Domingo de Ramos

El domingo 29 de marzo de 2026 la Iglesia Universal celebró con toda solemnidad el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor. Es una celebración de aclamación y de júbilo en la que todos, en cualquier parte del mundo donde se pudo celebrar, los católicos cantábamos Bendito el que viene en el nombre del Señor ¡Hosanna en lo alto del cielo!

En la Iglesia de Santa María de Montalegre, se iniciaron los actos en el Pati Manning que se ocupó para la ocasión de fieles felices y contentos esperando agitar con alegría los ramos de laurel, olivo y las palmas y palmones que llevaban los más pequeños de las familias que allí nos habíamos concentrado. El séquito de sacerdotes y monaguillos inició la procesión desde la sacristía, pasando por la nave central hasta el atrio donde allí se detuvieron. El rector inició la Conmemoración de la Entrada del Señor en Jerusalén leyendo los textos correspondientes de la antífona y la oración por la que se invoca al Señor la bendición de los ramos y a cuantos vamos a acompañar a Cristo Rey aclamándolos con cantos.

Ya en esos momentos todos teníamos los ramos elevados hacia el cielo. Leyó el fragmento del Evangelio de san Mateo en el cual se relata la entrada de Jesús en Jerusalén montado en una borrica, en un pollino. El celebrante pronunció unas palabras por las que nos invitaba a seguir a Jesús, sin miedo, afrontándonos a la vida y a la muerte como lo hizo Jesús. A continuación aspergió abundante agua bendita a todos los allí reunidos y con cantos de júbilo procesionamos alrededor del Pati Manning para entrar en el templo a celebrar la misa del día.

Destacamos, aún siendo lo normal en esta fecha, la lectura dialogada de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. En este año 2026, año litúrgico A, ha correspondido a san Mateo. Con las palabras de la homilía, el rector nos invitó a profundizar en la obediencia total y humilde de Jesús, Hijo de Dios, al Padre, derramando hasta su última gota de sangre por nosotros.

Acabadas las celebraciones de la Entrada Triunfante de Jesús en Jerusalén, los católicos nos dirigimos a iniciar la Semana Santa.

 

Isabel Hernández Esteban

fotos Joan, Carolina e Isabelita

 

Los Escrutinios de los Catecúmenos de Montalegre

Se celebraron en la Iglesia de Santa María de Montalegre en la misa de 12h de los domingos tercero, cuarto y quinto de Cuaresma de 2026 las oraciones de los Escrutinios para los Catecúmenos que recibirán el sacramento del Bautismo en la próxima celebración de la Pascua en Montalegre. Estas oraciones son ritos penitenciales que buscan la purificación interior, el fortalecimiento contra el pecado y la liberación de Los Elegidos, preparando sus corazones mediante oraciones, intercesiones y la imposición de manos por el celebrante.

Los textos de la liturgia de la Palabra de los tres domingos de Cuaresma simbolizan la iluminación y la nueva vida como el de la Samaritana, el ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro.

En la homilía del Quinto domingo de Cuaresma, el rector de Montalegre resumió los tres bienes de los textos del Evangelio correspondientes:  El agua viva del pozo de la Samaritana es el agua que nos hace crecer hacia Dios. La nueva luz que ve el ciego de nacimiento es la luz del camino que nos indica Jesucristo, para vivificarnos por Cristo. La vida, resucitando a Lázaro, nos encamina a la vida eterna pues la muerte no tiene la última palabra. Estos tres signos de estos tres domingos son un camino para los catecúmenos y para todos nosotros. Todavía tenemos tiempo para prepararnos para la Pascua, dejándonos iluminar por la Palabra de Dios, es la ocasión para meditar la Pasión del Señor. Pidamos por los Catecúmenos Esther, Alejandro y John Alexander para que lleguen bien preparados a la Pascua.

A continuación de la homilía el celebrante rezó las plegarias específicas de los Escrutinios e impuso las manos a los catecúmenos. Siguió el rezo del Credo, la liturgia eucarística y el rito de la comunión como es habitual en el Misal Romano.

Isabel Hernández Esteban

Peregrinaciones en el mes de mayo de 2026:  Torreciudad y Barbastro ¡Apúntate ya!

Anunciamos que como cada año, el día 1 de mayo de 2026 iremos de romería al Santuario de Torreciudad (Huesca) que durará toda la jornada. Participaremos la santa misa en el templo y en el santo rosario en procesión con la Virgen de Torreciudad. Se podrán visitar libremente todos los espacios, el museo de imágenes de la Virgen que han peregrinado al santuario, el paseo y la visita a la ermita, entre otros. Almorzaremos todos juntos bajo los arcos de la explanada con lo que cada uno lleve en su mochila. Por la tarde regresaremos a Barcelona. El precio por persona es de 35 e.

 

También os convocamos, en ocasión del Centenario de la Fundación del Opus Dei, a una segunda opción de peregrinación. Se trata de ir de romería al Santuario de Torreciudad (Huesca) toda la jornada del día 1 de mayo de 2026 en el mismo plan que hemos explicado y una vez acabados los actos saliendo de Torreciudad iremos a Barbastro. Nos alojaremos en un hotel, con cena, y desayuno y almuerzo del sábado día 2 de mayo. Durante esta jornada el sacerdote que nos acompañará celebrará misa para el grupo de peregrinos en la Catedral de Barbastro. A continuación un guía especializado nos acompañará a diversos lugares donde san Josemaría vivió durante su infancia. Por la tarde regresaremos a Barcelona. El precio por persona en habitación doble es de 150 e. (todo incluido).

 

PARA INSCRIPCIONES LLAMAR POR TELÉFONO A LAS OFICINAS DE MONTALEGRE: 933 014 347

En el caso de desear una habitación individual en el hotel, indíquelo por teléfono

Comunicación Montalegre

Montalegre, escuela de monaguillos

En la santa misa solemne de la semana, la cual se celebra todos los domingos a las 12h en Montalegre siempre participan monaguillos así como en algunas festividades importantes del calendario litúrgico con la alba blanca. Los fieles habituales de la iglesia hemos visto crecer a estos jóvenes que de recién recibida la Primera Comunión iniciaron sus pinitos de monaguillos. Se han dejado enseñar con humildad y sus tareas las realizan no solo bien sino también con respeto y elegancia.

Actualmente reciben la formación para recibir el sacramento de la Confirmación, también en Montalegre. Por ello el domingo 25 de enero de 2026, después de la misa, en la sala polivalente, se realizó un agradable encuentro de las familias de estos chicos con Mn. Xavier Argelich y Mn. Javier Jarne. Como se puede observar, el almuerzo fue muy variado, elaborado por los mismos miembros de las familias, con un toque asiático pues algunos de ellos son filipinos. No podía faltar el arroz, el pollo frito, las gambas y los fideos.

A estos jóvenes se les agradece públicamente su colaboración continuada para que a la santa misa no le falte detalle.

Comunicación Montalegre

Hoy celebramos la Fiesta de la Sagrada Familia y la liturgia nos propone el relato de la huida en Egipto

En el último domingo del año y siguiente a la Navidad, la Iglesia Universal celebra la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret, el modelo de vida por antonomasia para toda la humanidad. Por ello transcribimos a continuación las palabras que el santo padre León XIV ha dirigido a los fieles desde el balcón de la plaza de San Pedro del Vaticano, antes del rezo del ángelus de esta jornada que ha correspondido con el día 28 de diciembre de 2025, fiesta de los Santos Inocentes.

Queridos hermanos y hermanas: ¡feliz domingo!

Hoy celebramos la Fiesta de la Sagrada Familia y la liturgia nos propone el relato de la “huida en Egipto” (cf. Mt 2,13-15.19-23).

Es un momento de prueba para Jesús, María y José. Sobre el resplandeciente cuadro de la Navidad se proyecta, casi de improviso, la inquietante sombra de una amenaza mortal, que tiene su origen en la atormentada vida de Herodes, un hombre cruel y sanguinario, temido por su crueldad, pero precisamente por eso profundamente solo y obsesionado por el miedo a ser destronado. Cuando se entera por los magos de que ha nacido el «rey de los judíos» (cf. Mt 2,2), sintiéndose amenazado en su poder, decreta la muerte de todos los niños de la edad de Jesús. En su reino, Dios está realizando el milagro más grande de la historia, en el que se cumplen todas las antiguas promesas de salvación, pero él no es capaz de verlo, cegado por el miedo a perder el trono, sus riquezas, sus privilegios. En Belén hay luz, hay alegría; algunos pastores han recibido el anuncio celestial y ante el pesebre han glorificado a Dios (cf. Lc 2,8-20), pero nada de esto logra penetrar las defensas blindadas del palacio real, salvo como un eco distorsionado de una amenaza que hay que sofocar con violencia ciega.

Sin embargo, precisamente esta dureza de corazón resalta aún más el valor de la presencia y la misión de la Sagrada Familia que, en el mundo despótico y codicioso que representa el tirano, es el nido y la cuna de la única respuesta posible de salvación: la de Dios que, con total gratuidad, se entrega a los hombres sin reservas y sin pretensiones. Y el gesto de José que obediente a la voz del Señor, lleva a salvo a la esposa y al niño, se manifiesta aquí en todo su significado redentor. De hecho, en Egipto crece la llama del amor doméstico a la que el Señor ha confiado su presencia en el mundo y cobra vigor para llevar la luz al mundo entero.

Mientras contemplamos con asombro y gratitud este misterio, pensemos en nuestras familias y en la luz que ellas también pueden aportar a la sociedad en la que vivimos. Lamentablemente, el mundo siempre tiene sus «Herodes», sus mitos del éxito a cualquier precio, del poder sin escrúpulos, del bienestar vacío y superficial, y a menudo, sufre las consecuencias con la soledad, la desesperación, con las divisiones y conflictos. No dejemos que estos espejismos sofoquen la llama del amor en las familias cristianas. Al contrario, protejamos en ellas los valores del Evangelio: la oración, la frecuencia a los sacramentos —especialmente la confesión y la comunión—, los afectos sanos, el diálogo sincero, la fidelidad, el realismo sencillo y hermoso de las palabras y los gestos buenos de cada día. Esto las convertirá en luz de esperanza para los entornos en los que vivimos, escuela de amor e instrumento de salvación en las manos de Dios (cf. Francisco, Homilía en la Misa por el X Encuentro Mundial de las Familias, 25 junio 2022).

Pidamos entonces al Padre del Cielo, por intercesión de María y san José, que bendiga a nuestras familias y a todas las familias del mundo, para que, siguiendo el modelo de la familia de su Hijo hecho hombre, sean para todos un signo eficaz de su presencia y de su amor sin fin.

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Comunicación Montalegre

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