En mayo del 2010 nos fuimos de peregrinación al Santuario de  Fátima,  para acercarnos más a la Virgen Santísima

  La ruta mariana de la iglesia  de este mes de mayo se había pensado desde hacía muchos meses, y la organización para ir a Fátima, prácticamente a la vuelta del verano del 2009, ya tenía los motores en total revolución. Las fechas se establecieron: 14, 15 y 16 de mayo de 2010. Después supimos los días en que iría el Santo Padre, Benedicto XVI, pero ya no pudimos cambiar el calendario. 

Pero el tiempo y las cosas van pasando día tras día y el día de la salida llegó, por fin!. Llovía como tantos otros días de esta primavera. Pero nada nos iba a desanimar. Aquel volcán islandés nos hizo rezar todavía con más intensidad porque nos estuvo  amenazando hasta dos días antes de la salida. En el punto de reunión de la terminal nos encontramos los 29 peregrinos que definitivamente formaba el grupo. En algún momento llegamos a ser más numeroso pero se produjeron bajas de diferente índole, por razones de salud o familiares, cosa que hizo posible que se activara la lista de espera. Y aquellas dos que se pudieron sumar a la peregrinación como la Carmen U y la Carme M., llamada cariñosamente “la marquesa”  estaban la mar de contentas. 

Todos y todas llegamos al aeropuerto con una extrema puntualidad. Estos fieles de Montalegre procedían de lugares muy dispares, cuatro vinieron del Vallés, cuatro más de Badalona (no obstante Isabel M. había venido de Xàtiva para la ocasión), la Francesca de Vic, la Carmen U de Esplugues, y así sucesivamente hasta  completar el total con los de Barcelona. Una vez superada la recogida de la tarjeta de embarque, era necesario superar el control policial. Todos los peregrinos para evitar que la autoridad competente iniciara la tarea de tirar las máquinas de afeitar, las gillettes, y cualquier otra cosa a la basura y sin contemplaciones, facturamos la maleta. Cada uno llevaba encima un mínimo indispensable pero el arco no va paró de pitar. Los varones tenían que aguantarse los pantalones con las manos, y en las bandejas se veía todo lo que todos llevábamos encima. Muchos también fuimos explorados manualmente porque los botones de los tejanos estaban bajo sospecha. 

Por fin, ya llegamos a la cafetería. No sabíamos cual iba a ser la puerta de salida. Mientras tanto, la tour leader obsequió en nombre de la organización el pack del peregrino con todos los trípticos informativos, estampas, pastillas de regaliz, la gorra, la tarjeta identificativa y alguna cosa más. En el tiempo de espera nos fuimos conociendo y descubrimos que Juan es piloto del ejército del aire del Ministerio de Defensa español. Por lo tanto, cualquier imprevisto ya lo teníamos resuelto, por un lado “nuestro piloto” resolvería cualquier eventualidad de la cabina de pilotaje, y Mn. Francesc, rector de la iglesia, nos daría, al límite, la última bendición para ir directamente al cielo sin pasar por Fátima. 

Las turbulencias estaban aseguradas ya que habíamos de atravesar la manta de nubes, y como más arriba no llueve, era cuestión de resistir ese  ir de un lado para otro, durante un ratito. Nos sirvieron unos productos portugueses muy buenos así que unos cuantos peregrinos no desaprovecharon la ocasión de volver a desayunar.  Se acercaba el mediodía y cuando llegamos a Lisboa era la misma hora! Ganamos una hora, era como estar en Londres o en Las Canarias. 

No se perdió ninguna maleta, todos tranquilos! El autocarista nos esperaba como estaba previsto. El trayecto entre el aeropuerto y Fátima es de 116 kilómetros, que a la velocidad de Portugal se hicieron en un abrir y cerrar de ojos. Veíamos en el horizonte el paisaje de las montañas y cómo el cielo se iba cubriendo con una nube negra o negrísima que nos fue amenazando todo lo quedaba de día. Pero lo fuimos domesticando y finalmente llovió muy poco, pero fue suficiente para que al día siguiente Alba y Rosa se compraran unos paraguas, que todavía no habíamos visto por aquí. 

En la Residencia de las Irmes de Amor do Deus ya nos estaban esperando, pues Portugal tiene horario europeo, es decir, se almuerza a las 13 horas y se cena antes de las 20 h.  Pero su amabilidad  hizo posible que en este sentido nos fuéramos adaptando sin problemas.  Era de esperar que almorzáramos y cenásemos el plato nacional: La Sopa, y además de verduras; en definitiva Marita lo definió como “vientre plano”. No faltó el bacalao al estilo más portugués: bacalao con patatas y gratinado al horno con huevo batido, Qué cena, la del sábado! 

No podíamos perder tiempo, a las 16 horas ya volvía el autocarista para ir de excursión. Se trataba de iniciar la peregrinación propiamente dicha. Hicimos dos grupos, uno que iba en autocar, ocasión que Joan aprovechó para informar por el micrófono, de detalles históricos del entorno y de otras informaciones de los lugares de las apariciones. Otro grupo con la tour leader fuimos  a pie. Todos quedamos en encontrarnos en Valinhos, en el lugar donde se apareció el ángel y la Virgen Santísima. El paseo andando no iba a ser más de dos km. Salimos de la residencia  en dirección a la rotunda de los Pastorinyos. Allí se inicia el camino del Via Crucis (o Via Sacra)  oración que puede hacerse parando en las catorce capillitas, todo un regalo de los cristianos húngaros, salvados de la invasión de los rusos, en el año 1956. En el camino rezamos el rosario del día, y como si estuviese medido lo  acabamos justo ante la capilla de la Virgen Santísima, allí le cantamos el “Salve Madre” (de Torres). 

Seguimos el camino y después de subir al mirador de la capilla (donde se estaba celebrando misa, en un idioma eslavo) oímos muchos cantos o mucha alegría que venia del santuario. Después supimos que uno que desistió ir de excursión, porque lo que quería era ir a saludar a la Virgen Santísima, se encontró  con una concentración impresionante  de jóvenes neocatecumenales, que llenos de entusiasmo, estaban decididos a evangelizar el mundo, tal como ha de ser. 

Los dos grupos confluimos en Loca do Cabeço cuyas imágenes reflejan la aparición del ángel a Jacinta, a Francisco y a Lucía, unos lugares verdaderamente especiales, dónde se percibe que es un lugar santo. Seguimos caminando hasta Aljustrel donde se pueden visitar las casas de los Pastorinyos, y el lugar del pozo donde también el ángel les habló y les preparó para  la llegada de la Virgen Santísima. Las cámaras digitales no pararon un instante, y se fueron formando grupos de peregrinos para tener todos una foto de aquel sitio tan bonito. 

Y tampoco podíamos entretenernos más ya que el sacerdote que nos acompañaba celebraría la santa misa en la residencia a la hora prevista. El regreso lo hicimos todos juntos, era necesario reservar fuerzas para todo lo que quedaba por hacer. Habíamos preparado, además del Misal,  los textos de les lecturas de la Santa Misa, las plegarias y los cantos de comunión. Ayudó a misa Juan el cual también leyó las plegarias;  Rosa leyó las lecturas y Magda marcó el inicio  de los cantos con la nota adecuada.  Después de cenar el plan que ofrecía la organización se había acabado, comenzaba el  tiempo libre

A pesar de todo lo que habíamos hecho y rezado,  como estábamos muy cerca del santuario, fue imposible resistirse de ir a saludar a la Virgen Santísima. Hacía  fresco y lloviznaba; la gran mayoría de los peregrinos no habían estado nunca en Fátima, sin embargo todos sabían que a las nueve y media de la noche se rezaba el Rosario de las Velas. Es un rosario que se reza en la capilla de la Virgen, ante la encina donde se apareció; no es la original porque hace muchos años se incendió pero en el mismo lugar crece otra de forma exuberante. Todos los misterios del rosario se rezan en los diversos idiomas de los grupos de peregrinos que se han inscrito. No resulta extraño oír ruso, eslovaco, polaco, y francés, también italiano, inglés, español…filipino, una oración universal en donde se alza en procesión la imagen de la Virgen de Fátima, rodeada de cantos deliciosos de amor celestial. 

Una vez acabada la procesión, el campanario de la basílica toca por última vez las horas, hasta el día siguiente a les 7 que vuelve a repicar. 

Y se inicia el segundo día de peregrinación con un desayuno tipo continental, y ya había comentarios de algunas personas que al poco de salir del santuario se  perdieron pero todo acabó bien, solo fue un pequeño susto de desorientación inicial. El sábado 15 de mayo tenía una lista de actividades muy intensa  y con tiempo libre para que los peregrinos fueran a su aire. Una vez acabado el desayuno  fuimos a visitar la Basílica donde están enterrados los beatos Francisco y Jacinta, los cuales murieron cuando  eran unos niños, aproximadamente dos años después de las apariciones en el 1917. También está enterrada Lucia, que traspasó hace cinco años. Con gran devoción la gente va pasando, haciendo cola por toda la nave central del templo, parándose ante las tumbas para hacer una petición o una oración. 

Cuando hicimos la inscripción – varios meses atrás- del grupo de la Iglesia de Santa Maria de Montalegre, habíamos efectuado  la reserva de una capilla para que el sacerdote celebrara la Santa Misa muy cerca de la Virgen. Se nos asignó la Capilla de la Sagrada Familia, un espacio pequeño pero suficiente acogedor para nuestro grupo. Fernando ayudó a Misa, Carme M. leyó las lecturas, y la Magda la nota musical. 

Al salir, lucía el sol y aprovechamos para hacer una  fotografía de grupo. Y como Mn. Francesc nos había explicado en las dos homilías que en el libro de “Memorias de la Hermana Lucía” se recogía realmente todo lo que pasó en las apariciones, y en el cual se destacan aspectos de los Pastorinyos de altísimo nivel teológico, a continuación del recuerdo fotográfico, fuimos a asaltar la librería del santuario para comprarlo. Alguno llegó tarde y no lo encontró; pero por la tarde ya habían repuesto ejemplares, o también en la librería que estaba delante de la residencia se resolvió la compra. Ahora será necesario leerlo….. 

El sol se iba comportando, cada hora que pasaba, un poco mejor,  ya despuntaba calor y subía el color a la cara. Era de agradecer porque habíamos de atravesar la explanada hasta al fondo donde se inauguró en el año 2004 la iglesia de la Santísima Trinidad; puede acoger hasta 8900 persones sentadas y 100 sacerdotes concelebrando juntos, era evidente que se había de visitar. La puerta principal a media mañana estaba cerrada, y esto no podía ser!!. Pero en esta vida todo tiene una explicación, estaba celebrándose la Santa Misa y la iglesia estaba llena! Dios mío, llena! Cuando vimos salir tanta gente de aquel lugar santo sentimos una inyección de esperanza impresionante. 

En los subterráneos a los cuales se accede desde allí mismo, podemos encontrar varias exposiciones sobre Fàtima, toda la historia detallada, con reportajes fotográficos, y varias capillas, una con la exposición permanente del Santísimo, allí rezamos un ratito; en la capilla de la Reconciliación, hay sacerdotes confesando permanente, en diversos idiomas; también la capilla de la Resurrección, etc. Fàtima, sin duda, es un santuario para  rezar. 

Nos acercábamos al mediodía… era necesario volver a la residencia ya que habíamos de cumplir el horario. A la hora del café los peregrinos habían confraternizado, los que ya se conocían como Josep y  Quintana  no paraban de hacer buen ambiente, y otros como Vicenta, la tour leader, nombrada la pastora (sobrenombre que le puso Anna C.) con la marquesa  y Ana, la enfermera, no pararon de hablar y reír, incluso cuando ya la mayoría se habían retirado a descansar después del almuerzo. Pero era necesario resolver una cosa, corrió la voz  que unas señoras del grupo querían confesarse. Así que la tour leader, de nuevo, se dirigió al santuario a la búsqueda de una solución para el grupo. 

El servicio de información, que a lo largo de toda la organización y ahora en el santuario, especialmente Aline, nos  atendió con mucha amabilidad, facilitando toda la información que necesitábamos,  llamó por teléfono a la Capilla de la Reconciliación para que después de la visita que teníamos concertada en el Museo -Exposición, pudiera nuestro sacerdote ocupar un confesionario y ejercer su ministerio. La Hermana Isailda, una vez allá nos dio unas pequeñas indicaciones. 

En el museo nos esperaban unos minutos antes de la cinco de la tarda, así que los peregrinos fueron llegando y entramos puntualmente en grupo. El billete de la entrada era un libretito que describía de forma sintética todos los objetos que íbamos a ver. Previamente nos proyectaron un documental muy interesante. No obstante, lo mejor del museo fue la guía, Hermana Maria Leopolda Ledesma, de origen filipino, que no solamente explicaba todo los contenidos de las vitrinas y que de hecho estaba en el librito, sino lo que va valió la pena fueron todos sus comentarios llenos de amor y ternura dirigidos siempre a  la Virgen Santísima, con un afán apostólico impresionante; acabó su recorrido con el mensaje de Fátima, invitándonos a difundirlo porque es un mensaje de amor a Dios, haciendo oración, penitencia y  viviendo el amor a Cristo. 

Después de la visita guiada, el grupo  tuvo l su tiempo libre para ir a comprar objetos religiosos, entre otras posibilidades, contemplar, por ejemplo unos restos del Muro de Berlín. A continuación, la cena al estilo portugués con un postre de flan natural que nos endulzó y ensanchó la fraternidad. La noche era clara y no demasiado fresca, así que era de prever que el Rosario de las Velas lo viviríamos plenamente. Entonces nos dimos cuenta que para la próxima peregrinación a Fátima será imprescindible llevar una sillita plegable de golf… de playa… porque fue  materialmente imposible sentarse, salvo por gestos llenos de generosidad que cedían el asiento a las señoras que se veía que sufrían rampas en las piernas  o en circunstancies similares de necesidad. 

La procesión dio la vuelta a todo el santuario. Sería necesario decir aquí muchas cosas, adjetivos y palabras, para describir adecuadamente aquella noche. Es probable que muchos otros sábados hayan sido o sean iguales o mejores a aquel que vivimos, en realidad da igual. Lo cierto es que el hecho de que miles de personas (quince mil?) de noche y con velas encendidas íbamos cantando a la Virgen Santísima, sintiéndonos muy cerca  de Ella, y nos sobre venía una paz grandiosa, corriendo por  nuestras venas la sangre de su Corazón Inmaculado. La esperanza aumentaba  a cada paso que dábamos, mientras las piernas temblaban o corrían las lágrimas de gozo. Nos sentíamos felices porque la auténtica felicidad nos viene de Dios, y las gracias de la su Madre Santísima. 

Y llegó  el tercer día, de buena mañana alguna peregrina del grupo, antes del desayuno ya se había plantado ante de la Capilla de la Virgen porque no se había podido desprenderse del impacto de la noche anterior. Después de desayunar, con  aquel café que no es de origen americano, al que estamos habituados, sino africano,  el sacerdote bendijo todos los objetos religiosos, desde rosarios de todas clases y estilos hasta estampas, y sin más en un pim pam todo quedó bendecido. 

El plan de la mañana era participar en los actos que el Santuario prepara para  todas las peregrinaciones  peregrinos. En primer lugar, el Rosario a las 10 horas, el cual finaliza con la procesión de la Virgen Santísima de Fátima, hasta el altar exterior instalado ante la puerta principal de la Basílica. Se trataba de ir a la caza de un sitio para sentarse. El asunto estaba muy difícil ya que en el recinto no había ni una sola silla, solamente los bancos alrededor de la Capilla, y varias filas de sillas bajo los arcos laterales de la basílica. Un grupo numeroso e inteligente de peregrinos se instaló en los arcos, disfrutando de las primeras filas, pudiendo hacer un amplio reportaje fotográfico de la procesión de los presbíteros que concelebrarían la Santa Misa, inclusive Mn. Francesc. 

Otras personas del grupo redirigieron a la explanada para encontrar un sitio donde sentarse, como la Vicenta, la Carme M y Ana; la tour leader se quedó atrapada entre la multitud ante el mismo  altar del recinto y  vio muy de cerca toda la celebración, a pleno sol. 

La celebración de la Misa Internacional del día de la Ascensión del Señor la presidió el Obispo Auxiliar de Oporto, el cual dedicó la homilía a invitarnos a seguir a Cristo,  a pesar de que vivamos en un ambiente difícil, entre otras cosas. De vuelta, la Marissín que había estado muy valiente, se  desorientó y aunque  la residencia estaba muy cerca le costó volver. Nos esperaban para el almuerzo, ya se sobrepasaba una de la tarde y casi todos estaban a punto de comer muy contentos, pero faltábamos unos cuántos… nos habían adelantado la hora del almuerzo y no llegó a todos el cambio horario.  Además de todo lo explicado,  el día 16 de mayo era una jornada importante: se acababa la liga de fútbol española!  ¿Tendríamos la posibilidad de saber qué equipo sería el campeón de la liga en el mismo instante de producirse?, los barcelonistas ya empezaban  a inquietarse….

La tertulia del último café implicó a la organización, ya se preguntaba dónde sería la próxima peregrinación. Se aceptaron todas las propuestas ya que en aquel momento todos tenían ganas de iniciar otra peregrinación, a pesar de que todavía estábamos en Fátima. Sin embargo, ahora era necesario hacer la maleta y recoger todas las cosas. Antes de subir al autocar para regresar al aeropuerto, al pie de las escaleras de la residencia, hicimos la última foto del de grupo, donde faltó alguna persona ya que prefirió la foto que aparecer en ella. El retorno no fue a la misma velocidad que a la ida, pero aquí nuestros radares se habrían disparado. Como era la hora de la siesta el autocar parecía que circulaba vacío, se dormía,  se escuchaba música o se leía, un tiempo plácido.

 Solo nos quedaba la aventura del aeropuerto, todos juntos facturamos las maletas y sin embargo, nos diseminar  por todo el avión. El control policial tuvo el mismo estilo que a la ida, pitidos, revisiones, exploraciones al tacto, cinturones fuera, todo normal, como suele ser. Nos tocó la Gate 10, es decir, al otro extremo de la terminal. Pero, naturalmente, queríamos hacer una parada en las tiendas para comprar productos cien por cien portugueses, como vino de Oporto, pastelitos, paté y otros productos.  

Una vez acomodados en el lugar de la llamada a al embarque y  a punto de cumplirse la hora fijada, nos faltaba una señora que había aguantado bien el viaje pero en tenía dificultad para caminar. Y en las distracciones de las compres se despistó y se dirigía en la dirección opuesta. La encontramos, mientras en la Gate 10 se celebraba el triunfo de la liga,  cantando el himno del Barça. El vuelo  fue muy bueno, tampoco se perdió  ninguna maleta. Ya  en  Barcelona, mientras esperábamos el equipaje nos despedimos con besos y abrazos, agradeciéndonos mutuamente todas las atenciones. Es obligatorio destacar aquí que fue un grupo que se cohesionó enseguida y favoreció la buena marcha de todas las actividades; algunas personas han sido citadas, pero todos han sido estupendos. Todos y todas insistieron que les avisásemos para  la próxima peregrinación, así que la lista de espera ya está abierta! para ir a un nuevo santuario. No obstante, yo me  quedé cosida al abrigo de Fátima. 

Isabel Hernández Esteban

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