21-6 martes, 18.45 h.Coloquio

Al Auditorio del Pati Manning: “Una mirada al perfil humano del siervo de Dios, José María Hernández Garnica” a cargo de su sobrina, Sra. Teresa Temes Hernández;  seguidamente, ” Presentación del projecto de  la sepultura del siervo de  Dios  a la iglesia de Montalegre”. Lugar: c/ Montalegre nº. 7, Barcelona.

Estamos de enhorabuena en Montalegre

Santa Maria de Montalegre

El día 15 de junio, acercándose el fin de las actividades antes de las vacaciones de verano, se han celebrado una serie de aniversarios ciertamente entrañables. Por un lado el rector de la iglesia Mn. Francesc Perarnau, hacía pocos días que cumplía 25 años de su ordenación sacerdotal, y Mn. Juan Marcé y el fiel colaborador de la Acción Social Jordi Campañá cumplían este año 80 años de edad! Pero lo más importante es que ambos siguen en la brecha, tanto en la  iglesia como en la acción social. También, aunque no estaban presentes, celebrábamos los cumpleaños de las ordenaciones sacerdotales de Mn. Manuel, 25 años, y del Mn. Julián, 50 años.

Con estas referencias el rector iniciaba la Santa Misa: Todo hizo pensar que era bueno celebrarlo con una misa de acción de gracias con todas aquellas personas que habitualmente colaboran. Fue concelebrada con Mn. Marcé,  y entonó los cantos y condujo el órgano el buen amigo de la Casa, José Masabeu.

En la homilía, el rector dijo que era una tradición muy antigua celebrar las buenas cosechas, porque eso significaba no pasar hambre, y se hacía dando gracias a Dios. Aquí Montalegre hemos recogido la cosecha, cerramos el curso y nos reunimos para dar gracias por todo lo que hemos hecho y hemos recibido. A continuación fue repasando  las actividades que se desarrollan en la pastoral de la iglesia y en  la acción social, expresando la gratitud a  los colaboradores y colaboradoras, haciendo especial mención a los que por un motivo u otro no estaban presentes, colaboradores en tiempo y dedicación así como en donativos. Dio las gracias por el esfuerzo de todos ya que de todo ello se han beneficiado muchas personas, más allá de las que conocemos. Además, esta labor conlleva evangelización, y se hizo eco de las palabras de San Pablo: Ay! de mí si no anunciara el Evangelio … añadiendo que La Eucaristía, que quiere decir Acción de Gracias, es la oración cristiana por excelencia para dar gracias a Dios por todos los dones recibidos, y el mayor es la posibilidad de la vida eterna.

Acabada la misa fuimos invitados a un piscolabis de verano, en la sala polivalente, donde pudimos intercambiar las experiencias del curso, y sobre todo conocernos entre nosotros ya que la diversidad de horarios y actividades nunca hace posible un encuentro fraterno como éste.

Isabel Hernández Esteban

Misas de San Josemaría

Lunes, 27 de junio de 2011

A las 20:00 h el Sr. Cardenal Arzobispo, Dr. Lluís Martínez Sistach, presidirá la celebración de la eucaristía en honor de san Josemaría Escrivá de Balaguer en la S.E. Catedral de Barcelona (Pla de la Seu, s/n) con motivo de la festividad del santo (26-VI).

En  Montalegre se celebrará una misa sencilla en su honor, el mismo día 27  a las 19 h.

Dilluns, 27 de juny de 2011

A les 20:00 h el Sr. Cardenal Arquebisbe, Dr. Lluís Martínez Sistach, presidirà la celebració de l’Eucaristia en honor de sant Josepmaria Escrivà de Balaguer a la S.E. Catedral de Barcelona (Pla de la Seu, s/n), amb motiu de la festivitat del sant (26-VI).

A Montalegre es celebrarà una missa senzilla en el seu honor, el mateix dia 27 a les 19 h.

El Santo de la vida ordinaria

San Josemaría fue elegido por el Señor para anunciar la llamada universal a la santidad y para indicar que la vida de todos los días, las actividades comunes, son camino de santificación. Se podría decir que fue el santo de lo ordinario. En efecto, estaba convencido de que, para quien vive en una perspectiva de fe, todo ofrece ocasión de un encuentro con Dios, todo se convierte en estímulo para la oración. La vida diaria, vista así, revela una grandeza insospechada. La santidad está realmente al alcance de todos.  (Juan Pablo II 7/10/2002)

San Josemaría, con su vida y con su palabra nos transmite esa idea fundamental: todos tenemos que ser santos precisamente en las realidades más sencillas de la vida, en aquellas cosas que habitualmente tenemos entre manos. Parar muchos de nosotros la vida transcurre dentro del cauce de la normalidad. Esto no significa de ninguna manera que no haya dificultades o problemas, los hay seguro, porque forman parte de la normalidad: momentos alegres, momentos tristes, días buenos, días malos, tiempo de salud, tiempo de enfermedad…, con aficiones, ilusiones, inquietudes…

El Fundador de la Obra nos enseña: precisamente en esa vida normal es donde te has de santificar. En la homilía que pronunció el año 1967 en la misa que celebró al aire libre en el Campus de la Universidad de Navarra , lo explicó magistralmente bien:

Reflexionad por un momento en el marco de nuestra Eucaristía, de nuestra Acción de Gracias: nos encontramos en un templo singular; podría decirse que la nave es el campus universitario; el retablo, la Biblioteca de la Universidad; allá, la maquinaria que levanta nuevos edificios; y arriba, el cielo de Navarra…

¿No os confirma esta enumeración, de una forma plástica e inolvidable, que es la vida ordinaria el verdadero lugar de nuestra existencia cristiana? Hijos míos, allí donde están vuestros hermanos los hombres, allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo. Es, en medio de las cosas más materiales de la tierra, donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres.

Los santos son intercesores delante de Dios. Podemos decir que Dios pone en sus manos dones y gracias para distribuir. A San Josemaría le hemos de pedir que nos ayude a darnos cuenta de que Dios nos está esperando en el desempeño de las pequeñas cosas que forman la vida diaria de las personas.

Mn Francesc Perarnau

Peregrinaciones

Església del Naixement a Betlem

Como en muchas iglesias también en Montalegre se celebran peregrinaciones anuales a algunos lugares especialmente significativos. Feligreses y amigos han podido visitar y rezar en distintos lugares. Algunos muy cercanos o relativamente cercanos, como pueden ser Montserrat o el santuario de Torreciudad; otras veces más lejanos, como Lourdes o Fátima. Pero especial significación ha tenido para todos los participantes la Peregrinación a Tierra Santa que se desarrolló de los días 17 al 24 del pasado mes de Mayo y del que queda constancia en algunos artículos en esta web.

Realmente tener la ocasión de visitar la Tierra Santa, la tierra de Jesús, aquellos lugares donde Él nació vivió, enseñó y acabó muriendo en la Cruz para resucitar definitivamente, es un gran don de Dios.

Pienso que solamente las personas que han tenido la suerte de poder estar allí pueden comprender por que motivo se habla de la visita a esas tierras como del quinto Evangelio. En algunos lugares es como si no hubieran pasado los siglos, y se perciben aquellos contornos tal como los vio Jesús. Destaca especialmente en este sentido toda la visita a los distintos lugares de Galilea, muy especialmente el Mar de Genesareth y su entorno, donde se desarrolló gran parte de su ministerio público. Aquellas aguas, aquellos montes, aquellas orillas y pueblos…todo es tan parecido a como era entonces que, sin querer, la imaginación se va a la época de Jesús y allí se pueden revivir con mucha facilidad los pasajes evangélicos. Se hace posible poner en práctica aquel consejo expresado por San Josemaría en un punto de Forja:

¡Vive junto a Cristo!: debes ser, en el Evangelio, un personaje más, conviviendo con Pedro, con Juan, con Andrés…, porque Cristo también vive ahora: “Iesus Christus, heri et hodie, ipse et in saecula!” -¡Jesucristo vive!, hoy como ayer: es el mismo, por los siglos de los siglos (Forja 8).

Celebrar o asistir a la Santa Misa en lugares como la casa de María en Nazareth, el Monte de las Bienaventuranzas, la gruta de Belén, el Monte Tabor y el Calvario… es un auténtico privilegio, un don del que no nos cansaremos nunca de dar gracias a Dios. Los peregrinos somos conscientes de que hemos participado de una gracia muy especial de Dios. Realmente se puede decir que era cierto aquello que nos comentaba antes de salit alguien que estuvo en aquellos lugares: ya veréis, hay un antes y un después de la visita a Tierra Santa y cuando regreséis a casa os quedará un recuerdo maravilloso y un deseo grande de volver a aquellos lugares.

Mn Francesc Perarnau

Shalom! Israel

Crónica de nuestra peregrinación a Tierra Santa, del 17 al 24 de mayo del año 2011

Terminal 1 BCN

 

Al año justo después de regresar de nuestra peregrinación a Fátima, nos volvimos a encontrar casi todo aquel grupo y unos cuantos peregrinos más en la Terminal 1 del aeropuerto de Barcelona. El entusiasmo de los 35 peregrinos era evidente, entre los cuales el Rector de la iglesia, que celebró cada día la Santa Misa en los santos lugares. Habíamos sorteado todos los obstáculos que a lo largo de  un año habíamos encontrado por el camino. Nuestra ilusión era pisar y ver todos aquellos lugares que tantas veces  habíamos leído y oído con fe. Íbamos a vivir el Evangelio experimentándolo cada uno de nosotros, en la individualidad de nuestra alma, pero juntos en pequeña comunidad cristiana, ese es el sentido de una peregrinación, y nosotros íbamos, por fin, de peregrinación a Tierra Santa, donde Jesús nació, vivió, trabajó, predicó, murió y resucitó para el perdón de los pecados, los nuestros y los de todo el mundo. Éramos los pioneros de Montalegre en ese destino. Las experiencias vividas en todos los lugares han sido impresionantes y muy particulares, pues cada alma es única, todo ello mezclado con las tres formas de vivir de las tres religiones que conviven en este país de Israel, la cristiana, la musulmana y la judía, en un estado de convivencia más real y natural de lo que vemos habitualmente en los medios de comunicación, que difunden muchas veces informaciones, deliberadamente tergiversadas.

De Tel-Aviv a Galilea

A  lo largo de los siete días de peregrinación hemos recorrido todos aquellos lugares que se visitan por primera vez, empezando por Nazareth y acabando en Jerusalem. El primer día fue dedicado al viaje. Desembarcamos en el aeropuerto de Ben Gurion, en Tel-Aviv y nos dirigimos hacia Tiberiades, una población turística, que también le da el nombre al Lago, aunque su nombre propio es Lago Kineret; también Lago Genetsaret, o Mar de Galilea, según si lo reconocemos con su nombre original antes de que naciera Jesucristo en Belén o con los nombres bíblicos y del Evangelio. Nos acompañó durante tres días un nublado rojo producido por el polvo del desierto del Sahara y el de Arabia Saudí, pues en aquel territorio confluyen diferentes vientos que incluso provocan olas en el Lago.

Mar de Galilea

El centro de cada jornada fue siempre la Santa Misa. Parecía que, en el segundo día de peregrinación, después de aquel revivir de nuestra alma en Nazareth en la misma gruta donde la Virgen Santísima fue visitada por el Ángel no iba ser posible sentir algo mejor. Allí celebramos la primera misa.  Pero  solo era el preámbulo  de un acercamiento cada vez mayor al corazón de la Virgen, a la Palabra de Dios y a la predicación de Nuestro Señor Jesucristo. Visitamos la ciudad, convertida hoy en una de las más populosas del país; por la tarde nos dirigimos al Monte Carmelo en lo alto de la ciudad de Haifa, una de las ciudades más extensas y con un tráfico tremendo, y que por otra parte la vimos con ojos de tristeza pues nos costó más de dos horas atravesarla, cosa que nos impidió hacer más cosas en esa jornada.

El tercer día de peregrinación fue una delicia, fuimos primero a Cafarnaun, estuvimos en la casa de Pedro, paseamos por la sinagoga, y rezamos un ratito en la iglesia de construcción moderna que allí se ha erigido. En la paz de la sinagoga de Cafarnaum, te parecía sentir la tertulia y la polémica de los hombres de entonces, que se sabían de memoria la Sagrada Escritura, y que por ello plateaban abiertamente sus dudas, y cómo Jesús aclaraba los textos, haciéndolos más entendibles. Seguimos hacia el Monte de las Bienaventuranzas con la Santa Misa, al aire libre teniendo al fondo el Lago, allí donde Jesucristo hizo tantos milagros,  lugar  que al verlo  se entiende que fuera a predicar Jesús en más de una ocasión. Seguidamente en el Mensa Christi disfrutamos del Lago con el agua hasta las rodillas recogiendo conchas y caracolillos como auténticos mariscadores;  y sin dilación seguimos la ruta hasta el paseo en barca, en medio de aquel mar tranquilo, sin ruidos de ninguna clase. Te llevaba la imaginación al surcar de aquellas mismas aguas junto a Jesús, pensando que  lo hiciera de la misma manera, pues aquel paisaje no ha variado en nada, solo el transcurso de los años. Vimos con nuestros  ojos la otra riba…. los montes del Golán

Mensa Chisti

Por la tarde los 11 matrimonios que participamos en la peregrinación tendríamos una celebración: renovamos nuestras promesas matrimoniales en Caná de Galilea, muy cerca de Natzareth. La celebración fue especial no solo por el lugar sino por la peculiaridad de que éramos muchos matrimonios celebrando lo mismo al mismo tiempo. No importaba el tiempo pasado ni las fechas, todos queríamos renovar nuestra fidelidad y nuestro amor a nuestro esposo o esposa, ante Dios. Fue un acto feliz pues experimentamos nervios, emociones muy diversas, también hubo lágrimas…  teniendo en cuenta que el matrimonio más joven solo había cumplido su 33 aniversario…. Acabada la celebración en la iglesia, erigida en el mismo lugar donde se celebraron las Bodas de Caná, degustamos unos dulces dulcísimos! de aquella región.

El cuarto día nos iba a crecer en emociones pues  se trataba de subir al mismo lugar donde Jesús mostró su divinidad en lo alto del monte Tabor, allí se puede contemplar todo el Valle de Armagedón, el valle que daba paso a todas las caravanas, un valle lleno de riqueza natural, donde se producen tres recolecciones anuales de frutas y hortalizas de todas clases, allí donde antes era un desierto, hoy se ha convertido en un vergel, y donde puedes comprender que Moisés al ver aquel lugar, dijera que aquella tierra era la tierra prometida por Dios a su pueblo. Continuamos hacia el sur, siguiendo el río Jordán, y nos paramos casi en el punto donde sale del Lago, una zona en la que tradicionalmente muchos peregrinos renuevan sus promesas bautismales por inmersión en sus aguas, aunque no se tratase del mismo sitio donde Jesús recibió el bautismo de Juan. A continuación nos dirigimos hasta el desierto de Qumram. Durante muchos kilómetros pudimos ver las miles y miles de palmeras replantadas que producen millones y millones de deliciosos dátiles, que desde tiempo inmemorial alimentaron a Israel, pues se trata de una fruta que tarda un año en descomponerse. El sol de justicia en el desierto era abrasador, a pesar de que estábamos en primavera. Por la tarde, el que quiso experimentó algo nuevo en el Mar Muerto, todo un balneario natural. Estabas en un lugar que no distinguías entender si era un trocito del Ganges, o realmente estabas en medio de un mar de lodo por el que patinabas con el riesgo evidente de caerte y probar sin duda aquellas aguas saturadas de sal. Se dice de ellas, ya desde tiempos muy antiguos, que son muy curativas, en especial de enfermedades de la piel. Después de flotar o hundirse, se trataba de frotarse y embadurnarse con aquel lodo y recuperar la belleza y la salud de años atrás… Luego a la vista de todos y uno de tras de otro íbamos pasando por las duchas al sol  para deshacernos de todo el fango y miserias.

Jerusalem y Betlem

Entrada a Jerusalem

Dejando atrás aquel mar que recibe el  nombre de muerto pues no vive ningún ser vegetal o animal  en él,  íbamos a tener una gran sorpresa: de repente  nuestros ojos contemplaron la entrada a Jerusalem. En un punto estratégico, la visión de la ciudad, que tantas ganas teníamos de pisar, estaba a nuestros pies. Allí brindamos con un poquito de vino israelí y comimos un trocito de pan ácimo. Vimos allí el atardecer del día 20 de mayo. Por sorpresa nos vino a saludar el sacerdote Mn. Santiago Quemada que vive en Jerusalem desde hace bastantes años, y al que le entrevistamos unas semanas antes de ir a aquel país *. Estuvimos todos los peregrinos con él, en animada tertulia después de cenar; nos explicó cómo se desarrolla la labor del Opus Dei en Israel y nos situó en la realidad de las relaciones con el pueblo Palestino.

El quinto día de peregrinación, lo empezamos temprano para alcanzar el Huerto de los Olivos, Getsemaní, el lugar de la Ascensión del Señor, el Dominus Flevit,  la Iglesia del Pater Noster, donde puedes leer en todos los idiomas del mundo la oración que nos enseñó Jesucristo cuando le pidieron sus discípulos “enséñanos a orar”. Todos estos lugares estaban muy concurridos de peregrinos y de turistas y de vendedores ambulantes, especialmente árabes musulmanes, que vendían todo tipo de objetos religiosos  con el método que conocemos del regateo, cosa que fuimos perfeccionando a lo largo de todo el viaje. Llevábamos consigo el pasaporte pues a continuación nos desplazamos a Belén, población que está en la zona Palestina de Israel. En la frontera cambiamos por unas horas de autocar, de chofer y de guía. La Santa Misa la oímos en la gruta, a pocos metros del mismo lugar donde nació Jesús; después allí hicimos más de una hora de cola pero valió la pena tocar y estar tan cerca del primer lugar en el que estuvo Jesús en la tierra; estuvimos también en la iglesia de Santa Catalina y en el Campo de los Pastores. Y de vuelta a Jerusalem pues el domingo 22 de mayo iba a marcar un antes y un después, en nuestra vida cristiana.

En el calvario

Camino del Calvario

Era ya el sexto día, estaba empezando a amanecer. Iniciamos el Via Crucis a les 5.30 h de la mañana, toda la subida al Calvario por aquellas callejuelas nos sobrecogía el corazón, cada peregrino leyó una a una las catorce estaciones del Via Crucis de San Josemaria, todas las tiendas estaban cerradas, apenas pasaba gente, algún vehículo, solo nosotros, nuestra fe, aquella comunidad cristiana iba rezando con devoción. Vimos el color rosado del cielo, cómo despuntaba el alba, en silencio, solo oíamos las voces de los lectores y rezadores, impresionante!. Llegamos al Calvario. El altar donde se celebró la misa también estaba a poquísimos metros del lugar que se venera como el punto donde estuvo clavada la cruz de Nuestro Señor Jesucristo. Los peregrinos nos mantuvimos de pie o de rodillas sobre aquellas alfombras tan pisadas, muy cerca del sacerdote, pues era un lugar de paso y de veneración. No podremos olvidar nunca cómo allí notamos la remisión de nuestros pecados. 

Jornada cultural

Habíamos salido casi en ayunas, de manera que con aquella alegría pascual nos volvimos al hotel a desayunar pues la jornada no había hecho más que empezar. Estábamos en Israel por lo que también íbamos a conocer la cultura y la historia de este pueblo. Visitamos el Museo del Holocausto que el estado de Israel ha dedicado a cada una de las víctimas del holocausto nazi de la Segunda Guerra Mundial, un museo hecho con mucho cariño, respeto, esmero y cuidado que no deja a nadie indiferente. Paseamos por todo el Memorial, fuimos a ver la Maqueta de la Jerusalem Antigua y el Museo del Pergamino. Y después de descansar por la tarde, nos esperaba la salida nocturna. Durante tres horas vimos la Jerusalem de noche, con sus zonas comerciales, terrazas, tiendas, barrios cerrados y oscuros, y con separaciones naturales según la religión que se practique; vimos los museos referidos iluminados y lo más impresionante el Knesset Menorah de bronze (el Candelabro de los Siete Brazos). También bajamos al Muro de las lamentaciones, y rezamos en privado junto a judíos, que todos los días y horas del año, de día y de noche, en todo tiempo van a rezar allí.

El último día

Nos quedaba el último día para conocer más cosas de Jerusalem, y lo aprovechamos aunque sintiéramos cansancio físico o emocional. Quedaba poco y no era cuestión de medrarse. En primer lugar,  paseamos por la explanada del Templo y nos dimos cuenta que realmente era muy grande a la idea que teníamos del Evangelio, fuimos a la Piscina Probática. No podíamos entretenernos, teníamos que llegar a la hora prevista a la Santa Misa en Aïn Karem, donde nació Juan el Bautista. A la hora del almuerzo, la organización de la peregrinación y la agencia de viajes que habíamos contratado, tuvo varios detalles y recuerdos con los peregrinos. Todos estábamos muy felices y contentos. Quedaba despedirnos de la Virgen Santísima, con ella iniciamos la peregrinación y a ella nos íbamos a dirigir, pasamos antes por el entorno del Rey David y el Cenáculo, espacios sin culto pues no están bajo la custodia de los franciscanos. Nos despedimos de Nuestra Señora en la iglesia de la Adormición, allí dejamos todas las flores con las que las señoras habíamos sido obsequiadas en el almuerzo de despedida. Pero la despedida de la peregrinación la hizo el Rector de Montalegre, en el hotel, dando gracias a todos los peregrinos por su colaboración haciendo un pequeño repaso de los lugares y agradeciendo al equipo organizador todo el trabajo dedicado.

Shalom! Paz!

A las pocas horas de descanso, salimos en la madrugada del día 24 de mayo hacia el aeropuerto de Ben Gurión, llevábamos kilos de rosarios y objetos religiosos que bendijo el sacerdote para repartir entre nuestros familiares y amigos, y sobre todo una experiencia inolvidable. Todo ello no hubiera sido posible sin la colaboración de todos los peregrinos que en todo momento hicieron piña y confraternizaron. También aquí no podemos olvidar a nuestro guía Damián que nos obsequió con muchísimas explicaciones de todos los lugares por donde pasamos, tanto históricas como bíblicas, con una paciencia y cariño exquisitos, desde el primer día hasta pasar parte de los controles policiales de regreso a casa. Y al conductor Nuriel que llevó el autocar como una seda incluso en momentos de gran dificultad en el tráfico o por carreteras ciertamente difíciles. Y aunque fue por breve tiempo sin duda no podemos olvidar al guía de Belén, Jordis Y aunque no haya mencionado ni los restaurantes de los almuerzos, cada día en un sitio diferente, ni los dos hoteles, también es necesario decir que estuvimos muy cómodamente atendidos.

Los peregrinos no solo rezamos, no solo nos emocionamos y lloramos con unas lágrimas llenas de gozo y de alegría sana y cristiana, no solo nos sentimos atrapados dentro del Evangelio como un personaje más, sino que nos sentimos como nunca hijos de Dios, redimidos por la sangre de Nuestro Señor Jesucristo, al paso del vía crucis,  al besar el sepulcro, al vivir con intensidad las santas misas, con el rezo del santo rosario en los trayectos o en cualquier lugar… Notamos y palpamos todo el Evangelio, sin lugar a dudas.

*https://www.montalegre.org/es/2011/04/nos-vamos-a-tierra-santa/

Isabel Hernández Esteban

«El continente asiático constituye un gran desafío para la evangelización»

«Aperite plene portas Christo!»
El lema episcopal de Mons. José Luis Mumbiela son las palabras del beato Juan Pablo II que ponían de manifiesto su gran deseo al inicio de su pontificado y que fueron repetidas, y asumidas, por Benedicto XVI al final de su homilía también en el inicio de su servicio en la cátedra de Pedro: «Aperite plene portas Christo!» (iAbrid de par en par las puertas a Cristo!).

                                       Mons. José Luis Mumbiela, nuevo obispo de Almaty, en Kazajistán

 
El pasado 8 de mayo, justo una semana después de la subida a los altares de Juan Pablo II, era consagrado como obispo de Almaty, en Kazajistán, el joven sacerdote de Monzón José Luis Mumbiela, hasta ahora rector del Seminario Interdiocesano de Karaganda. Del nuevo Papa beato ha elegido Mons. Mumbiela su lema episcopal: «iAbrid de par en par las puertas a Cristo!» Éste será su gran desafío como pastor en medio de las estepas kazajas, una tierra a la que llegó hace 13 años y que poco a poco se ha ido convirtiendo en la «niña de sus ojos».
Con sólo 41 años, ¿cómo ha vivido su nombramiento como obispo de Almaty, una de las ciudades más importantes de Kazajistán? ¿Qué se le pasa a uno por la cabeza y por el corazón en esos momentos?
He de reconocer que los rumores que corrían antes del nombramiento no me entusiasmaban lo más mínimo, pero cuando la Iglesia te pide un servicio no se lo puedes negar, aunque al inicio te cueste mucho asimilarlo. Con el tiempo, uno se acostumbra a hacer lo que no le apetece cuando Dios se lo pide; y además, descubres, pasado un tiempo, que Él tenía razón. Curiosamente siempre es así: el camino para tu felicidad pasa por el cumplimiento de su voluntad.
¿Con qué expectativas afronta el desafío pastoral que el Papa ahora le propone?
Con la convicción de que sólo con la ayuda de Dios se podrá sacar adelante la misión encomendada. Junto a eso, da alegría saber que Él suele poner al lado los colaboradores necesarios (sacerdotes, religiosas y laicos) para que la obra sea totalmente de Él y como Él quiere. Lo nuestro es procurar «estorbar» lo menos posible.
¿Qué se siente llamado a aportar como pastor diocesano?
Es difícil adivinarlo al inicio del camino, aunque bien me gustaría resumirlo, como deseo, en las palabras de la famosa oración «haz de mí, Señor, un instrumento de tu paz», poniendo perdón, reconciliación, vida, esperanza, optimismo, fe…, en definitiva «Amor donde no hay amor».
Muchos se preguntarán: ¿qué hace un sacerdote de Monzón en las estepas kazajas? ¿Podría describirnos brevemente su particular «historia de amor» con un pueblo tan distinto al suyo de origen y en el que lleva ya más de 13 años?
Aunque nunca tuve entre mis proyectos y deseos el irme a misiones, sí que tenía claro que el ministerio sacerdotal de un cura diocesano no se agota en los límites geográficos de la propia diócesis, sino que has de tener el corazón y la disponibilidad tan amplios como los horizontes de las necesidades de la Iglesia. Por eso la «historia de amor» arranca de los inicios de mi propia vocación, amándolos antes de conocerlos, deseando servirles antes de saber que un día estaría junto a ellos. Y una vez aquí fue hermoso descubrir las grandes cualidades humanas de estas gentes, su profundo sentido de respeto hacia lo sagrado. No dudo de que el hecho de haber vivido en un seminario internacional durante mi preparación al sacerdocio haya sido un buen «campo de entrenamiento» para estar acostumbrado a convivir con personas muy distintas a mi cultura y lengua. Por otro lado, esta capacidad de convivencia con gente diversa creo que está insertada, o al menos lo debería, en el alma de todo sacerdote, de todo pastor.
¿Qué nos puede decir de la Iglesia y del pueblo que ahora le toca guiar como pastor? ¿Se sienten bien integrados y reconocidos en el contexto de pluralismo religioso que se vive en el país?
Los católicos gozan en la actualidad de una libertad de culto con la que sólo se podía soñar décadas atrás. A nivel oficial la Iglesia católica es considerada una de las religiones «tradicionales» del país, junto con el islam y la iglesia ortodoxa rusa. Este hecho, teniendo en cuenta el pequeño número de creyentes católicos en comparación con el resto, no deja de ser un detalle de gran distinción.
La Iglesia católica afronta en estos tiempos un período de transformación. La imagen (incluso manifestada en las facciones de los rostros según las nacionalidades) de la Iglesia en épocas soviéticas y en los años noventa, está adquiriendo una mayor variedad. La mentalidad de la gente también cambia, así como la situación sociopolítica. Respecto a esto último, de cara al futuro siempre se generan interrogantes, debido a la constante corriente de emigración y a la incógnita acerca de la estabilidad de un sistema que de momento da buenos resultados, pero no sabes cuánto puede durar.
Usted será obispo de Almaty…
La diócesis de Almaty, al sur del país, es la zona donde los kazajos (mayoría de la población) suelen guardar con más afán sus tradiciones, entre ellas la religión islámica. Con todo, se nota la distinta mentalidad de la gente de Almaty (capital económica del país con dos millones de habitantes) del resto de las poblaciones. En Almaty se advierte un carácter más abierto, cosmopolita.
Como pastor de una Iglesia en minoría, ¿cuáles serán sus prioridades al frente de la diócesis de Almaty?
Ante todo, cuidar con más esmero del «pequeño rebaño» a mí encomendado. En primer lugar, del clero y las religiosas. La sal, aunque sea pequeña en comparación con el resto de la comida, ha de tener ese sabor especial que la convierte en imprescindible. La sociedad de Kazajistán necesita que esta pequeña «minoría» dé todo el sabor que es capaz de dar. La belleza de nuestra fe atrae por el testimonio gozoso de quienes la compartimos, y los no católicos están, consciente o inconscientemente, esperando la manifestación de una vida según el mensaje de Jesús de Nazaret, una vida que les haga salir de las cadenas que tan frecuentemente les atan a un callejón sin salida en el egoísmo, la venganza, la corrupción, la desesperanza, etc.
Y, evidentemente, la «niña de mis ojos» será la pastoral vocacional. Después de cinco años trabajando en el único seminario para el Asia Central, uno adquiere con más nitidez si cabe la urgente e imperiosa necesidad de que la Iglesia católica en Kazajistán tenga, como pastores, sacerdotes nacidos en estas mismas estepas. Lo mismo cabría decir respecto a las religiosas y otros modos de entrega a Dios en la vida laical.
La imagen de la estepa kazaja, tan inhóspita como gélida, ¿se corresponde con la realidad eclesial de un país fuertemente marcado por su herencia comunista?
Personalmente, contemplando la inmensidad de la estepa en los múltiples viajes que me toca hacer, lo que me impresiona es la serenidad que aporta al espíritu. Sus amplios horizontes invitan a expandir el alma, y la cercanía de la bóveda celeste, que parece que te envuelve, no deja de ser un recuerdo de lo cerca que el «cielo» está de la tierra. No obstante, el comunismo ha dejado ciertamente un sello profundo en el espíritu de estas gentes. En algunas cosas para bien… y en otras no tanto. De todos modos, la rápida evolución política, social y cultural que está viviendo este país desde la disolución de la Unión Soviética lo lleva a un «no se sabe dónde» por lo impredecible del futuro del país.
¿Cómo se vive la fe en Kazajistán?
La fe en Kazajistán… me imagino que se vive como en otros lugares: entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios. Es una Iglesia en minoría y joven, que tiene que abrirse paso, y crecer, sin esos grandes apoyos «humanos» que son las tradiciones sociales, culturales o incluso familiares en las que la fe cristiana, o más estrictamente católica, se recibe, comparte y transmite de un modo casi connatural. Tal vez por eso Dios nos da una alegría y ayuda especial para disfrutar de nuestra fe; une fe, por otro lado, que, al carecer de esos recursos «sociales», se hace más sencilla, teniendo tal vez la oportunidad de acceder de un modo más directo a lo esencial, al encuentro personal con Él, sin quedarse en lo meramente tradicional, cultural o social, aunque evidentemente estos elementos también constituyen parte importante e irrenunciable de nuestra vivencia de la fe.
¿Cree usted que Asia constituye hoy un continente de gran esperanza para la Iglesia universal?
No sé si sería mejor decir que es precisamente la Iglesia quien se presenta como la garante de la auténtica esperanza para Asia. El continente asiático constituye hasta el momento un gran desafío para la evangelización; una evangelización que comportará, para estos pueblos que están viviendo un período de gran desarrollo (pensemos también en China, la India,…), la oportunidad de encontrarse con unos valores alternativos que les hagan descubrir la riqueza no sólo basada en el petróleo o el comercio, sino en el pleno desarrollo de cada persona humana a la luz del Evangelio. De momento, Asia está necesitada en gran parte por la ayuda de misioneros.
En un contexto como el suyo, con tanta presencia musulmana, así como ortodoxa, ¿cómo se plantean el reto de la evangelización?
Nosotros no jugamos «contra» nadie. Debemos procurar ante todo esforzarnos por adquirir en plenitud el gran tesoro escondido que tenemos en casa, es decir, desarrollar todos los «talentos» de nuestra fe. Lo demás, como dijo Jesús, vendrá por añadidura. La acción evangelizadora ha de ser la consecuencia de una sobreabundancia de esfuerzo personal, con la ayuda de la gracia de Dios, por vivir en plenitud nuestra vocación cristiana. Después, como gustaba repetir Juan Pablo II, la verdad se impone por sí misma.
Marchó en 1998 a Kazajistán por un período inicial de 3 años, pero parece que la cosa se va a alargar bastante más… ¿Qué le ha aportado esta tierra y esta experiencia a su propia vida de fe?
El sentido de mi vida es la vocación sacerdotal a la que Dios me llamó como sacerdote diocesano y en la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz; y el Señor ha querido que el sentido de mi vocación lo encuentre en estas tierras, entre estas gentes. Fácil es comprender, por tanto, que lo que me está aportando el vivir y servir en Kazajistán es precisamente el sentido de mi vida. ¿Verdad que no es poco? ¿Verdad que es para estar agradecido tanto a Dios como a este país?
 
Samuel Gutiérrez – Catalunya Cristiana 15-05-2011

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