Tras sobrellevar las pérdidas familiares, la familia Escrivá enfrentó un nuevo desafío: a finales de 1914, el negocio textil de José Escrivá quebró en medio de una crisis económica que afectaba a Barbastro y su región.
La familia quedó arruinada, pues su padre decidió pagar todas las deudas por principios de conciencia. La ruina económica, impulsó a la familia a mudarse a Logroño en 1915, en busca de un nuevo comienzo. Allí, Josemaría concluyó el bachillerato.
El joven Josemaría soñaba con ser arquitecto, una vocación que combinaba su gusto por las matemáticas, el dibujo y la construcción. Pero los primeros meses de 1917 tuvieron un giro inesperado: vio unas huellas en la nieve de unos carmelitas descalzos y se planteó una entrega total a Dios. Atento al querer de Dios decidió ser sacerdote.
Durante dos años, de 1918 a 1920, Josemaría estudió en el seminario de Logroño. Fue una etapa centrada en la formación espiritual y académica. Se trasladó, a continuación, a Zaragoza donde terminó los estudios eclesiásticos. Fue una etapa llena de dificultades: atravesó una crisis vocacional, tuvo algunas diferencias con sus compañeros de seminario y, en noviembre de 1924, su padre falleció repentinamente.
Esas pruebas dieron hondura a su vida interior: pasaba largas horas ante el Santísimo y acudía a diario a rezar a la Virgen del Pilar. Su oración constante —Domine, ut videam! — expresaba un deseo ardiente de comprender la voluntad de Dios, aceptarla y secundarla.
En este tiempo de cuaresma, procuremos, también nosotros, estar atentos a la escucha de la Palabra de Dios, a las necesidades de los demás y, facilitemos así, nuestra conversión personal.
Mn. Xavier Argelich

