En la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, y en el marco de la 59ª Jornada Mundial de la Paz, el Papa León XIV nos ha dicho: La paz nace de un corazón desarmado que se deja bendecir por Dios… Cada día puede ser, para cada uno de nosotros, el comienzo de una vida nueva, gracias al amor generoso de Dios, a su misericordia y a la respuesta de nuestra libertad.
En Montalegre, en la homilía de la misa solemne hemos escuchado que en esta fiesta de Santa María Madre de Dios finaliza la octava de Navidad, y nos alegramos con Ella. Quizá habremos hecho balance y revisados los propósitos del año anterior 2025, y no siempre suele ser un balance positivo, por ello es mejor ponernos en manos de María, Madre de Jesús, Madre de Dios. Si dirigimos una mirada al belén habremos visto que los pastores se admiran de todo lo que ven, se sorprenden, y dice el evangelio que María lo guardaba todo en su corazón. Por ello pidamos al Señor que nos agrande nuestro corazón. Si Ella es Madre de Cristo, nosotros que formamos parte de la Iglesia también es madre nuestra y sabe lo que es la migración, la espera, la esperanza, el miedo, las dificultades.
Esta paz de corazón no es una paz ingenua, es la paz profunda para ser sembradores de paz y alegría. Dios entra en nuestra vida con ternura y sencillez, esa ha de ser nuestra actitud con agradecimiento a Dios, descubriéndolo en lo pequeño de cada día.
Isabelita

