Al iniciar un nuevo curso, en el marco del año santo que estamos recorriendo, nos puede ayudar recordar el ideal que San Josemaría planteaba a los cristianos al inicio de su ministerio sacerdotal y que quedó recogido en el primer punto de su libro Camino: “Que tu vida no sea una vida estéril. -Sé útil. -Deja poso. -Ilumina, con la luminaria de tu fe y amor”.
Como peregrinos de esperanza, esta consideración espiritual sugerente nos anima a afrontar nuestras vidas con optimismo y llenos de esperanza sobrenatural. Dios cuenta con cada uno de nosotros para llevarlo ahí donde estamos, siendo luz para los demás. Para ello, es preciso que nuestra actitud sea positiva y alegre, con iniciativa y ganas de hacer bien lo que tenemos que hacer, con decisión y valentía, con deseos de ser útil para Dios y los demás. De esta manera iluminaremos con la luminaria de nuestra fe y amor, dejaremos poso ahí donde estemos.
Que importante es, en los momentos actuales, que veamos la realidad con fe y esperanza, con visión sobrenatural, para evitar caer en el derrotismo, la crítica y el desánimo. Todo lo contrario, el cristiano es luz, calor, empuje y pasión, es decir, movimiento. No podemos quedarnos quietos e indiferentes ante los retos que nos presenta el mundo actual.
Emprendamos el nuevo curso con la decisión firme de trabajar mucho y bien por el reino de Dios. Empecemos por cuidar nuestra vida espiritual, familiar y profesional. De esta manera iluminaremos todo con la luz de nuestra fe y “encenderemos todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo que llevamos en el corazón”, tal como continúa animándonos San Josemaría al final del mismo punto de Camino. Con la ayuda de los sacramentos, de la oración y de los demás el Señor, junto a su Madre, la Virgen María, hará que nuestra vida sea útil y santa.
Mn. Xavier Argelich