Las celebraciones del Tridu Pascual en la Iglesia de Santa María de Montalegre han resonado con todo su esplendor y solemnidad, a su vez, con la sobriedad requerida pues la liturgia no precisa espectáculo.
En la fecha de 2 de abril de 2026 se celebró a las 17h la Cena del Señor en el Jueves Santo. Fue presidida por el rector de Montalegre y concelebrada por cuatro sacerdotes más. Igualmente, un sacerdote hizo de maestro de ceremonias y dos más se mantuvieron confesando. Todos ellos de la Prelatura del Opus Dei.
Era la primera celebración del Tridu, fue el memorial de la institución del Orden Sacerdotal, del sacramento de la Eucaristía y del Mandamiento de la Caridad. En los cantos y textos se invocó la Gloria de Cristo que nos dio su vida para la remisión de nuestros pecados implorándole que permaneciese siempre en nuestro corazón.
La lectura del Evangelio y la homilía fue a cargo de Mn. Tusquellas el cual entre otras cosas nos dijo El Señor nos abre el corazón, habiendo amado a los suyos los amó hasta el extremo. Un amor humano y divino por los suyos que somos nosotros, Él nos cuida, nos da alimento que es lo más grande, es divino porque mira a lo eterno y humano porque procede del corazón de Jesús que sabe lo que deseamos y lo que necesitamos porque le importamos mucho. Él se queda en el pan, esto es un milagro pues, como dijo san Josemaría, es fruto de una locura de amor. También nos pidió que rezáramos por los sacerdotes, pues necesitan el apoyo de los fieles con la oración. Nos invitó a seguir el Evangelio pues nos hace ser felices, ya que es un camino hacia el cielo, seremos servidores de Dios y de la humanidad. Este es el mandamiento de la Caridad, amar, sonreír, escuchar, ayudar adelantándonos a los demás en lo que necesiten.
La procesión del Santísimo hasta el Monumento de la Capilla propia se llenó de cantos e incienso con el Pange Lingua. Allí el rector fue el encargado canónicamente de poner la Reserva en su lugar y preservarla con su vida hasta el momento de la Vigilia Pascual.
La soprano Rosa Parellada y el organista Pere Xiberta que nos habían envuelto con su música durante toda la celebración siguieron con un órgano pequeño el canto del Adorote Devote en la Capilla del Santísimo, la cual se cerró a las ocho horas del atardecer hasta la mañana del Viernes Santo en la que a las 12 se rezó el Via Crucis.
Isabel Hernández Esteban
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