¿La pobreza se escoge?

Ana Maria,  una caditana de 59 años es la tercera de 8 hermanos.  Hija de un pescador y una costurera, estudió en un colegio religioso y  antes de  los 18  se puso a trabajar en una fábrica de licores en su ciudad.

 Un verano se fue de vacaciones a Palma de Mallorca a ver su tía y conoce allí a Bartolo (ponemos este nombre porque nos lo ha pedido para proteger su identidad), un Ingeniero Agrónomo de familia muy acomodada de  tierras castellanas, que estaba disfrutando de su viaje de  fin de carrera.  Se conocen en una discoteca y éste  se enamora de ella. Ana  se queda un tiempo más de lo previsto con su tía para poder conocerlo un poco más, pero se tiene que volver a Cádiz y al cabo de 3 meses, él se presenta allí para pedirle la mano. Posteriormente, ella fue a Castilla para conocer a su futura familia y, la que iba a ser su suegra no se lo puso fácil. Se casaron muy enamorados, ella embarazada y con oposición de la madre de él.

 En Madrid iniciaron su nueva vida, apartados de la familia; Ana y Bartolo,  abrieron  dos negocios muy prósperos que les permitían vivir muy holgados: una carnicería y una pescadería. Compraron un piso y se lo decoró  el Corte Inglés, cada uno un coche, vacaciones… tuvieron su primer hijo y todo marchaba bien. Poco después nació el segundo con una lesión de corazón. Esta salud tan débil le puso en jaque al niño entre la vida y la muerte en varias ocasiones.  El marido hasta ese momento estaba muy pendiente de ella y de los hijos. Tenían visitas esporádicas de la madre que resultaban ser muy tensas. Paulatinamente, el marido empezó a beber por la tensión producida; por una parte, no saber afrontar la enfermedad de su hijo y por otra, el comportamiento y la presión de la madre. Posteriormente, Bartolo fue empleando  las vacaciones para  irse solo a visitar a su madre, lo cual hacía que Ana se quedara cada vez más sola en Madrid cargando con los problemas y responsabilizándose de todo; sobre todo con la delicada salud del pequeño. Harta de la situación, un día cogió a los niños y decidió marcharse. Una moneda al aire marcó el destino a Barcelona, dónde tenía a su hermana. A cambio, tuvo que renunciar a todo para poder llevarse a sus hijos. Firmó un Acta notarial en el que dejaba todo sus bienes gananciales a su marido en un divorcio express de mutuo acuerdo, (la casa, los negocios en los que ella había luchado para sacarlos adelante, el coche…), y  cogió el tren con sus dos hijos y dos maletas.

Después de encontrar un sencillo piso en el barrio Chino y se dio cuenta de que había marchado embarazada de su tercer hijo,  aquello le hizo recapacitar y volvió a Madrid; Bartolo la recibió con los brazos abiertos.

Pero aquello no funcionaba; Bartolo no había superado su adicción al alcohol, Ana no se sentía a gusto en su casa, ya nada era suyo y cada día tenía que soportar más las presiones y vejaciones de su suegra que la hacía sentir como una intrusa en su hogar.

Así pues, decidió otra vez poner tierra por medio después de tanta humillación y descorazonada por un nuevo fracaso. Volvió a Barcelona y allí se instaló nuevamente en el Barrio Chino.

Inesperadamente, se dio cuenta que le habían puesto un detective para quitarle la custodia; no sabía bien quien andaba detrás de aquello si su marido ó su suegra. Pero fue inútil porque ella era buena madre y no tuvo que demostrar nada.

Consiguió escolarizar en los Escolapios a sus hijos por recomendaciones de su hermana y cuñado.

Ana era muy trabajadora y nunca le faltó un medio digno y honrado para ganarse la vida. Trabajando como limpiadora en el Vall d´Hebrón, un día yendo muy de madrugada un desaprensivo le atacó por detrás y colocándole  un cuchillo en la garganta la violó. Ella solo pensaba en sus hijos, no sabía si les volvería a ver…

Mas adelante iría a juicio junto con otras mujeres que habían sido víctimas de ese desvergonzado y famoso delincuente: el violador del Vall d´Hebrón.

A pesar del terrible suceso, Ana salió adelante; tenía un apoyo muy importante de su hermana y cuñado que fueron como unos padrinos para sus hijos, también de los profesores de sus hijos, sus jefes, compañeras, asistenta social.

Bartolo la visitaba esporádicamente, pero nunca tuvo el valor de solucionar la dependencia de su madre. El quería y hoy todavía quiere, volver con ella, pero Ana ya perdió la ilusión y esperanza en él.

Su segundo hijo cayó nuevamente enfermo y tuvo que dedicarse en cuerpo y alma a este muchachito de 12 años. Deja sus otros dos hijos a cargo de una asistenta social y con ayuda de una voluntaria que la atendía cada día para ayudarle con cualquier necesidad, salió adelante.

Por fortuna, empezó a trabajar en el domicilio de una buena señora, una condesa de Barcelona. Esta la animó a que dejara aquel barrio y se comprara un pisito nuevo. La condesa le facilitó una buena entrada y el resto lo pagaría en una hipoteca; a cambio trabajaría en su casa por las mañanas. Pero nunca le faltó de nada, ni a ella ni a sus hijos. Para poder pagar el piso Ana trabajaba por las tardes en un hotel y un día un cliente, al que llamaremos Pedro, abogado criminalista, se enamora y quiere compartir su vida con ella. Le liquida la hipoteca del piso y le propone matrimonio. Pedro es muy cariñoso y detallista con los hijos de Ana, el pequeño le llamaba papá, pero los mayores no quieren saber nada de él. Pedro es andaluz; trabaja y vive allí. Le propone  vivir una nueva vida casándose con el y llevarse al pequeño con ellos, dejando a los dos mayores  con 18 y 17 años estudiando en su piso de Barcelona. Ana visita a la familia de Pedro y se siente muy acogida y mimada.

Sus dos hijos mayores no estaban de acuerdo con que Pedro se casara  con su madre y la chantajearon: dos días antes de irse para  Andalucía a casarse le dijeron que abandonarían los estudios si se iba con él. Ana habló con la madre de Pedro y la comprendió y entendió que debía de volverse con sus hijos.

Ana dejó plantado a Pedro con el corazón roto y todo a punto… y embarazada de su cuarto hijo.

A pesar de ser aconsejada para que no trajera una boca más al mundo, su amor maternal era tan grande que no era capaz de deshacerse de la criatura que llevaba.

Ella siempre había luchado para que sus hijos tuvieran la mejor educación posible.

El Mayor de sus hijos es Ingeniero Electrónico y ejerce como profesor (actualmente en paro). El segundo estudió bachillerato y además habla inglés; ha trabajado como recepcionista y otros trabajos (actualmente en una copistería) El tercero es Ingeniero informático y se ha quedado recientemente en paro. El cuarto está estudiando bachillerato y piensa estudiar algo en la Universidad.

Hace cuatro años, mal aconsejada y sin saber las consecuencias dejó de pagar la Comunidad de su finca por desavenencias con otros vecinos que no respetaban las zonas comunes. Al verse deudora en el balance anual de la comunidad, decidió varias veces liquidar la deuda fraccionadamente, pero el Administrador de la finca no le dio facilidades y le exigía un pago único.

Hace 2 semanas le ha llegado un requerimiento judicial en el que le reclaman una deuda impagada de 2.300 euros en un plazo de 20 días y si no irá a juicio, con los consiguientes gastos añadidos.

En ASM nos vemos en la necesidad de ayudar a esta mujer a enfrentar el juicio con la ayuda de los abogados de Cáritas especialistas en desahucios, para que no pierda su casa que es lo único que tiene y tanto le ha costado, para que pueda seguir saliendo adelante. ASM investiga el casó y le dará medios jurídicos y económicos para solventarlo definitivamente.

Ella es consciente de su error y no descansará hasta que no salde la deuda.

 

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